Una crisis profesional

Ellos/as han copado los despachos y, desde allí, vigilan, deciden, ordenan, pagan y distribuyen. Los edificios se erigen todopoderosos, son los templos del arte, el sueño hecho materia. Dentro, en el oscuro, dicen que se parte desde cero para crear una nueva luz, jugando a ser dioses. Y los aplausos. En los despachos también juegan los dioses a poner los precios que a veces se pagan a golpe de contribuyente y otras con favores o sexo. No voy a decir que todo sea eso pero es que lo que queda es tan poco y tan dejado a la suerte que al final es como si no existiese nada más.

Y cada día me repito aquello de el/la profesional no cobra por trabajar, al/a la profesional se le paga para que pueda realizar su trabajo. Pero también me oigo lo otro, lo de y con todo lo que yo tengo que decir ¿Me voy a quedar en casa sólo porque las mafias dirijan los teatros?

Algo bueno va a salir de esta crisis porque desde luego si no es para matarnos. Las grandes cosas siempre salieron en los peores momentos. Cuando el dinero se aleja, el ingenio está libre, deja de tener que rendir cuentas y ese es el ingrediente base de una obra de arte.

Mis mil casas

Hace casi cinco años, cuando estaba a punto de irme a los EEUU, me planté en casa de mi padre con mi viejo teclado, no lo puedo facturar, regálaselo a alguien. Pero mi padre siempre lo guarda todo y hoy, a mi regreso, lo he instalado en medio del salón de la casa nueva (como aún la llama Iván). Y así, uno a uno, recupero todos los elementos de mi antigua vida, me reencuentro. Ando cantando Haydn y ya se me había olvidado cuanto me gustaba. Debemos tener el alma descuartizada y repartida por el mundo, al viajar vamos reconociendo los trozos en las cortezas de los árboles en México, en la mirada de un vendedor ambulante de Marrakech, en los zapatos de plataforma de una drag de Broadway, en Seattle. Pero no podemos recomponer el alma, no podremos jamás unificar esos trozos que nos encontramos en una sola pieza, debemos resignarnos a vivir lejanos de nosotros/as mismos/as, de todos los miles de fragmentos de alma que reconocimos en los lugares del mundo que visitamos y de todos aquellos fragmentos que jamás tendremos la oportunidad de conocer.

Hoy me veo inmersa de nuevo entre partituras, con mis manos sobre el teclado, con los/as viejos/as amigos/as a golpe de teléfono, con la ciudad controlada, con los códigos reconocidos y asimilados con naturalidad durante la infancia y con los otros, los impuestos y odiados. Aquí ando, en casa echando de menos mis otras casas. Aquellas donde yo no era cantante sino maestra, cooperante, extranjera sin permiso de trabajo, estudiante, turista, mujer blanca, mujer latina, mujer casada, mujer… todas las alicias que encontré en el camino quedaron para siempre unidas, a través de un hilo transparente, a esta del teclado y las partituras. Mi vida aquí me encanta, está hecha a mi medida, pero escucho el ritmo del latido de este enorme planeta y mis responsabilidades repartidas y olvidadas, sobre todo en cierto barrio norteafricano. No puedo hacer como que no vi nada.

Todo lo que tú quieras

Hay un Olimpo del cine español y extranjero, allí es donde viven los/as grandes directores/as. En otro lugar, mucho más humano, está el poeta, Achero Mañas. En sus películas no encuentras personajes sino personas y en ellas no hay historias, hay vidas.
Juan Diego Botto ha realizado en esta película la que ha sido, para mi gusto, su mejor interpretación hasta hoy. Me ha encantado Todo lo que tú quieras pero me da a mí que no va a gustarle a todo el mundo, de hecho mucha gente salió hoy disgustada del cine. Porque la realidad escuece y si hay de por medio homosexualidad o transformismo o feminismo o cualquier cosa que se le parezca, a la media España (el lastre histórico, la pena negra, digo) le entra el tic en el ojo y sale escaldada y con la dignidad herida. Pero vamos, que supongo yo que Achero lo habrá hecho para eso precisamente. Qué grande Achero, es el poeta. Y por si todo eso fuera poco, si se me permite decirlo, está como un queso.

A los/as niños/as ni toserles

Yo estaba esperando en la cola de la churrería. Hacía calor y todos teníamos ganas de ser atendidos/as y de desayunar rapidito pero, de pronto… apareció un chaval y se plantó delante, pegadito al mostrador, en aquel lugar sagrado, esquina oportuna y exacta, lugar estratégico de recogida del primer cartucho grasiento y calentito que el churrero despachase. Y nadie le dijo nada, excepto yo, claro, que no me callo ni una, ya me conocéis, chico, estamos aquí esperando, guarda la cola tú también, por favor. En honor a la verdad diré que el niño estaba en esa edad confusa en la que una no entiende si lo es o se lo hace, pero… digo yo ¿Qué más da? En cualquiera de los dos casos hay que hablarle porque si lo es, debe entender que hay más personas en el mundo y si se lo hace, debe entender que las demás personas que hay en el mundo no son tan tontas como él se cree. Pero a todos/as les dio lástima del chico y empezaron a decir cosas como pobre, no se ha dado cuenta o haya paz, que habrá churros para todos…
Qué pena me da a mí esta generación de niños abandonados, es una generación de huérfanos sociales, nadie se ocupa de ellos, nadie quiere molestarse en explicarle de qué lado gira el planeta. A los/as críos/as ni toserles, protejámoslos/as de cualquier pérdida de tiempo educativa, que jueguen a su antojo todo el día, que vayan a la escuela a estar, sólo a eso, si aprenden da igual, lo que hace falta es que estén allí para que no estén en casa. A la infancia, señoras y señores, se le acabó el cuento.

Las empleadas de hogar en Marruecos

Nunca se miran frente a frente, eso se me hace desde fuera ¿Cómo hacerlo? Cada una vive la vida de la otra en cierto modo. El hombre siempre está ausente, son largos los periodos en Europa para seguir la evolución de las empresas. Ya sea marroquí o colono, el varón se desentiende de todo. La mujer rica casi, casi lo mismo. Coge al hogar con la punta de los dedos y, tapándose la nariz, se lo entrega a ella, a la sacerdotisa de lo doméstico (el hogar incluye a los/as hijos/as). Madame se lo entrega a tati sin mirar, no quiere saber de él más que lo justo. Su marido ni eso, pero es mejor así, cuando está en casa se pone muy nervioso, las semanas en Europa le hacen más llevadero “todo esto”. Todo esto, el calor, el que no funcione nada, el rey cagándose en los movimientos inútilmente ágiles de una burguesía bien controlada, los mocos de los niños que te venden pañuelos en los semáforos, las mujeres golpeadas, los hombres magullados y tati, silenciosa, limpia, cocina, plancha, lleva al colegio a los/as niños/as y disfruta de sus sonrisas. Tati se escribe con mayúscula sólo si va detrás de un punto porque hay muchas tatis, una en cada casa rica y muchas por las calles, desempleadas, deseando entrar en el hogar de otra, renunciar a tener un marido, a vivir en una casa propia, a parir, a amamantar, a controlar su tiempo. Ser una tati es como casarse con el marido de otra y también con la esposa, los hijos, las bolsas de la compra. También las llaman mami, femme de ménage y muchas cosas más. Nadie las llama esclavas, curioso. A cambio de una ristra de nombres ajenos ellas trabajan de sol a sol, sin horario respetado o ni siquiera preestablecido, a cambio de cobijo, comida y 200 € mensuales. Y a fuerza de hacer el trabajo sucio reciben la recompensa: ser de verdad la madre y el padre, disfrutar del verlos crecer, no perderse los progresos. Los/as niños/as las adoran y las quieren más que a sus propios/as progenitores.

Una vez una mujer me dijo: no hay forma de encontrar una doméstica de fiar. Acabo de despedir a la mía, llevaba seis años viviendo con nosotros, mi hija la adoraba, pero he descubierto que me robaba. No entiendo por qué lo ha hecho, me quitó cosas sin valor, ropa que yo no sabía ni que tenía, estaban olvidadas en algún rincón de uno de mis armarios ¿Para qué habrá robado esos trapos pasados de moda? Ahora la niña está hecha una rebelde, claro, es pequeña ¿Cómo explicarle que su querida tati, esa que la acunó de pequeña, que jugó con ella tantos años, es sólo una vulgar ladrona? Ahora mi hija me grita y me dice que la ladrona soy yo.

A veces pienso que la finalidad de este blog es la de aprender a chillar como esa niña.

Quiero ser un cuerpo adornado

Con más de 2000 años de era cristiana a los hombros y lo que vino antes, que para el caso era lo mismo, hoy 10 de agosto de 2010 me encuentro adorando, como siempre, a Marilyn Monroe. Y de camino a Howard Hawks, que bien se lo merece. Ayer fui al cine de verano, con mi bocadillo de bistec empanado y mi lata de refresco de limón. No se creó el habitual efecto microclima (*), cosa rara, pero vamos, que aguantamos con la piel húmeda pegada a la silla de plástico muy contentos porque la película era una de esas maravillas que ocurren en Hollywood de vez en cuando. A Howard Hawks habría que hacerle un monumento por ser el autor cinematográfico que, en pleno musical taquillero, te pone en entredicho los roles masculinos y los femeninos y se divierte y nos divierte enseñando la homosexualidad como lo que es, algo evidente, diario y natural. También porque dirige tela, pero tela de bien.

Violà dos escenas que os invito a disfrutar. En la primera Marilyn deja muy clarito a un señor calvo y viejo lo mismo que decía yo en este blog en mi última entrada: el disfrute de lo frívolo y el acceso femenino al dinero de una forma rápida hace chirriar los dientes de una sociedad que, en cambio, aplaude las mismas actitudes en los hombres. Marilyn en cualquier caso, lo dice con mucho más arte y más agua oxigenada que yo, no vale perdérselo. La segunda escena muestra el baño que Jane Russel se da en un mar de cuerpos masculinos, tal cual, sin más pretensiones ni cerebros, sin menos perjuicios ni sentimientos de culpa. Es la reivindicación del hombre cachas que, por fin, hace justa y digerible su equivalente: la mujer objeto.

Espero que os gusten. Besos a todos.

(*) Todos los cines de verano del mundo gozan de una transformación medioambiental por la que se hace necesario el uso de “el rebequita”, independientemente de las circunstancias atmosféricas que den lugar en el resto de la superficie metropolitana).

Video 1: (Si preferís la versión original : http://www.youtube.com/watch?v=oHp3OO0DalE&feature=related )

Video 2:

La mujer-bebé, prototipo clásico

Múltiples, variados, pintorescos, tristes, sádicos y, en cualquier caso, infinitos son los mecanismos que la sociedad ha utilizado y utiliza para controlar a las mujeres. Algunos ejemplos son la valoración de la virginidad en relación con su estatus social, la condena de su goce sexual para fiscalizar su cuerpo, el menosprecio a las actividades ejercidas por ellas de manera tradicional (labores domésticas, prostitución…) como fórmula implacable contra el reconocimiento social y el enriquecimiento, etc. Se trata de un hecho común a casi todas las culturas del mundo. No importa la fórmula, que a veces resulta incluso opuesta de un país a otro, el fin es siempre el mismo. Por ejemplo, existieron tribus durante el Medievo en Asia cuyas mujeres se tatuaban pequeñas señales en la piel de los brazos que informaban sobre la cantidad de experiencias sexuales que hubiesen tenido en el pasado. A mayor número de tatuajes, mayor experiencia y, por consiguiente, mayores posibilidades de encontrar un marido más rico que le otorgase una mejor posición social. Una vez más es el hombre quien da la posición a la mujer si bien el canon es opuesto al occidental que dice: a mayor pureza, mayor virtud. Y así, podemos seguir con multitud de casos: la depilación en Europa en los años 60 era un signo de opresión contra las mujeres, las feministas dejaban florecer sus axilas como protesta ante lo que consideraban una tortura machista. Hoy día, en cambio, en Marruecos, muchas mujeres casadas se ven obligadas a dejarse crecer el entrecejo y el bigote porque sus maridos opinan que es un signo de coquetería con los desconocidos el acicalarse, maquillarse o depilarse el rostro si éste va al descubierto.

Surgen así polémicas absurdas como la abolición del burka en Europa (mientras las monjas de clausura viven recluidas y controladas por una entidad machista donde las haya) o la abolición de la prostitución (ante el miedo de que las mujeres accedan al dinero de forma rápida, privilegio casi siempre masculino). Es por todo ello que os propongo plantearos cuestiones como estas: un señor que especula con la construcción de viviendas se hace rico en pocos años y goza del prestigio y la admiración social por su habilidad en los negocios, a pesar de que ha jugado con un bien básico. Nadie se planteará quitarle la custodia de sus hijos y ni por asomo se le juzgará mal si realiza su trabajo de forma pública y a cara descubierta. En cambio si una mujer se prostituye y gracias a ello alcanza un nivel económico alto en poco tiempo, deberá enfrentarse al estigma social.

Sueño con un mundo donde las mujeres, por fin, dejemos de ser consideradas niñas.

Las riads en Marruecos

Está muy feo eso de generalizar, debemos dirigir nuestro pensamiento de una manera pura y sin prejuicios, mirando a cada persona de frente y con valentía, con los ojos de un/a niño/a. Eso es lo que deberíamos hacer pero nunca hacemos. Pensando en ese tipo de afirmaciones creo que puedo decir que Marruecos sacó lo mejor y lo peor de mí porque ¿cómo no generalizar en un país cuya población está dividida en ricos y pobres, en blancos y árabes, en árabes y bereberes, en europeos y africanos…? Y, sobre todo, ¿cómo no seguir con la clasificación que cada día condiciona tu vida, determina en qué lugar trabajas, cuánto ganas, a qué lugares puedes ir a divertirte? Marruecos me impuso el ritmo del prejuicio y no pude hacer más que aceptarlo. Por eso si os hablo de los dueños de las riads como europeos pseudo hippies con algo de pasta ahorrada que vienen a Marruecos a multiplicar su dinero a costa de la mano de obra barata me diréis que peco de racista y tendréis vuestra parte de razón. De todo hay en la viña del Señor, vale, alguno bueno habrá, eso sí, no podréis rebatirme esta afirmación: en los dos años que viví en Marruecos nunca encontré una sola riad gestionada por europeos donde los marroquíes encargados del mantenimiento gozaran de un sueldo mayor al de 200 o 250 € mensuales (y conste que tiro por lo alto). Por seguir con cifras y para que os hagáis una idea de lo que eso supone, el alquiler de una vivienda de dos dormitorios en Marrakech en un barrio popular como Daoudiate, cuesta una media de 400 € mensuales. Las jornadas de trabajo según la ley marroquí pueden ser hasta de 12 horas con derecho a un día de descanso a la semana. Y eso si hablo de las condiciones legales, las reales son aún peores (días de descanso no concedidos, mobbing generalizado, etc.).

Está muy bien ir de vacaciones al país vecino, yo lo comprendo, entiendo el interés por hacerse la foto con los aguadores de Jma Fna, el placer de desayunar al lado de una fuente en el patio de una casa centenaria recién restaurada por un colono francés que se pasa el día en chilaba, pero, señores y señoras turistas, reflexionemos. Nuestro impacto como viajeros a África está siendo devastador. El boom turístico, que no ha hecho más que empezar, está señalando cada vez con más ahínco las diferencias económicas, así que, una vez más os ruego, si vais a visitar Marrakech seguid estos pequeños consejillos.

Las riads no son unos sitios guays donde emular a las mil y una noches. Las riads, por lo general, son lugares donde trabajan marroquíes en condiciones muy malas, rozando en muchos casos niveles de explotación. Sé que es muy difícil encontrar alojamiento que no suponga una contaminación social y turística pero, en la medida de lo posible, intentad alojaros en las casa de las familias marroquíes o en caravanas o haciendo acampada libre (existen lugares idílicos para eso) y el dinero que pensabais gastar en la riad o el hotel empleadlo en ayudar a la familia que os acoja comprándoles material escolar para los niños, medicinas o cualquier otra cosa que pensáis pueda serles de utilidad.

Tiro al arco

Cuando vivía en Marruecos me daba miedo de que Google informase a cualquier oficina de policía acerca de mi blog. También temía a los empresarios y sobre todo me daba miedo del rey. Ya sabéis, siempre os lo digo, soy muy cagona y en cualquier caso estaba segura de que tan sólo contando lo que me estaba “permitido” era más que suficiente para poneros a todos/as los pelos de punta. Pensaba que si daba nombres, apellidos y demás detalles de las historias que presenciaba, quizás un día iba a tener que dejar de contarlas porque me iban a negar el acceso a las aulas del orfanato o me iban a despedir del trabajo o me iba a encontrar a una linda parejita de maderos marroquíes en la puerta de mi casa invitándome amablemente a acompañarles a la comisaría de Jma Fna. La cuestión es que tenía incluso miedo de poner el nombre del rey o colgar fotos de cualquier miembro de la familia real por temor a que los motores de búsqueda me delataran. Y pensaba a menudo, si algún día vuelvo a España será diferente, allí podré decirlo todo con total tranquilidad. Pues bien, llegó el momento y realmente tengo material para tres libros.

No sé si sabéis que el origen del corte de manga a la escocesa (con dos dedos) surge en la Edad Media como respuestas de los arqueros que conseguían escapar de los franceses ya que éstos, al capturarlos después de las batallas, les cortaban el índice y el pulgar incapacitándolos para el tiro con arco. Los escoceses mostraban orgullosos los dos dedos en señal de libertad y desafío cuando se veían a salvo al cruzar a caballo hacia la otra orilla del río o cuando la distancia era lo suficientemente grande para estar tranquilos. Así me siento ahora con respecto a mi vida en Marrakech, ya puedo sacarle la lengua al rey como una escolar descarada, puedo incluso escribir su nombre y contar sus miserias y las de su amigo Zapatero y hacer recuento de toda la mierda de los neo-colonos franceses, portugueses, belgas y españoles que viven en Marruecos. Allá voy, empecemos pues, mirad que bien me sale: Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI, Mohamed VI…