La bola de nieve

Empieza como una simple canica que se desliza bailando caprichosa cuesta abajo, camino de la ladera, y en su viaje alegre va tomando más y más volumen. Hacia la mitad de la montaña ya es una señora bola de nieve pero nadie podría imaginar cuanto pesa porque su caminar es tan ligero, tan despreocupado el brío con el que se desplaza, tan juvenil y alegre su paseo que toda aquello no puede ser otra cosa más que ligereza. Hasta que de pronto aparece un pino. No tiene que ser un pino gordo, basta un pinillo cualquiera. De ahí lo humillante de la situación, si al menos se tratase de uno de esos impresionantes abetos alpinos suizos, pero no, no hace falta más que un triste tronquillo con cuatro ramas recién germinadas y la bola de nieve se desmorona.

Esa soy yo. Más burra no la hay. Ayer me encontré con un pino. Ya se me irá pasando y después vuelta a empezar.

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5 thoughts on “La bola de nieve

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