La Caja de Música (videoclip)

Mi hija Marena Moon, compositora y pianista de tan sólo 9 años, presenta hoy en redes sociales su primer videoclip.

No dormía el fascismo sino las personas blancas

Fuente https://yoatomo.wordpress.com/

¿Sabéis lo que nos pasa a todas las personas blancas que nos estamos llevando las manos a la cabeza por el “renacer” del fascismo? Que están empezando a hostiarnos a nosotrxs también. Hasta hace unas semanas la represión racista y nazi la sufrían sólo las personas racializadas por eso no nos parecía tan grave. Ahora decís: “Malditos catalanes, han despertado a los fascistas”. En realidad el fascismo no dormía, estaba bien despierto al lado de tu casa, en el aula de tu hija, en el despacho de enfrente, en la Moncloa, en el Parlamento…

Estaban bien despiertos negando asilos a refugiados, asesinando a seres humanos en el Mediterraneo, insultando a niñxs gitanxs en los patios de las escuelas, desconfiando de las familias multirraciales…

Sí, ahora los fascistas van además a manifestaciones y han pegado a unas decenas de personas blancas. Por miles en cambio se cuentan las racializadas perjudicadas por el racismo en los años de esta supuesta democracia y a muy pocxs vi actuar.

Más hostias mereceríamos todos los blancos indignados a los que hoy nos parece que el fascismo ha “renacido”, pero hostias de realidad porque, de verdad os lo digo, vivimos en las nubes, en unas muy blancas, tan tiernas y acogedoras como el algodón. Son las nubes del privilegio.

Carta abierta a mi barrio de Triana

Cuando yo era pequeña las puertas de mi casa siempre estaban abiertas. No es una metáfora, lo estaban literalmente: nunca se echaba la llave, sólo por la noche. Sé que puede parecer raro pero, para la vecindad, el barrio era como un hogar grande y, cada casa, una habitación conectada con las demás, íntima y, al mismo tiempo, parte de un todo. A nadie se le ocurriría cerrar con llave las distintas estancias de una misma casa ¿no? Pues eso era el barrio León en Triana cuando yo era pequeña, un solo hogar donde vivía una enorme familia.

A finales de los ochenta la llegada de las drogas originó cierta inseguridad y las vecinas se vieron obligadas a echar la llave también durante el día. Recuerdo cuando esa triste medida llegó a mi casa. Mi abuela hizo aproximadamente unas diez copias de las llaves y las repartió entre las familias vecinas: “Para que entren si lo necesitan o por si un día caigo mala y tienen que entrar con el médico”. Entonces yo no me daba cuenta, ahora sé que lo que le pasaba a mi abuela era que se resistía a la idea de privacidad con el que el capitalismo había desembarcado a la orilla oeste del Guadalquivir. Defendía, con sus ocho o diez copias de llave, la idea de intimidad vecinal y de autogestión.

Siempre nos supimos diferentes unos de otros. En el barrio había familias católicas, militares, artistas, socialistas, gente de izquierdas declarada, algunas gitanas que aún resistían al éxodo obligado a las 3.000… y, a pesar de nuestra diversidad, siempre supimos que nos unía algo fundamental: las puertas abiertas de nuestras casas y de nuestros corazones.

La gente que venía de fuera no entendía que nos habláramos por las ventanas de los bajos después de aporrear los cristales, que manoseáramos la intimidad de las cocinas, que apareciéramos sin avisar en las casas de los demás, que las criaturas merendáramos cada día en las faldas de una madre distinta, que nuestras bicicletas invadieran las calles y las plazas en contraste con la prepotencia vial  de los coches de otros barrios cercanos como el de Los Remedios. Los forasteros tampoco entendían que el Lunes Santo el barrio entero saliera a honrar a la Virgen de la Salud independientemente de si éramos o no católicos. Unos se santiguaban, otras se abrazaban, otros lloraban, otras compartían una cerveza al sol y toda esa simbología que representaba la hermandad de San Gonzalo trascendía (y sigue trascendiendo) lo simbólico cristiano para convertirse en tolerancia, respeto y barrio.

El de fuera siempre le indignó lo semanasantero y nosotros, los vecinos de izquierdas, las ateas, los rojos, a los que se supone que debía ofendernos mucho el despliegue cofrade, nos limitábamos a sonreír sabiendo que era difícil entender nuestra identidad trianera, contradictoria y llena de amor por lo único que realmente cuenta: quien tienes al lado.

Han pasado muchos años de todo aquello y, lamentablemente, en los últimos tiempos hemos tenido que despedirnos de muchas personas que nos dejaron para siempre. En sus funerales católicos he cantado como soprano sosteniendo un nudo en mi garganta por el dolor que suponía decir adiós a quien ayudó a criarme. Vosotras/os sabíais quien era yo: feminista, anarquista, bisexual y madre de una niña negra inmigrante y eso ni os ofendía ni os impedía hacerme partícipe de esos ritos de despedida que todos necesitábamos tanto. Cuando mi abuela Herminia murió también fuimos a la iglesia de San Gonzalo. Ese día no pude cantar porque mi dolor era inmenso y entonces fuisteis vosotrxs quienes me arropasteis, quienes leísteis las escrituras que eran vuestro rito (no el mío) pero que yo respeté porque entendí que mi abuela no era solo mía, que fue como una madre para muchos de vosotros y que yo no era la única que lo estaba pasando mal.

No he idealizado el barrio, las cosas fueron como yo lo recuerdo, lo sé porque aún hoy, las trianeras y trianeros viejos seguimos respetando la diversidad y las laberínticas realidades que conforman la identidad que nos une, incomprensible del río p’allá.

Por todo ello, queridos vecinos, no entiendo qué está pasando. Cuando el barrio se revalorizó empezó a llegar mucha gente de fuera, es verdad. Las reconocemos en seguida porque son los de los coches caros y los que se van a Leroy Merlyn a comprar estructuras para cerrar los jardines. Son los que no saludan, los que no parecen tener nombres de pila. Esos me dan igual, no son mi familia, no les estoy hablando a ellos, os estoy hablando a todas las demás personas que aún resistís a la brutal gentrificación trianera: ¿Qué nos está pasando? ¿A qué vienen esas banderas?

Por nuestras calles no hay tráfico, la únicas personas no residentes que pasan por aquí son el cartero y repartidor del supermercado así que colgar una bandera es querer comunicar a las familias vecinas que tomar parte en lo de las dos España está ahora por encima de nuestro acuerdo ancestral, ese que siempre caracterizó el barrio que me vio nacer y que consistía en respetarnos y cuidarnos por encima de las creencias y de las ideologías.

No os comprendo, nunca hubo banderas ni símbolos entre nosotrxs. No comprendo vuestras ventanas forradas de rojo y grana y no comprendo la elección de la hermandad de San Gonzalo de decorar el barrio con banderas de España para la celebración de la procesión de la Virgen del Rosario y de la coronación de la Virgen de la Salud. Esas vírgenes son de todas las personas que vivimos en el barrio, no solo de las españolas. Mi hija también es parte de nuestra familia y no tiene papeles ni nacionalidad.

Esa bandera representa muchas cosas, es verdad, pero os voy a pedir que no me toméis por imbécil, todo el mundo sabe que no es casualidad que sea esa y no otra la que cuelga hoy de las farolas del barrio. Estáis reivindicando con ella la violación de un pacto que nos ha mantenido viviendo en armonía y respeto durante décadas. No era necesario esta demostración de fuerza y está fuera de lugar este despliegue nacionalista, así lo siento y así os lo digo.

Es importante expresarnos en libertad, es verdad, pero hay situaciones en las que es más importante cuidarnos en armonía.

 

Esa Cádiz solidaria

¡Necesitamos ayuda! Vamos a traernos un piano desde Cádiz a Sevilla para el proyecto de becas musicales para infancia en riesgo de exclusión social La Caja de Música. Os dejo enlace al proyecto por si queréis informaros de qué va todo este asunto.
Ya tenemos furgoneta y somos cuatro personas pero necesitaríamos un transporta palets como el de la foto (o algo similar), tablones para crear una rampa y gente musculosa y/o con espíritu de Popeye.
Realizaremos el transporte el viernes 30 de septiembre durante la mañana. Podéis contactarnos en info@aliciamurillo.com .
Por favor, difundid. Gracias por colaborar.

Desobedecer, descentralizar, decrecer, autogestionar

Estamos utilizando las instituciones por encima de nuestras necesidades. Los hospitales y los juzgados están abarrotados por falta de personal, sí, y también porque nos han educado en la firme convicción de que no somos capaces de autogestionar ni nuestros cuerpos ni nuestros conflictos.

Cuando vamos a un hospital o a un juzgado estamos yendo en busca de ese experto que hace las veces de gurú de la verdad. Pero la realidad es que la verdad no existe, lo único que existe es el ser proactivos/as políticamente y asumir las consecuencias de estar vivos/as.

El resultado de esta forma nuestra de organización es un sistema burócrata incapaz de solucionar problemas por la sencilla razón de que la institución es la nada, es ese lugar vacío donde una persona pasa a otra la responsabilidad y esta a su vez a otra y así en una cadena interminable de acciones inútiles que son lo contrario del compromiso con nosotros/as mismos/as y con la sociedad.

Sólo la autogestión y el decrecimiento podría salvarnos como especie.

Mi propuesta es descentralizar, desobedecer, decrecer, autogestionar. Y pasa por favorecer y crear sentido crítico, municipalismo, ecología y cuidados.

Ya tenemos nombre para nuestras becas: La Caja de Música

Ya tenemos ganadoras del concurso “Un nombre para nuestras becas”.

A patir de hoy nuestro proyecto de mecenazgo pasa a denominarse Becas La Caja de Música.

Por razones de protección de datos, no desvelaremos los nombres de las ganadoras. Sí que os diremos que han sido tres las afortunadas porque las tres aportaron la misma idea: denominar este solidario proyecto con el mismo título de una de las primeras composiciones de Marena Moon, que podéis escuchar aquí. Marena es, además de mi hija de acogida, una de las alumnas de mi escuela de música y con tan sólo 9 años ya compone y toca el piano maravillosamente.

Os dejo el enlace con los resultados de la votación en la que han participado como jurado las mecenas de las becas.

Gracias a la solidaridad de muchas personas, actualmente las Becas La Caja de Música ofrece estudios gratuitos para cuatro niños/as en riesgo de exclusión social con clases semanales de instrumentos, teoría musical y canto. Además, a una parte del alumnado se le facilitan instrumentos con los que poder estudiar.

Si quieres participar como mecenas sólo tienes que clickar aquí y seguir las indicaciones.

 

Niñocentrismo

badeducation_posterVoy a decir algo muy políticamente incorrecto: a veces quiero estar sentada en la terraza de un bar tranquila sin aguantar los gritos e intrusiones de esos pequeños-grandes cafres que invaden todo el espacio sin que nadie les diga nada. Hoy ya ha sido demasiado, no he podido más, así que me he acercado a la mesa de al lado y le he dicho al niño que estaba allí:
-Mira, si no sabes controlar a tu padre y a tu madre mejor los dejas en casa.

Joder, es que ya está bien: te fuman encima, hablan a gritos, son maleducados… ¡El otro día una niña se llevó a su madre a un concierto! ¿Os parece que un concierto sea un lugar adecuado para una mujer adulta? No, de hecho le sonó el móvil en medio de un adagio. Una puñetera vergüenza. Y la niña sin decirle nada.

Yo no tengo nada en contra de las personas adultas pero, si no saben comportarse, que se queden en casa.

Mi decisión LIBRE ha sido la de no cuidar a ninguna persona adulta, no entiendo entonces por qué tengo que cuidar de lxs adultxs de los demás. Además, todxs hemos sido adultxs en algún momento de nuestras vidas y eso no nos ha hecho comportarnos como cafres en los espacios públicos. Yo por ejemplo, cuando era adulta, me comportaba de forma ejemplar: siempre pedía las cosas por favor, tiraba los papeles a la papelera, nunca me enfadaba si me obligaban a quedarme sentada en un sitio… ¿Y sabéis por qué? Porque entendía que no se puede molestar a los demás. Ahora soy niña por decisión propia y respeto a quien quiera volverse adulta con los años (tengo muchos amigos adultos, me gustan mucho los adultos, de hecho mi tío es adulto y lo quiero un montón). La cuestión es que se puede ser adulto pero RES-PE-TAN-DO.

ESPACIOS LIBRES DE ADULTOS YA
(Y ahora llamadme niñacéntrica)

De la autodefensa y la violencia de la norma

Hay mucho de burgués y capitalista en pensar que lo marginal es lo violento y lo normalizado lo pacífico. En lo marginal no hay violencia, hay autodefensa y esa es una agresividad legítima.

Desde todos los sectores políticos (derecha e izquierda) hacemos lo posible por crear confusión entre la violencia de la norma y la autodefensa de lo oprimido en un intento de:

– Evitar el sentimiento de culpa que nos molesta, nos incomoda.
– Evitar asumir las responsabilidades y las consecuencias porque supondría enfrentarnos a la estructura, perder privilegios.
-Dar una respuesta (poco honesta pero respuesta al fin y al cabo) al sentimiento de vacío e incomprensión que nos invade ante una barbarie.

Autodefenderse (colectiva e individualmente) es un acto de justicia social, ejercer violencia desde la norma un acto de opresión e injusticia. Desgraciadamente, en la historia de la humanidad, tenemos muy pocos ejemplos de lo primero y demasiados de lo segundo y esto es así porque el proceso de canalización de la agresividad requiere de inteligencia emocional, conocimientos y organización y la norma sólo necesita odio y pereza.

No hay nada de autodefensa en matar a personas inocentes y la infancia es siempre inocente. Un acto de autodefensa en el que muere una sola criatura es, o bien un acto de autodefensa fallido o bien un acto de violencia normativa.

Es muy difícil, en algunas ocasiones, darnos cuenta de si estamos ante un acto de autodefensa desde el margen o un acto violento desde la norma. Para mí la resiliencia consiste, precisamente, en aprender a diferenciar estos dos conceptos. Por eso nunca uso reinserción, porque reinsertar a alguien es hacerlo entrar en lo normativo (que es lo violento) mientras que la resiliencia es un proceso en el que la persona aprende a autodefenderse de lo normativo precisamente sintiéndose orgullosa de no pertenecer a ello.

Por otro lado, cuando alguien nos agrede, desgraciadamente, en lugar de defendernos solemos desencadenar la violencia de la norma que nos beneficia en lugar de la legítima autodefensa desde donde nos oprimen. Esto se hace porque, el proceso de canalización de la ira requiere de capacidad de reflexión, honestidad y valentía, características de las que muy pocos seres humanos pueden hacer gala. Por ejemplo: un obrero que es tiranizado por el dueño de una fábrica no se atreve a enfrentarse a su patrón y canaliza entonces su ira hacia su esposa, propinándole palizas diarias en casa.