La vida después del teatro

Para hablar de lo del título de la entrada, así, justo por dar la tabarra, habrá que empezar por analizar la situación del teatro en España. Hablemos de la muerte para poder hablar de la vida. Esto es como Versalles, solo que aquí no rodarán cabezas porque mi gremio gasta todo su poderío reivindicativo en el escenario. Nunca he asistido a una huelga de cantantes ni de actores/actrices. He intentado organizarlas a veces, cuando los abusos se me han hecho insostenibles, pero nunca tuve apoyo alguno por parte de mis compañeros/as.
Un/a solista de ópera, en los teatros españoles denominados de prestigio, puede ganar unos 4000 € por función. Multipliquemos. No, mejor no hagamos cuentas porque desembocaríamos luego en el salario del director de escena de moda y ya eso cabrea más. Pero lo peor es pensar que estos sueldazos salen de las arcas públicas y van a parar a bolsillos privados porque lo que hace esa persona no es capaz de hacerlo nadie más, me dicen. La cuestión es que mi abuela hacía el gazpacho mucho mejor que Arguiñano pero sólo lo disfrutamos en casa y nunca le pagamos por él. Os aseguro que como mi abuela hacía el gazpacho no lo hacía nadie y en teatro pasa igual.
Las fundaciones en cambio son otro mundo, es ese el universo de las estafas, de los blanqueos de dinero y, sobre todo, del timo del que es víctima el nuevo culto, espécimen político mucho más peligroso que el socialista de los noventa (véase la voz nuevo rico) porque aunque deriva de éste, ha evolucionado en su estupidez decidiendo que la calidad de la política cultural de una ciudad es directamente proporcional al dinero que se le pague a un tío famoso que venga a honrarnos con la fundación de su fundación. Fundación es, pues, ese agujero negro por cuyo cuello desaparecen los euros a la misma velocidad con las que el tío famoso en cuestión va inflando sus cuentas en San Marino o Suiza. Y mientras nosotros, los/as artistas de bicicleta, a soportar la crisis y sus recortes.
No me llaméis envidiosa. Vaya, yo mis frustraciones las arrastro como cualquiera, pero lo que quiero decir es que visto que la cosa está como está, más nos vale vivir. Está el organizar la cena para los amigos, bañar a mi niño, que me cuente como le ha ido el cole, ir al banco, poner la lavadora, pasear por la noche después del ensayo camino de casa, escribir mi blog, comerme una palmera de chocolate, leer, correr, vivir. Yo he decidido frenar esa entrega que se comió mi adolescencia enterita, ya está bien de pasarme el día vocalizando, estudiando y esperando esa llamada de teléfono que te anuncia una producción interesantísima cuya gira dura un año y después otra vez a la calle. Ya no, gracias, ahora ya sé que hay vida después del teatro.
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5 thoughts on “La vida después del teatro

  1. Se que no es consuelo, pero aquí es mucho peor. Se trabaja más por vocación que otra cosa y en el off hay que pagar desde parte de la escenografía hasta el detalle mas ínfimo. Pero todos contentos! Lo que es la vocación!!!!

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