El cuerpo de la mujer, otro espacio masculino

De buenas tardes y buenos días, de sonrisa cordial y cotilleo a tiempo, de furia doméstica, hipócrita, embustero, chaquetero y prototipo de vecino común. En el ascensor me asfixia su colonia, en el portal me revientan sus sonrisas y a cualquier hora no me bastan los algodones en los oídos para dejar de escuchar sus amenazas a través de las paredes, claras, rotundas, sin rodeos ni posibles interpretaciones: un día te voy a matar. Yo tengo muchas ganas de enfrentarme con uno de esos en algún sitio que no sean las escaleras de mi casa o la puerta del supermercado, para poder estar en posición de igualdad. Ayer mismo me encontré cubriéndome el escote porque un birria de esos se empeñaba en saludarme sin mirarme a los ojos (qué tal la familia, bla, bla, bla…). Y yo ahí, dale que te pego, más pesada que él: cabrón, si me quieres mirar las tetas lo vas a tener que hacer con descaro porque valentía ya sé que no tienes. Y de pronto, mi cuerpo, el mismo que he enseñado por exigencias del guión sin que me supusiese ningún drama, el mismo al que doy baños de sol en la playa sin ridículos triángulos que me molesten al nadar, ese mismo, de pronto, deja de ser mío y me obligan a compartirlo. Que yo lo conozco, y ese, como la mayoría de los maltratadores y acosadores, más que salido es cotilla. He ahí el complejo, la falta de verdadera hombría. Las mujeres, señores, nos lo contamos todo, y de ese que me miraba de arriba abajo sé yo que toma Viagra y ni con esas, por eso insulta y amenaza, dame la pistola que la voy a limpiar, y la otra tonta acojonada ¿La pistola? ¿A mí me vas a venir con esas y ni si quiera eres capaz de mirar a una mujer de frente? Conmigo podías dar…
Sólo nosotras podremos acabar con esta situación, no sirve de nada el sentimiento paternalista que ve a la mujer como un ser indefenso que necesita ayuda y protección. Por cada maltratador hay una mujer que se deja maltratar, una señora que esconde los moretones, que sonríe en el ascensor, que oculta, que hace recaer en los hijos toda la mierda que no se atreve a combatir.
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