Autor: aliciamurilloruiz
Naoura Barriere de Marrakech
Y colorín colorado, esto es el Marruecos de hoy, el pez grande se folla al chico cada vez que quiere y el chico desarrolla aquello tan español y cristiano que aquí hace mucha gracia y allí es la única forma de comer todos los días: la picaresca. El que quiera hacer juicios de valores que no los haga desde el otro lado de Gibraltar porque allá ya no hay moral. En África hay sólo personas con hambre y personas millonarias. El honor es un lujo de nuestras tierras.
Los pantalones, la universidad, el tiro corto y mis genitales presionados
1. Tengan una minusvalía o enfermedad.
2. Sean deportistas de élite (faceta, el deporte, también de tiro corto como ya hemos tratado en otras entradas).
3. Desempeñen actividad laboral o prácticas de empresa.
4. Y por último, mi favorito: “Estudiantes que puedan acreditar una situación de baja médica por riesgo durante el embarazo, durante la lactancia y/o una situación de baja por maternidad, esta situación se asimilará a aquellos estudiantes que sin generar derecho a baja laboral por maternidad puedan acreditar dicha circunstancia y hasta un máximo de 16 semanas o 18 en caso de parto múltiple”.
(El punto cuatro es para enmarcarlo, por el uso del masculino y por el pseudoprogresismo del contenido).
En fin, lo de siempre, que mis genitales se libran de asistir a clases no por mi trabajo como madre, ese que me ocupa la mayor parte de mi tiempo, mi esfuerzo, mi corazón y mi concentración, no es por eso sino por mi actividad remunerada, con la que cotizo, con la que me parezco a lo que siempre fue un hombre, aquella diseñada con tiro corto que las feministas de los 60 me dejaron de herencia con la consigna “realízate”.
Yo no sé si mi trabajo de madre no se valora porque tradicionalmente lo hicieron mujeres o si tradicionalmente lo hicieron mujeres porque no se valora. En cualquier caso, gallina y huevos a parte, es lo más bello e importante que he hecho nunca y mis genitales están cansados de no ser aplaudidos por ello.
Sobre los trabajadores de la construcción en Marruecos
nidad, sin escuelas y con escasa comida. “El buen empleo”, al que hizo referencia aquella noche, no es más que la situación de esclavitud en la que se encuentran en Marruecos los millones de hombres que trabajan en el sector de la construcción. En esos “empleos” las medidas de seguridad son tan frecuentes como las apariciones de Fátima en las palmeras de los oasis del Sahara. Deben trabajar seis días a la semana, doce horas diarias, a cualquier temperatura (os recuerdo que en verano se sobrepasan los 50º casi a diario). Eso sí, R no distorsionó el salario, realmente cobran ocho euros al día. También tenía razón sobre la vivienda, les dan cobijo (que no casa), los albañiles están autorizados a levantar chabolas alrededor de las construcciones. Estas “viviendas” no son más que cuatro muros de ladrillos con un techo de plástico o similar y, por supuesto, sin luz ni agua corriente. Lo más triste de todo es que los constructores suelen ser “honrados” ciudadanos españoles o franceses.
Dicho esto, por favor, que nadie se compre un pisito en Agadir, por muy barato que lo encuentre, hay maneras mejores de disfrutar del turismo en Marruecos haciendo llegar el dinero a quien realmente lo merece y lo trabaja. Razón aquí.
La calle, otro espacio masculino (segunda parte) o nueva embestida hacia el desconocido hortera que se dirige a su amigo, refiriéndose a mi culo

Tienen los grandes lastres sociales aquello de cotidiano y lo otro de dramático al mismo tiempo y es por lo primero que a veces hasta se puede originar la comedia. Así, lo de esta mañana, por ejemplo, eran tres veinteañeros de vida sexual inexistente admirando mi profuso trasero y las curvas de mi amiga y de ahí sacamos poesía y chistes todos los que queráis pero la verdad es que no me hace ni puta gracia. No consigo reírme de todo y sé que eso es un defecto, pero sepan que no tengo ni el más mínimo interés en evolucionar de aquel flanco. Soy más de la otra acera, de pensar si cuando un/a negro/a en Marrakech (o un/a gitano/a en Sevilla, o un/a Peruano/a en Barcelona) ve pasar las taxis uno tras otro sin que ninguno le pare se siente igual que cuando yo salgo de mi casa y voy hablando en inglés con mi preciosa amiga rubia de las curvas y tengo que aguantar a cuatro veinteañeros diciendo sandeces porque creen que las dos somos guiris y no los vamos a entender. Porque esa es la muerte del piropeador, el masturbarse con la palabra, en hacer un uso exhibicionista de la lengua, en pasear su fantasía como pasea flácido un pene el viejo que lo enseña en el parque a unos niños que no comprenden qué es eso colgón que el hombre agita, en no compartir el verbo, en no usarlo en su principio único e infalible que debe ser la comunicación, en disfrazarse con él de valiente ante los amigos porque las guiris no se enteran de nada. Esa es la muerte rancia y hortera del seductor de mediodía: el balbuceo incomprensible, la palabra sesgada, escondida, humillada, porque en el fondo ambos lo sabemos, que no ofende quien quiere pero hasta el coño, ese que él nombra, estoy de aguantar ofensas que no pueden serlo. Y si yo me vuelvo y me encaro a la risita paternalista del amigo y al acojone o la poca vergüenza del susodicho, me encuentro con unos ojos vacios, redondos, lerdos que jamás podré atravesar porque no habla inglés, pero tampoco domina el español, ni para ir ni para venir. Que te jodan bien jodido, machista paseador de palabra flácida, la calle es mía porque la merezco más que tú.
Caos
Estaba yo esperando el autobús ayer cuando un monstruito que andaba incordiando desde hacía 15 min. a todos/as los que estábamos allí (ante la parsimonia de su madre, su abuela y su tía) se me abalanzó. Momentos antes del ataque yo estaba sentada con las piernas cruzadas, siendo espectadora de cómo el niño insultaba a su hermano menor, desobedecía de manera sistemática, maltrataba una cabina telefónica, hablaba de forma maleducada a todos/as, etc., etc. A un cierto punto el hombrecito en cuestión se me colgó de la pierna y comenzó a utilizarla como un columpio. Yo, que no daba crédito, le esputé un inocente y sorprendido oye, oye, oye, que eso no se hace a lo que la madre respondió, ven aquí Dieguito, eso no se hace ¿No ves que no siempre damos con el mismo tipo de personas? No todo el mundo aguanta una broma.
Caos 2:
En el supermercado ayer:
Megafonía: Hemos encontrado perdida una niña de 4 años que dice llamarse Susana.
Un padre a su hija: Aprende, a ver si te pierdes tú también en China y no te encontramos…
Si yo fuera hija de alguien así también estaría deseando de irme a China o a donde fuera.
El plan B
Todos/as hacen como si ir al banco fuese una cosa de lo más normal, es más, todos hacen como si el hecho de que el banco exista fuese algo natural y entran y salen de él disimulando una cotidianeidad completamente absurda. El caso es que el día de la huelga Marcos vino al mundo. La pequeña Irene ya no es pequeña, salió del paritorio en la camilla, con su hijo en brazos y nos miraba con absoluta paz. Irene se ha convertido en una experta de vivir, pensé. También pensé en mi abuela que no iba a conocer a Marcos y en lo colorao que estaba mi sobrino y en que era la cosa más hermosa que había visto en mi vida. Pensaba muchas cosas, todas juntas, en mi hermana arqueándose en la cama durante una contracción, sola en el pasillo del hospital, a escasos metros de mí que la miraba atónita a través de un cristal (de ella me separaba una puerta y una normativa machista y deshumana que hace a las mujeres pasar por el trance de un parto en la más absoluta soledad). En todo eso pensaba y también en mi cuñado al que le permitieron entrar en los 15 minutos de la fase de expulsión. Yo era el plan B, si él se desmayaba al ver la sangre me llamarían a mí porque todos se creen que soy muy valiente. Se lo creen porque he vivido en África y en muchos sitios raros. Nadie sabe que esos viajes han sido sólo un disimulo, como aquellos de las personas que entran y salen de los bancos.
Pasar por el aro
Ponti y así un eterno etc. Son todos ejemplos de ilustres carreras femeninas apoyadas en las influencias de hombres poderosos.
¿Qué es el amor? Nadie lo sabe con certeza y quizás haya tantas definiciones como seres vivos sobre este planeta ¿Quiénes somos, pues, para juzgar como frívola la opción de “pasar por el aro”? Porque a veces yo me pregunto a qué obedece aquello que llaman “amor verdadero”. A mí, por ejemplo, siempre me han gustado los chicos listos, esos que estudian mucho o tienen una habilidad intelectual o artística. Normalmente no hallan donde caerse muerto y eso acentúa enormemente el nivel de mi libido, de mi pasión y de mi amor, porque a mí los que me ponen, son los artistas incomprendidos. Y creo que al final todos/as buscamos lo preestablecido porque somos seres sociales y llegar a las cualidades genéticamente puras de un ser humano es por definición imposible. De esta manera yo amo a los hombres pobres, María Callas amó a los ricos y eso no me hace ser mejor que
ella. Cuentan que en la primera conversación telefónica que tuvo con su marido, después de que saltara a la luz pública su relación con Onasis, lo primero que le dijo fue ¿Me darás mis joyas? , a lo que Meneghini respondió con total naturalidad ya veremos…
No vale juzgar. No, no vale porque los matices son demasiados, son tan abundantes que saturan la historia, la de la Callas con Meneghini y cualquier otra, pero vamos, por no perder el hilo sigamos con María, la voz más grande de todos los tiempos que, de no ser por haber “pasado por el aro” (marido millonario 30 años mayor que ella) jamás hubiese sido escuchada por nadie más que por sus afortunados vecinos. Porque es men-ti-ra, es una rotunda mentira que el talento al final sale a flote. Hay talentos enormes bien hundidos en las profundidades del oscuro País Sin Productores.
El Sr. Ford fabricaba coches lo suficientemente baratos como para que los propios obreros de sus fábricas pudiesen adquirirlos, así se aseguraba el reembolso de gran parte de los salarios que él mismo les pagaba. Algo parecido ocurre con el sexo en nuestra sociedad. El poder está en los hombres y la represión en las mujeres, pero nos han dejado usar un arma, la sexual, para poder cobrarla cuando a ellos les apetezca. Eso sí, previa estigmatización, porque ellos pueden prostituir la mente para alcanzar el poder pero está muy mal que nosotras prostituyamos el cuerpo con el mismo fin.
Quien roba al ladrón

Está muy feo eso de generalizar, tan feo es decir que todos los rumanos vienen a Europa a robar como que todos los franceses van a Marruecos a explotar, estafar, violar los derechos humanos, acostarse con menores y a olvidarse de todo aquello de la liberté, égalité y frat
ernité. Pero vamos que la xenofobia me la llevo yo acuestas también contra mi misma especie porque no es que los españoles demos muestra alguna de coherencia moral en el Magreb. Todo es cruzar la frontera e irse olvidando, una a una, de todas los pautas de comportamiento habituales, desde el (casi) inocente fumar en sitios donde hay niños/as, hasta el acostarse con estos/as mismos/as niños/as simplemente porque allí no llega la ley y, si llega, no cuenta para los todopoderosos europeos.
Por eso, Sarko, desde tus tacones altos, no me vengas a hablar de quién roba en el país vecino porque la mansión que tienes en la lujosa Palmeraie de Marrakech fue construida a base de mano de obra de esa de limpiarse el culo con la venda de los ojos de la justicia de tu liberalismo.







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