La prisionera

-Qué mal huele.
-Sí, es que F acaba de vomitar.
-F ¿Estás enferma? Vete a casa, no deberías trabajar si estas enferma.
-No puedo ir a casa, no me deja la mujer del patrón.
– ¿Qué quieres decir?

F es la limpiadora de los camerinos de la sala de fiestas donde trabajo. No tendrá más de 16 años y es analfabeta. Mi árabe es tan penoso como su francés así que un compañero me traduce y me explica que F lleva durmiendo en los sillones del restaurante más de dos meses. La razón: el chofer encargado del transporte de los empleados no la quiere llevar a su casa porque su barrio está ligeramente apartado del centro. Los patrones están al corriente. Ella no se queja. La posibilidad de coger un taxi desde la última parada que hace el transporte hasta su casa a esa hora no se le pasa por la cabeza, hay cosas que una mujer está incapacitada para realizar y una de ellas es tomar un taxi a las 2 de la mañana. El resultado: vive desde hace meses en el restaurante y cuando digo vive quiero decir que vive recluida porque el local está muy apartado de la ciudad y sólo se puede acceder a él en coche. Unos maleantes han sabido que pasa allí los días sola y han intentado atacarla de manera que ahora teme salir a la puerta si quiera a tomar algo de sol. Además no le dejan la calefacción encendida durante la noche así que se ha puesto enferma, por eso vomitaba. Por eso y porque se alimenta de los bocadillos que el chofer le trae de la gasolinera más cercana. Vive prisionera en la sala de fiestas.

Se necesita sustituta

Debido a una baja por estrés y cansancio agudo necesito una sustituta para que me reemplace, en general en mi vida, durante un par de semanas.

Las candidatas deberán saber hablar francés correctamente, fabricar marionetas, recitar, cantar y bailar. Además deberán tener experiencia en las artes de cambiar pañales, cocinar, limpiar y pasar la aspiradora. Imprescindible gran habilidad de distribución salarial sobre todo en las últimas semanas del mes.

La sustitución se llevará a cabo de manera total, se trata de una full inmertion, así que será imprescindible además saber convivir con un marido filósofo (filósofo de profesión, se entiende… DE PROFESIÓN, no estamos hablando por hablar, la cosa es seria). No se tendrán en cuenta, por tanto, las candidaturas de señoras con poca paciencia o violentas.

Téngase en cuenta que se trabajará sin contrato ni seguro médico, que la jornada laboral será de más de 12 horas y que se deberá reservar fuerzas para que al final del día aún haya en el ambiente la suficiente sensualidad como para que la llama conyugal no se hunda en el abismo de la monotonía. Abstenerse sado-dominadoras.

No es necesario hacer malabares pero será valorado.

Market Value

Market Value – Buenas noches (ahí selá ya de día), quelía pedil disculpas pol todos los spams que he mandado a los blogs de sus amigos y al suyo plopio para hacel publicidad de mis asquerosas emplesas de constlucción.

Atravésdelespejodealicia– No pasa nada, Market, tío, para eso estamos. Además, con esa cara que tienes tú puedes escribir en mi blog cada vez que quieras.

MV– No, no, no me gustalía abusal. Ya me aplovecho bastante de mis tlabajadoles allí en Indonesia. Con podel mandal de vez en cuando algún mensajillo puñetelo me doy por satisfecho.

A– Como quieras chaval, pero ya sabes que tienes aquí tu casa.

MV– Glacias, glacias… pero dime ¿No quelías comprar uno de mis ploductos?

A– No, que me tangas seguro, se te ve venir Market.

MV– Bueno, como quielas pela hippie comunista, ya te conseguilé vender algo sin que te des cuenta.

A– Seguramente, pero mientras tanto en este blog nos vamos a cachondeallll de ti un ratito.

MV– Zola.

A– Empresario.

MV-Vale, muy intelesante su punto de vista. Que este día sea muy feliz y sonriente. Para Market Value.

Marfil

Me cuesta trabajo contártelo sin caer en contradicciones: en la guerra nos invadía a todos una excitación única, es algo que no se parece a ninguna otra sensación. Las salas de fiesta estaban siempre llenas y los rubios (franceses y americanos sobre todo) hacían buenos negocios. Yo cantaba entonces para los soldados. Al principio no me enteré muy bien de cómo estaban las cosas porque en la capital estábamos mejor protegidos pero cuando el conflicto civil terminó y la gente decidió echar a los franceses del país todo cambió. En mi casa llegamos a dormir más de 20 personas, eran parientes que venían a refugiarse de los ataques, los saqueos y las violaciones. Reinaba el caos… sí, sí, por supuesto, los soldados rubios también violaban a las mujeres, era un todos contra todos.


Ella es Marfil porque nació en la Costa de. Y cuando en el escenario nuestras manos se unen para cantar la misma coplilla, siento su piel suave, amiga y negra.

El capataz

Es como aquel empollón de nuestra infancia, ese que escribía en la pizarra el nombre de los que se portaban mal. No, peor. Es como el cobarde que para salvar el culo le echaba la culpa al hermano pequeño. No, peor aún, es como el que robaba del monedero de la abuela aprovechando la demencia… porque debajo de todo está el dinero.

Para que nos entendamos, primero está el patrón del que os hable ayer y después está éste.

El patrón

Trabajo para un completo ignorante que el único contacto que mantiene con la música es a través de las bandas sonoras que escucha desde su despacho mientras sus hijas ven películas de Disney en el salón. Alicia ¿Por qué no preparas para la semana que viene la canción del Rey León? ¿Y por qué no te metes en tu jakuzzi mientras sujetas un tostador de pan enchufado? El mundo sería más bello. La única diferencia que consigue notar este tío entre un karaoke y una banda en directo es que la banda le sale más cara. Ni si quiera tiene la capacidad, que desde un cierto punto de vista es admirable, de hacer dinero. No sabe montar negocios rentables, sólo monta negocios donde le sea fácil robar. Vive en una especie de palacete a las afueras de Marrakech, en medio un parque natural que está siendo destruido por los especuladores inmobiliarios que hacen casas y restaurantes de lujo para el buen desarrollo del país.
En Marruecos las cosas están cambiando. En Marruecos hay esperanza. Marruecos no es Argelia, aquí hay móviles y coches y a cambio la gente se está volviendo loca y trabaja sin que se le respeten los derechos más básicos y nadie se queja porque el pueblo marroquí es el más estoico que yo haya conocido.

Tierra trágame y déjame salir por Australia

Vale, yo lo cuento y os echáis unas risas a mi costa pero luego vosotros me tenéis que contar algo que os haya pasado en ese plan, una de esas situaciones en las que mejor que se lo/a trague a uno/a la tierra.

Pues resulta que llamo a mi jefe para saber si tengo que ir a trabajar esa noche. Me dice que no. Mira tú que bien. Le escribo un sms a mi marío anunciándole que estoy libre y diciéndole más cosas que no os voy a escribir aquí por más que me roguéis, que bastante vergüenza ya pasé como para que encima vosotros os ensañéis. Para que los lectores se hagan una idea, el contenido era una cariñosa invitación con alusiones a nuestra vida íntima. Una vez escrito el dichoso mensajito le doy a enviar y se ve que el móvil estaba en modo graciosillo porque en lugar de mandárselo a mi consorte se lo mandó a mi jefe. Debo añadir que, por si ya la situación fuera poco digerible, encima mis relaciones laborales tumultuosas con dicho jefe han hecho que llevemos más de dos meses sin dirigirnos la palabra más que para lo justamente profesional. Para colmo habla perfectamente español así que no tuvo ni que recurrir al diccionario para enterarse de cuales eran mis propósitos para esa noche en la que no tenía que cantar.

El orfanato de Issil

Una chica me dio las gracias por los pañales mientras otra me preguntaba sonriendo amablemente si me apetecía ver a los pequeños. Me encontré entonces en una de esas situaciones en las que me desdoblo. Una parte de mí, mecánica, enérgica, rápida y completamente irresponsable, se adueña de mis actos y obro entonces como una de mis marionetas. Ya no mando yo, manda esa otra Alicia que camina hacia delante y gracias a la cual me he pegado ya varias hostias. En cuestión de décimas de segundo dentro de mí las ganas se adueñaron de mi lengua: Oui… si je peut… tartamudeé en lo peor de mi francés. Ya no me acordaba de que antes de entrar había decidido dejar el paquete y largarme porque tenía miedo de tomarle cariño a los niños y que eso me hiciese sufrir. Lo demás es lo de siempre, ochenta niños abandonados son sólo pañales, yogures, mocos y papillas. La mierda en zapatillas de estar por casa no asusta tanto como en la TV. Cuando quise darme cuenta me encontraba con un bebé de un mes en un brazo y un biberón en la otra. Además, los niños no saben de lo superfluo, para ellos existe sólo un habitación llena de cunas y unas señoras con batas blancas que les cambian los pañales y les dan muchos besos. Y eso es lo que nos queda a los adultos, porque ellos mandan.

Sin darme cuenta en los últimos meses he estado caminando hacia algo que una vez, a los 17, me atreví a soñar: trabajar como voluntaria en África. No podría explicaros lo que esos niños me hacen sentir. Desde que decidí venir a Marruecos me perdí en cosas como buscar trabajo, casa, visados… estaba tan ocupada en el cómo que se me olvidó el por qué y, de pronto, cuando me encuentro de cara con la recompensa a tantos esfuerzos me acuerdo de la razón primera por la que vinimos y me hago consciente, una vez más en mi vida (como aquella función en Teatro Lope de Vega o aquella noche de amor en Edimburgo) de que un sueño más se me ha cumplido.