Traviata: fotos, crónica y confesiones de lo sucedido


Serán los astros alineados de la forma adecuada o la voluntad divina o simple efecto mariposa, pero la cuestión es que de vez en cuando las cosas se presentan de manera esférica, perfecta. La felicidad ha sido, como casi siempre, volátil, imperdurable e intensa y yo, una yonqui. La Traviata terminó y con ella una nueva prueba de que esta profesión mía necesita cuatro o cinco marcapasos por cabeza porque el corazón del que la practica queda extasiado de sensaciones, exuberancia, complicidad, sensualidad, rituales, amor y amistad.

Si ves a un/a cómico/a por la calle cámbiate de acera porque no somos gente de fiar. Estamos todos/as mal de la cabeza. Entramos por una puerta siendo quiénes somos y salimos siendo otros seres imposibles, antiguos, lejanos, siempre vivos, siempre libres. Y así te olvidas de los días pendiente del teléfono, de las facturas que no se pagan solas, de los/as enchufados/as y de las subvenciones no concedidas. Te olvidas de todo porque al mirarte al espejo alguien te transformó en una cómica de teatrucho veneciano de mala muerte, donde las putas y las cantantes eran lo mismo, y te das cuenta entonces de que la función perduró durante siglos hasta hacer llegar a tus manos, a tu cuerpo, un legado único que pasó de generación en generación de desgraciadas divillas y ahora es tuyo. Las bambalinas te dan paso a la habitación de tres muros y, de ahí, al cielo.

En fin, qué contaros que nos os haya dicho tantas veces, lo que pasó de especial, en cualquier caso, fue la buena compañía. Desde lo de Mighiss no me divertía tanto ni andaba tan bien acompañada. Desde aquí gracias a todos/as los compañeros/as que habéis hecho de este trabajo una experiencia única. Espero veros muy pronto.

Filosofía urbana

FILÓSOFO URBANO Nº1: El otro día paseaba yo por mi barrio. Detrás de mí caminaba una madre con su hijo (de unos siete años). No pude evitar escuchar la pregunta esencial, importante, básica para poder seguir viviendo: Mamá ¿Qué es el suelo? ¿Cómo lo han hecho? Tampoco pude evitar girar la cabeza para poder ver con mis propios ojos el rostro despierto e interrogante del niño y la carita descompuesta de la madre que me dijo con voz entrecortada: Es que últimamente me lo pregunta todo… La pobre mujer se dedicó a hablarle del cemento y de unos señores que mandaba el ayuntamiento. Improvisó una de esas respuestas salvavidas, que ideamos las madres y los padres, en las que confundimos el qué con el cómo, la esencia con la apariencia. Hacemos lo que podemos.

FILÓSOFO URBANO Nº 2: En el autobús un niño de cuatro años mantiene esta conversación con su madre:
-Ya vamos a llegar a Sevilla, mamá.
– Pero cariño ¿Qué dices? Si ya estamos en Sevilla.
-No, no estamos en Sevilla, estamos en el autobús.
-¿Y dónde está el autobús?
-Mamá, qué cosas tienes, dónde va a estar, pues aquí.

(Señores, señoras, esto es lógica y de la buena).

FILÓSOFAS 3 y 4: Conversación entre dos mujeres de edad avanzada que se lamentaban lánguidamente acerca de su viudez en la puerta de la farmacia:
– Si no fuera por mi nieto no tendría ganas ni de levantarme de la cama.
– Yo estoy muy mal.
– Yo ya estoy mejorcita, lo suyo es tan reciente… pero es que me he quedado tan sola. No me hago a la idea.
– No se puede hacer una a la idea, es algo que no conseguiremos jamás asimilar. Sabes que tiene que ocurrirte, porque le pasa a todo el mundo, uno de los dos se debe ir primero, pero por más que te lo dice tu cabeza, eres incapaz de aceptarlo.

Las voces de las dos señoras sonaban dormilonas y tristes y me hicieron pensar en una vida sin David. La idea me pareció tan lejana como absurda y de pronto me encontré razonando de manera exacta a como la señora había indicado: sí, algún día nos ocurrirá, le pasa a todo el mundo, uno de los dos debe irse antes, pero aún falta tanto.
…un escalofrío me recorrió la espalda.

El armario ese tan oscuro y con tantas polillas

Qué curioso se me hace imaginar la vida de aquellos que no salen del armario, me refiero a esos machotes de pega que dicen en voz alta cosas de esas de me vuelven loco las mujeres y después es todo mentira. O a esas solteras eternas que comparten piso con una amiga. Tendrá en realidad cierto morbo el vivir esa doble vida, yo no digo que no, pero, qué soledad ¿no?.
Hoy veía yo a la novia de un muchacho de esos de sexualidad incómoda. Ella andaba cogidita de su mano, la pobre mía, sin enterarse de nada, y él con su buena posición social, su sueldazo y el secreto en el recuerdo de las caricias que el día anterior brindó, escondido debajo de las sábanas, a quien sólo unos cuantos conocemos. Me imaginaba el abismo de secretos, el campo de juego dividido en dos, la línea del espejo separando la ficción de la realidad, el no saber en qué momento realmente es cuando estás representando… o más bien intentaba imaginármelo porque realmente me cuesta pensar en una vida así. Aunque yo quizás peque de lo contrario, porque al final cuelgo aquí hasta el color de mi ropa interior, y tampoco es plan. A lo mejor la peña hace bien con guardarse ciertas cosas para la intimidad. Pero bueno, entre sufrir mi exhibicionismo emocional y vivir aparentando lo que uno/a no es debe haber un término medio de esos de Aristóteles (que también era gay, por cierto).
Qué planeta extraño éste nuestro, qué reglas más raras nos hemos puesto. Esas corbatas, esos corsés, esos mundos tan correctos, con lo fácil que podría ser todo. No me sale ser adecuada y veo a quien sí y a veces los envidio, otras los compadezco. Ellos dentro, yo fuera, otras al revés, depende de a qué lado del espejo andes visitando. En mi lado andamos peor situados pero nos reímos mucho y nos tocamos más. Pero la cuestión es que toda esa gente adecuada visita el lado del mal, de vez en cuando y, con su medalla de oro de la Virgen del Rocío al cuello, vienen a contarte de eso que ellos/as llaman infidelidades, deslices, cosas que yo no hago normalmente, canillas al aire. Vienen a buscarme como adecuadamente inadecuada y me dicen lo de: tú, por cómo eres, me vas a comprender. Y claro, yo los/as comprendo, pero hasta cierto punto nada más, la verdad.
Y bueno, por seguir con incorrecciones adecuadas: yo ya me voy confeccionando mi vestido para la cabalgata del orgullo gay. David dice que no se va a subir a la carroza, que pa’ cabra loca ya está bien con una en la familia, así que el 27 de junio que nadie se lo pierda que este año pinta mejor todavía que en anterior. La menda se declara heterosexual distraída, para los que gustéis de etiquetas. Ya colgaré fotos.

En la pu(n)ta de la lengua

M es una mujer guapa, aunque eso es casi lo de menos en una ciudad como Sevilla donde el ojo, para descansar, debe cerrarse. Pero es que M además de guapa tiene esa exageración que ocurre a veces por estos lares, ese gustarse que seguirá perenne hasta su lejana vejez, ese mirarse al espejo y ajustarse el abundante pecho en un único gesto habitual, ese escupir fuego por los ojos rasgados y perfilados de negro. La cuestión es que te pueden o no gustar ese tipo de mujer (a mí me vuelven loca), pero al entrar en cualquier lugar M atrae todas, absolutamente todas, las miradas. Esto cabrea, a ellos y a ellas. Quién sabe por qué, no quiero ni pararme a pensar en la razón malvada y retorcida. No lo quiero comprender, me voy a hacer una censura auditiva para no tener que escuchar sobre la envidia, sobre los celos, sobre las inseguridades masculinas y femeninas. Qué gran hombre hace falta ser para tomar la mano de M y darse una vuelta con ella por el Paseo Colón. Para amar a M de verdad hay que amarla con sus tacones altos y sus curvas (y las curvas mentales, que son las que de verdad marean) y eso ya es mucho amar para algunos. Muchas veces en este blog nos hemos parado a pensar qué es el género: he aquí para mí una buena razón para definirse hombre, amar a una mujer como M y disfrutar con ello. Pero por desgracia hay tan pocos hombres verdaderos como mujeres enteras, porque tampoco entre nosotras es fácil encontrar tolerancia y respeto por la que ama ser amada, besada y tocada. El mundo está lleno de austeros/as asexuados/as a los que la exuberancia acompleja, violenta e incomoda y es entonces cuando surge rápida la palabra que vive situada en la pu(n)ta de la lengua del/la buen/a españolito/a de a pie, la palabra de cuatro letras que rima con fruta, bruta y gruta.
Menos mal que a mi M los disgustos le duran poco. Sus lágrimas se las echa ¿Eh? Que no nos vamos a engañar, debajo de tanta femme fatal no hay más que una niña enamorada de la vida, pero se las limpia con el reverso del brazo y sigue adelante con su caminar de leona. Ella es la M y al que no le guste que no mire.

Una casa nueva

De vuelta del teatro, después del ensayo, andaba desorientada y no sabía bien hacia dónde dirigirme, es nuestra primera noche en el apartamento. Después de más de un mes como refugiados en casa de mi padre volvemos, por fin, a tener un hogar propio. Éste es un lugar recién pintado que tiene los mismos muebles y las mismas cortinas que otra casa lejana, una que existió en Marrakech. Aquí están mi escritorio y mi sofá y sin embargo todo me parece diferente.

Dentro de un orden relativo, aún las cajas se apilan en el pasillo y el somier viejo espera paciente, en el salón, a que mi hermana cumpla con su promesa de venirlo a recoger. Es un hogar recién estrenado, podría decirse que aún no ha perdido ni los restos del cordón umbilical. El portero electrónico y el agua caliente de la ducha no funcionan, falta la lámpara del salón, pero igual de a gusto os escribo a oscuras y habiendo tomado una refrescante ducha de agua congelada, quién dijo miedo. Iván ha sacado de una de las cajas las fotos que nos hicimos los tres en aquel fotomatón de Broadway cuando vivíamos en Seattle. Las ha mirado y sonriendo de una manera nueva me ha dicho: mira mami, es papá, Iván y mamá, qué chulo. Este niño es sabio, él siempre está en su hogar.

Moríos de envidia: este mes estoy currando en estupenda compañía, ir al trabajo es como ir a tomar café con los/as amigos/as. En realidad es literalmente así porque en los ensayos de las óperas hay tanta espera que pasamos casi todo el tiempo en el bar del teatro. Teniendo en cuenta que en casa todo es un abrir cajas, limpiar estantes y cuidar de Iván puedo decir sin mentir que en el trabajo me relajo. Lo disfruto como hay que disfrutar las cosas en esta profesión, siendo consciente de que durará poco Mientras tanto descubro a personas nuevas que entran en mi vida de forma arrolladora, nuevos amigos que tienen pinta de tener intenciones de quedarse mucho tiempo.

Así que casa nueva, trabajo nuevo, amigos nuevos y los viejos y mis padres y mi hermana y mi sobrino en camino y una ciudad preciosa, con carril bici, con funciones de teatro a diario, el tráfico ordenado, ascensor en el bloque. Es una nueva vida a mi medida, diseñada para mi felicidad. África está ya lejos, muy lejos, en algún lugar de mi corazón, latiendo cada noche, pequeña, constante, solitaria. No puedo compartirla con casi nadie aquí así que es como si nunca hubiese existido. Echo tanto de menos a mis niños.

La vida después del teatro

Para hablar de lo del título de la entrada, así, justo por dar la tabarra, habrá que empezar por analizar la situación del teatro en España. Hablemos de la muerte para poder hablar de la vida. Esto es como Versalles, solo que aquí no rodarán cabezas porque mi gremio gasta todo su poderío reivindicativo en el escenario. Nunca he asistido a una huelga de cantantes ni de actores/actrices. He intentado organizarlas a veces, cuando los abusos se me han hecho insostenibles, pero nunca tuve apoyo alguno por parte de mis compañeros/as.
Un/a solista de ópera, en los teatros españoles denominados de prestigio, puede ganar unos 4000 € por función. Multipliquemos. No, mejor no hagamos cuentas porque desembocaríamos luego en el salario del director de escena de moda y ya eso cabrea más. Pero lo peor es pensar que estos sueldazos salen de las arcas públicas y van a parar a bolsillos privados porque lo que hace esa persona no es capaz de hacerlo nadie más, me dicen. La cuestión es que mi abuela hacía el gazpacho mucho mejor que Arguiñano pero sólo lo disfrutamos en casa y nunca le pagamos por él. Os aseguro que como mi abuela hacía el gazpacho no lo hacía nadie y en teatro pasa igual.
Las fundaciones en cambio son otro mundo, es ese el universo de las estafas, de los blanqueos de dinero y, sobre todo, del timo del que es víctima el nuevo culto, espécimen político mucho más peligroso que el socialista de los noventa (véase la voz nuevo rico) porque aunque deriva de éste, ha evolucionado en su estupidez decidiendo que la calidad de la política cultural de una ciudad es directamente proporcional al dinero que se le pague a un tío famoso que venga a honrarnos con la fundación de su fundación. Fundación es, pues, ese agujero negro por cuyo cuello desaparecen los euros a la misma velocidad con las que el tío famoso en cuestión va inflando sus cuentas en San Marino o Suiza. Y mientras nosotros, los/as artistas de bicicleta, a soportar la crisis y sus recortes.
No me llaméis envidiosa. Vaya, yo mis frustraciones las arrastro como cualquiera, pero lo que quiero decir es que visto que la cosa está como está, más nos vale vivir. Está el organizar la cena para los amigos, bañar a mi niño, que me cuente como le ha ido el cole, ir al banco, poner la lavadora, pasear por la noche después del ensayo camino de casa, escribir mi blog, comerme una palmera de chocolate, leer, correr, vivir. Yo he decidido frenar esa entrega que se comió mi adolescencia enterita, ya está bien de pasarme el día vocalizando, estudiando y esperando esa llamada de teléfono que te anuncia una producción interesantísima cuya gira dura un año y después otra vez a la calle. Ya no, gracias, ahora ya sé que hay vida después del teatro.

Los cínicos se equivocan

Marrakech se me hace lejana, mi vida ahora es otra, es la vida de antes, quizás la que siempre debió ser y Marrakech parece desde aquí otro mundo, el de una que no soy yo. David tiene miedo de que nos olvidemos definitivamente de todo, miedo al apalanque, lo llama él porque es muy macarra. Yo, a pesar de todo, no creo que podamos olvidar jamás todo lo que vivimos allí.

Hoy he tenido el primer ensayo con José en el antiguo hostal de toreros que ahora es su casa. Guitarra y voz. La mañana era una de esas mañanas suaves y perfectas que tiene nuestro barrio en estas fechas. Joselillo me ponía vídeos de Silvio Rodríguez y música de Jobin para inspirarnos y mientras se hablaba de las cosas que se hablan en esas esféricas mañanas trianeras. Nos reímos como dos tontos, lo que yo me río con mi José… la perfección, trabajar como se debe, y de pronto Silvio desde el Youtube que me empieza a decir que los cínicos no tienen razón y tal. A veces también yo pienso en las cosas esas de la conciencia de las que me hablas, lo paso mal pero afortunadamente se me pasa pronto, me decía en Marrakech hace un mes un músico francés con el que he trabajado mucho este año, y me acordaba yo de él y de esa última conversación que tuvimos el día antes de irme de allí. Hablamos sobre el rey, sobre la situación de los europeos en Marrakech, sobre toda la pasta que se puede llegar a ganar, sobre la mierda de música que nos hacían tocar, sobre los orfanatos, a lo mejor un día yo también me pongo a ayudar en alguna asociación, decía, por ejemplo alguna que haga algo por los animales, los marroquíes tratan tan mal a los perros. Claro que los europeos tratamos como perros a los marroquíes, o sea que pa’l caso. Una habitación en el hotel Naura Barriere (empresa francesa y clientela europea y saudí) cuesta más de 245 € por noche y el sueldo de una limpiadora es de 190 € al mes con una jornada de 10 a 12 h. diarias. Que nadie vaya a ese hotel, por favor, gracias. Silvio me decía que los cínicos no tienen razón, y me puse a llorar como una tonta en medio del ensayo y Josellillo, que de cínico no tiene un pelo y de francés menos, recibía mis lágrimas con la ligereza, la complicidad y la naturalidad con la que un niño observa el llanto de una compañera de escuela que se cae de bruces jugando al balón. Así da gusto, qué maravilla volver a casa.

Recuperando mi silla

No he echado de menos los ojos negros y redondos de mis pequeños/as hasta esta noche. Ponían por la tele un programa en el que salía una chica rubia que trabajaba en Bombay de maestra. Le preguntaron si le gustaba lo que hacía y ella respondió un esplendido ¿Tú qué crees? La chica sonreía mucho, como yo lo hacía a veces al salir de DT. También habló de lo de la bofetada de realidad y de aquello de una mujer sola a las dos de la mañana en esta ciudad y de las miradas penetrantes y de mi madre está deseando que vuelva, no entiende qué hago aquí. Había una chica rubia contando mi vida estos dos últimos años por la tele. Sonreía. No hablaron de lo malo, enseñaron sólo lo bueno. Ella sonreía mucho.
Audiciones, castings, entrevistas de trabajo… no importa cuánto ni cómo haya adornado mi CV en mis doce años de ausencia, en esta profesión se empieza siempre desde cero. Quien fue a Sevilla perdió su silla. Una segunda capa de pintura al salón, plaza en la guardería, burocracia infinita, pon esta cara y ésta también pero no cuentes esto ni esto. Aquí la gente lleva careta y yo soy gente. Llevo careta, por cierto y hablando de roles, soy La Arlequina en Traviata, dirige Zefirelli, lo que quiere decir que manda a su asistente y cobra un dineral por aparecer el último día para pillarse los aplausos y el cheque. En cambio el panorama teatral a menor escala monetaria está verdaderamente impresionante. Llevo tres obras vistas desde que he llegado y las tres estupendas. Sevilla se ha convertido en una inspiración en ese sentido. Lo que ocurre es que no hay un duro (todo se lo llevan los zefirellis, los baremboins y demás fauna artística distinguida…) de manera que los mortales agudizan el ingenio, por fin. La Junta dice que para el año que viene en lugar de subvenciones para las compañías de teatro va a dar préstamos. No, no, que no es un chiste, que es verídico. A mí la verdad es que me da un poco igual, total no me han dado nunca un duro, así me ahorro el papeleo y el disgusto.
Me notaréis quizás una energía pelín chunga, estoy muy contenta de estar aquí, no me malinterpretéis, y os doy las gracias por todos los mensajes de apoyo y bienvenida. Lo que pasa es que no paro, briego más que el cirujano plástico de Sara Montiel, estoy muerta de cansancio. A los que me preguntabais que por qué no escribía os diré que ando sin internet en casa, es más, ando sin casa. Espero mudarme ya dentro de una semanita y tener algo de tranquilidad para escribir. Mientras tanto las entregas por aquí serán menos numerosas que de costumbre. Os echo de menos, echo de menos vuestras visitas anónimas, vuestros mensajes en Facebook, las opiniones… y hasta las polémicas. Echo de menos el blog. Ya vuelvo, dadme un poco de tiempo para reorganizarme, tengo que buscarme un hueco en mi ciudad.

Ya estoy en Sevilla

Ay, mi blog… ay… conexión a Internet, una silla cómoda delante de la pantalla del ordenador, con mi té humeante cerquita, mis zapatillas de estar por casa, intimidad, sabiendo que las cosas están en los cajones, con acceso a mis libros, a mis apuntes, a mi discos… en fin… ay… un hogar.

Toda mi vida está empaquetada en cajas de cartón y mañana o pasado emprenderán un viaje sin mí, dejando atrás Daoudiate, camino de Triana.

Sevilla me ha dado la bienvenida con los brazos abiertos, la ciudad está radiante: bonita, cuidada, moderna, cómoda… nunca me habría imaginado la versión europea de este lugar ¡Si hasta han prohibido fumar en algunas casetas de la feria! Y han puesto metro…¡Y funciona! Y tengo ascensor en el edificio donde vivo y luz eléctrica en la escalera. Yo sé que he bajado el baremo de la comodidad, Marruecos pesa, pero es que además la ciudad ha evolucionado tanto que tengo la sensación de que la vida es simplemente cómoda, es como si ni si quiera me costase trabajo andar, pasear por Sevilla es como levitar.

Tengo mil cafés pendientes, ya voy llamando. Ya estoy en casa, las relaciones humanas vuelven a ser expontáneas.