Autor: aliciamurilloruiz
El cuerpo de la mujer, otro espacio masculino
De buenas tardes y buenos días, de sonrisa cordial y cotilleo a tiempo, de furia doméstica, hipócrita, embustero, chaquetero y prototipo de vecino común. En el ascensor me asfixia su colonia, en el portal me revientan sus sonrisas y a cualquier hora no me bastan los algodones en los oídos para dejar de escuchar sus amenazas a través de las paredes, claras, rotundas, sin rodeos ni posibles interpretaciones: un día te voy a matar. Yo tengo muchas ganas de enfrentarme con uno de esos en algún sitio que no sean las escaleras de mi casa o la puerta del supermercado, para poder estar en posición de igualdad. Ayer mismo me encontré cubriéndome el escote porque un birria de esos se empeñaba en saludarme sin mirarme a los ojos (qué tal la familia, bla, bla, bla…). Y yo ahí, dale que te pego, más pesada que él: cabrón, si me quieres mirar las tetas lo vas a tener que hacer con descaro porque valentía ya sé que no tienes. Y de pronto, mi cuerpo, el mismo que he enseñado por exigencias del guión sin que me supusiese ningún drama, el mismo al que doy baños de sol en la playa sin ridículos triángulos que me molesten al nadar, ese mismo, de pronto, deja de ser mío y me obligan a compartirlo. Que yo lo conozco, y ese, como la mayoría de los maltratadores y acosadores, más que salido es cotilla. He ahí el complejo, la falta de verdadera hombría. Las mujeres, señores, nos lo contamos todo, y de ese que me miraba de arriba abajo sé yo que toma Viagra y ni con esas, por eso insulta y amenaza, dame la pistola que la voy a limpiar, y la otra tonta acojonada ¿La pistola? ¿A mí me vas a venir con esas y ni si quiera eres capaz de mirar a una mujer de frente? Conmigo podías dar…Sólo nosotras podremos acabar con esta situación, no sirve de nada el sentimiento paternalista que ve a la mujer como un ser indefenso que necesita ayuda y protección. Por cada maltratador hay una mujer que se deja maltratar, una señora que esconde los moretones, que sonríe en el ascensor, que oculta, que hace recaer en los hijos toda la mierda que no se atreve a combatir.
Torrot, torrot
Cada mañana está hecha de cosas difíciles. A veces pienso que no voy a ser capaz de realizar ninguna. Esas mañanas tengo miedo de la lista de cosas y de las ventanas. Esos son los días en los que me da miedo dejar de dar vueltas en mi Torrot. Porque una bicicleta tiene sólo dos ruedas. No siempre fue así, antes había cuatro, pero un día mi padre me dijo Alicia, le vamos a quitar las ruedas pequeñitas, no te preocupes que yo te agarro, y así aprendí a ir sola sobre dos ruedas que dejaban de moverse cuando yo dejaba de pedalear y de pensar torrot-torrot. Cuando me paraba se caía, a derecha o a izquierda, torrot-torrot. Ahora es igual por las mañanas, la lista de cosas se cae hacia los lados, pierde el equilibrio con gran facilidad y sólo la acción la mantiene en pie. Antes, cuando pensaba que la lista de cosas era demasiado difícil para mis piernas, cerraba los ojos, respiraba hondo y hacía una cosa fácil, como cambiarme de país o casarme con alguien que no conocía. Así la lista de cosas difíciles no tenía más remedio que esperar, creo que lo que yo quería era que desapareciera, pero nunca se dio el caso, jamás se cansaba de esperarme y al final siempre había un día en el que me levantaba con miedo a ir a la tienda de la esquina a hacer una fotocopia y cosas así, de esas difíciles, ya sabéis a cuales me refiero.
Las mañanas están hechas de una lista de cosas difíciles y de hacerlas.
¿Nos alteramos que ya va tocando?
El deporte, otro espacio masculino
Que la posición de las mujeres en el deporte es siempre la posición de la segundona no es nuevo. Tradicionalmente, en la mayoría de los países (a excepción de los de la Unión Soviética, en una era hoy lejana), el presupuesto empleado tanto por instituciones públicas como privadas para el fomento del deporte masculino es infinitamente superior al dedicado al femenino. En cualquier caso la discriminación no es sólo monetaria. La sociedad celebra, vitorea y aclama a los deportistas masculinos de una manera continua, cotidiana, exasperada (e incluso a veces histérica) mientras que las deportistas, con sus medallas y sus records, quedan siempre olvidadas en la oscura caverna del anonimato. Sigamos penetrando en la cuestión. No se trata tampoco sólo de reconocimiento a la ganadora, sino que además existe una discriminación al deporte femenino en general, es decir, a aquellos en los que las mujeres destacamos por nuestras características físicas con respecto a los hombres, los deportes en los que elasticidad es la palabra clave. Estas disciplinas no suelen ser televisadas salvo en periodo olímpico, y las deportistas, aun habiendo realizado carreras brillantes, sufren importantes problemas económicos en su etapa post profesional, ya que no existen primas millonarias como las del fútbol o el baloncesto y a veces ni si quiera sueldos decentes.
Cuestión de pelotas
Hemos ganado el campeonato mundial del que probablemente sea el deporte más machista del mundo. He aquí un enlace a la triste y olvidada selección española femenina de fútbol. Os dejo también un vídeo, así, por reflexionar sobre lo que sería el deporte femenino con las mismas inversiones que el masculino. Vamos a pensar en ello aunque sólo sea un poquito, pero sin pasarnos que esta noche es para salir con la cara pintada, cual indio siux, a dar saltos a la plaza del ayuntamiento.
Y qué tristeza me entra a mí con estas cosas. Qué poco me gusta este mundo tal y como es. Y qué miedo me da a veces decir lo que siento pero, de verdad ¿Dónde van a parar las primas de los señores estos de pantalón corto? ¿A los fondos de las tambaleantes pensiones de los/as españolitos/as de a pie? ¿Por eso están todos/as tan contentos/as y tiran tantos cohetes? ¿Por qué nadie sale a protestar por los atracos a mano armada del gobierno y se movilizan de forma tan espontánea, rápida y natural por el deporte?
Por otro lado, perdonad que sea tan monotemática, no quiero insistir, pero es que en África hay tela, pero tela de hambre.
Ser o no ser, o serlo poco o serlo mucho
avid. Sí, sí, caballero, respondió la señora de la administración del centro de salud, no se preocupe porque en este país los extranjeros tienen incluso más derechos que los propios españoles. Y su tono no era el de una humanista que respira aliviada al ver que cualquier menor del mundo puede venir a España a curarse de lo que sea, su tono era el de harta estoy de esta gentuza que viene de fuera a colapsar las urgencias.Después de doce años de emigrante, después de tres continentes, después de los paseos por el Downtown de Seattle y de sus mendigos muriéndose de neumonía porque no tienen para pagar unos simples antibióticos, después de Marrakech y los niños con la polio acuestas de por vida, después de los médicos italianos y sus yates y sus mafias, después de las alegrías y las penas de este viaje de más de una década que acabó con mi inocencia, creo poder afirmar, sin que nadie me pueda contradecir, la siguiente máxima: la estupidez humana no tiene límites y el miedo es su mejor aliado.
Ya siempre seré extranjera, vaya donde vaya, y me alegro tanto, pero tanto, tanto de serlo… y me pintaría la cara de verde y me forraría de azul el pasaporte si eso me hiciera diferente de gente como la administrativa de urgencias o la señora que hoy me escribe este e-mail (copio y pego evitando nombres): “Gracias Alicia, (…) De momento, los cursos los imparten maestros internacionales (…). No obstante, nos quedamos con tu información (bla, bla, bla…)”.
-David: Yo creo (se cabrea mucho)… deberías hacerles… deberías decirles… no, espera, mejor llamo yo…
Ute Lemper y la papiroflexia vital
Hace cosa así de doce años (…y cómo el tiempo nos planta cara, descarado y cabrón), cuando yo aún estudiaba canto en Italia, el amigo de un más que amigo me hizo llegar un CD con la contraseña creo que te va a gustar.
La vida debe ser algo así como una hoja de papel que vamos doblando. A cada amigo un pliegue, a cada amor otro, a cada muerte, a cada nacimiento, a cada música doblamos una vez más la hoja que, con el paso del tiempo, cada vez está más prieta, más pequeña y más intensa. Si alguna vez desplegamos esa hoja, en el intento de volver a ser lo que fuimos – jóvenes inmortales sin miedos y sin pasado – nos daremos cuenta de que está atravesada por las señales de los pliegues que dejaron sus huellas en nosotros como si de las líneas de las manos se tratase. A cada canción un pliegue, a cada voz, a cada caricia, a cada mentira, a cada decepción, a cada reconstrucción. Y cuántas veces me reconstruí en el pasado, me pregunté anoche al escuchar a Ute que surgía como una aparición ante mis ojos, después de doce años de huirme sin saberlo por los teatros del mundo. Desde aquella tarde en el salón de mi apartamento frente al Adriático, escuchando atónita el CD que alguien creyó que me iba a gustar, hasta la noche de anoche, abrazada a David, contemplando a la dueña de la voz que más ha influido en mí. Y tenía rostro y pies y cara y no eran los de las portadas de los discos. Eran unos pies reales. Me recordé escuchándola pero hoy ya no me reconocía.
Después de aquella tarde en la que descubrí a Ute y en la que mi vida profesional dio un giro de 180º no hice más que copiarla, copiarla y copiarla y que por favor nadie lo llame inspiración que me da mucho coraje. Sólo copiando se aprende, la inspiración nada tiene que ver con esta historia. El caso es que yo la copiaba y la perseguía pero si yo llegaba a Seattle en septiembre, ella había cantado en agosto, si venía a visitar a mis padres en Navidad, ella cantaba en Sevilla en primavera, si yo estaba de gira por Holanda, ella también pero justo en las ciudades que yo no visitaba… y así durante 12 años de desencuentros que terminaron ayer.
Hay varios pliegues musicales en la hoja de mi vida pero sin duda el más intenso se realizó una tarde de invierno en un apartamento de estudiantes de Pesaro, ante un estéreo barato. Ayer volví a doblar mi hoja, extasiada, dolorosa e intensamente.
Desfile del orgullo gay, Sevilla 2010
P.D.: ¡Hoy es mi cumpleaños!
















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