-Sí, es que F acaba de vomitar.
-F ¿Estás enferma? Vete a casa, no deberías trabajar si estas enferma.
-No puedo ir a casa, no me deja la mujer del patrón.
– ¿Qué quieres decir?
Las candidatas deberán saber hablar francés correctamente, fabricar marionetas, recitar, cantar y bailar. Además deberán tener experiencia en las artes de cambiar pañales, cocinar, limpiar y pasar la aspiradora. Imprescindible gran habilidad de distribución salarial sobre todo en las últimas semanas del mes.
La sustitución se llevará a cabo de manera total, se trata de una full inmertion, así que será imprescindible además saber convivir con un marido filósofo (filósofo de profesión, se entiende… DE PROFESIÓN, no estamos hablando por hablar, la cosa es seria). No se tendrán en cuenta, por tanto, las candidaturas de señoras con poca paciencia o violentas.
Téngase en cuenta que se trabajará sin contrato ni seguro médico, que la jornada laboral será de más de 12 horas y que se deberá reservar fuerzas para que al final del día aún haya en el ambiente la suficiente sensualidad como para que la llama conyugal no se hunda en el abismo de la monotonía. Abstenerse sado-dominadoras.
Atravésdelespejodealicia– No pasa nada, Market, tío, para eso estamos. Además, con esa cara que tienes tú puedes escribir en mi blog cada vez que quieras.
MV– No, no, no me gustalía abusal. Ya me aplovecho bastante de mis tlabajadoles allí en Indonesia. Con podel mandal de vez en cuando algún mensajillo puñetelo me doy por satisfecho.
A– Como quieras chaval, pero ya sabes que tienes aquí tu casa.
MV– Glacias, glacias… pero dime ¿No quelías comprar uno de mis ploductos?
A– No, que me tangas seguro, se te ve venir Market.
MV– Bueno, como quielas pela hippie comunista, ya te conseguilé vender algo sin que te des cuenta.
A– Seguramente, pero mientras tanto en este blog nos vamos a cachondeallll de ti un ratito.
MV– Zola.
A– Empresario.
MV-Vale, muy intelesante su punto de vista. Que este día sea muy feliz y sonriente. Para Market Value.
Es como aquel empollón de nuestra infancia, ese que escribía en la pizarra el nombre de los que se portaban mal. No, peor. Es como el cobarde que para salvar el culo le echaba la culpa al hermano pequeño. No, peor aún, es como el que robaba del monedero de la abuela aprovechando la demencia… porque debajo de todo está el dinero.
Para que nos entendamos, primero está el patrón del que os hable ayer y después está éste.
Acabo de descubrir la Ópera china, estoy fascinada.
Pues resulta que llamo a mi jefe para saber si tengo que ir a trabajar esa noche. Me dice que no. Mira tú que bien. Le escribo un sms a mi marío anunciándole que estoy libre y diciéndole más cosas que no os voy a escribir aquí por más que me roguéis, que bastante vergüenza ya pasé como para que encima vosotros os ensañéis. Para que los lectores se hagan una idea, el contenido era una cariñosa invitación con alusiones a nuestra vida íntima. Una vez escrito el dichoso mensajito le doy a enviar y se ve que el móvil estaba en modo graciosillo porque en lugar de mandárselo a mi consorte se lo mandó a mi jefe. Debo añadir que, por si ya la situación fuera poco digerible, encima mis relaciones laborales tumultuosas con dicho jefe han hecho que llevemos más de dos meses sin dirigirnos la palabra más que para lo justamente profesional. Para colmo habla perfectamente español así que no tuvo ni que recurrir al diccionario para enterarse de cuales eran mis propósitos para esa noche en la que no tenía que cantar.
Sin darme cuenta en los últimos meses he estado caminando hacia algo que una vez, a los 17, me atreví a soñar: trabajar como voluntaria en África. No podría explicaros lo que esos niños me hacen sentir. Desde que decidí venir a Marruecos me perdí en cosas como buscar trabajo, casa, visados… estaba tan ocupada en el cómo que se me olvidó el por qué y, de pronto, cuando me encuentro de cara con la recompensa a tantos esfuerzos me acuerdo de la razón primera por la que vinimos y me hago consciente, una vez más en mi vida (como aquella función en Teatro Lope de Vega o aquella noche de amor en Edimburgo) de que un sueño más se me ha cumplido.
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