El deporte, otro espacio masculino

¿Sabíais que la selección masculina española de fútbol ha ganado el mundial? Ah, que ya os lo habían dicho… claro, qué cosas, si se ha enterado todo el mundo, incluso a los que dicho deporte nos importa un pimiento. Es absolutamente imposible huir del beso de Casillas, del gol del último minuto, del pulpo de las narices, de las primas millonarias, del autobús paseando a los héroes por las calles de Madrid, del color rojo, de las banderas rescatadas y de su nuevo significado patriótico, de orgullo nacional y de, por qué no decirlo, frivolidad. Opio pal pueblo. Si la cosa encima coincide con la polémica del Estatuto de Cataluña tenemos a un Zapatero loco de contento de ver que nadie habla de nuestros viejos/as y de sus pensiones congeladas, de la política neocolonialista que anda haciendo (precisamente en África, concretamente en el Magreb), de las irrefrenable ola de violencia doméstica que sigue costando la vida a mujeres de todas las nacionalidades, culturas y clases sociales. Opio pal pueblo, fútbol, mucho fútbol. Pues muy bien, hablemos de fútbol y de deporte, así, por hacer de este blog, un blog a la moda.

Que la posición de las mujeres en el deporte es siempre la posición de la segundona no es nuevo. Tradicionalmente, en la mayoría de los países (a excepción de los de la Unión Soviética, en una era hoy lejana), el presupuesto empleado tanto por instituciones públicas como privadas para el fomento del deporte masculino es infinitamente superior al dedicado al femenino. En cualquier caso la discriminación no es sólo monetaria. La sociedad celebra, vitorea y aclama a los deportistas masculinos de una manera continua, cotidiana, exasperada (e incluso a veces histérica) mientras que las deportistas, con sus medallas y sus records, quedan siempre olvidadas en la oscura caverna del anonimato. Sigamos penetrando en la cuestión. No se trata tampoco sólo de reconocimiento a la ganadora, sino que además existe una discriminación al deporte femenino en general, es decir, a aquellos en los que las mujeres destacamos por nuestras características físicas con respecto a los hombres, los deportes en los que elasticidad es la palabra clave. Estas disciplinas no suelen ser televisadas salvo en periodo olímpico, y las deportistas, aun habiendo realizado carreras brillantes, sufren importantes problemas económicos en su etapa post profesional, ya que no existen primas millonarias como las del fútbol o el baloncesto y a veces ni si quiera sueldos decentes.

¿Sabíais que la máxima goleadora del mundo es una mujer? Se llama Mia Hamm, es estadounidense y su record supera al masculino. Otro caso parecido es el de la mexicana Maribel Dominguez, que cansada de ver como sus compañeros gozaban de más prestigio y mejores primas que ella (a pesar de que sus resultados eran superiores), solicitó jugar en la liga masculina, petición que, obviamente, le fue denegada. Y es que no basta con renunciar a nosotras mismas porque ni si quiera cuando una mujer se cansa de ver que ciertos reconocimientos son sólo masculinos y decide entonces pagar el duro precio de dejar de ser mujer y convertirse en hombre, ni siquiera entonces la cosa se hace más sencilla.
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