Lo que ella ve

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Le he traído un espejo para que se mire.

-¿Qué ves?

Su ceño fruncido, los ojazos negros disparando rayos de ira, la boca encogida…

-A mí triste.

-Pues desde fuera se te ve enfadada.

-No es lo que yo veo, yo veo tristeza.

¿Por qué Zapata sí y Soto no?

Pide disculpas al padre de Marta del Castillo. A la madre no. Así están las cosas. Cuando ofendes a una víctima de violencia de género le pides perdón al padre y ya está todo arreglado. No hace falta que pidas perdón al resto de mujeres supervivientes de violencias machistas o a la madre que la parió, no, le tienes que pedir perdón al padre. Esto me recuerda a aquel primer vídeo de El Cazador Cazado en el que unos acosadores sindicalistas le piden perdón a mi marido después de haberme acosado a mí.

Las cosas de Internet van rápido. Lo mismo mañana cambia todo el panorama pero dudo mucho que Soto dimita y que Zapata vaya a pedir perdón a las mujeres, ojalá me equivoque. Ha pedido perdón a las víctimas del terrorismo y a las del holocausto y se ha apresurado a afirmar que no es ni proetarra ni antisemita, pero ni una palabra del machismo que desprenden algunos de sus mensajes en Twitter. Me da igual el contexto, estoy del contexto hasta el coño. Si eres hombre no puedes hacer un chiste sobre una pobre niña estrangulada a la que no hemos podido aún ni dar sepultura. No puedes. Malena Pichot lo dijo muy claro: es muy difícil que el hombre blanco cuente un buen chiste porque es el que tiene la culpa de todo. El humor siempre hacia arriba y hacia dentro, jamás hacia abajo, porque si no es opresión, tal y como apunta Brigitte  Vasallo.

Pero lo que más triste me pone de todo esto es ver como Soto ha salido de rositas, como todas las críticas que ha recibido han sido centradas en sus declaraciones contra Gallardón sin que haya tenido que pedir disculpas específicas a las mujeres por haber dicho lindezas tales como aquello de “tiremos la puta al río” o que a las mujeres nos apesta el coño. Debe pensar que su polla huele a lavanda, así que le recomiendo este vídeo.

¿Por qué Zapata dimite y Soto no? Pues porque Zapata ha hecho humor antisemita y proetarra y Soto humor machista y en el ranking de incorrección política lo de meterse con las mujeres no ocupa los primeros puestos. Desde las cuentas antifascistas, de hecho, preguntan que qué problema hay con Soto, que tampoco ha dicho nada malo.

Estos tíos no me representan y me da mucha pena ver a feministas con la cabeza muy bien amueblada justificando acciones que no le consentirían a ningún otro tío solo porque estos son “camaradas”. Por favor, que esta nueva izquierda me devuelva a mis compañeras , las echo de menos.

Esperanza Aguirre no es mujer

Lea DelariaEl hijo del obrero a la universidad era lo que la generación de mis padres gritó y consiguió. Yo fui a la universidad sí, pero hoy me pregunto ¿cuál era el objetivo? Lo que mi familia pretendía era que yo “no pasase por lo que ellos tuvieron que pasar”. Lo que el obrero quiere es que su hijo deje de ser obrero. La clase obrera quizás quiera derechos para la clase obrera, así en general, pero en particular, para sus hijos, lo que quieren es que pasen a ser clase media. Asimismo algunos chicanos intentaban que sus hijxs no aprendiesen español porque sabían que el bilingüismo solo les cerraría puertas en un país racista como EEUU. Quizás quisieran derechos para la población inmigrante pero sobre todo querían que sus hijos fueran lo menos parecido a un inmigrante que les fuese posible. Y así educamos, intentando salvar el culo de nuestra prole, sin darnos cuenta de hasta qué punto perpetuamos el círculo vicioso del que no saldremos hasta que no cambiemos el punto de vista.

La educación suele consistir en convertir a nuestras criaturas en el modelo opresor para intentar salvarlas de la opresión.

Obama no es un presidente negro. Obama es blanco. Viste como un blanco, habla como un blanco, estudió donde estudian los blancos y oprime de la misma manera en la que oprimen los blancos. Para que nos entendamos, quizás sea negro pero no se le nota.

A las niñas les ponemos películas Disney de última generación, de esas que han cambiado a la Cenicienta por la Indomable. Les hemos dicho: “Convertíos en guerreras” y eso en principio nos pareció un buen plan. El problema es que si seguimos por ahí nos van a salir rollo Esperanza Aguirre o Angela Merkel… es decir, hombres. No hay mujeres en política, es mentira. Para ser política tienes que ponerte un traje de chaqueta, a ser posible negro o de un color aburrido, y tienes que dejar de saludar dando dos besos. Si quieres ser política debes dar la mano al saludar, como hacen los machotes. ¿Qué queréis que os diga? Si hay mujeres en política, no se nota que lo son.

La cuestión no está en vestir a las niñas de guerreras, la verdadera revolución está en vestir a los niños de princesas. Eso es lo difícil. Las mujeres no hemos logrado hacer política  aún porque el hecho de que un ser humano con útero y vagina ostente el título de presidenta no significa que lo esté ostentando una mujer. El género es una construcción social, por tanto entenderé que el verdadero éxito feminista habrá ocurrido cuando una persona lleve un vestido rosa de purpurina y lazos y dé dos besos en las recepciones oficiales mientras pregunta cómo está la familia independientemente de la forma de sus genitales.

Nos demonizaron la feminidad diciendo: “Las mujeres, muchas veces, también tienen culpa del machismo”. Nos acusaron de perpetuarlo a través de la educación, de ser complacientes, de ser consentidoras, de representar un rol construido de la misma pasta que el antagónico, el masculino. Pero las cosas no son así si las miramos desde la raíz.

Palabras raras… estoy harta de mitos lingüísticos que restan radicalidad al feminismo: el problema no es el coitocentrismo, es el coito porque es una práctica relacionada con la reproducción que dificulta enormemente el placer femenino y expone el cuerpo de las mujeres al control patriarcal y a enfermedades que no contraeríamos con cualquier otra práctica. El problema no es la heteronorma, es la heterosexualidad en sí, no entendida como la relación sexual entre un cuerpo con pene y otro con vagina sino como un régimen político que establece el orden amo/esclava. No existen los micromachismos porque no hay discriminaciones invisibilizadas por la cultura, hay personas no escuchadas, de hecho el término micromachismo lo inventó un hombre blanco con estudios superiores. Además las discriminaciones a las que el término en sí hace referencia llevan siglos siendo enarboladas por nuestras madres y abuelas desde los hogares con el “me tenéis hecha una esclava” y a nadie pareció importarle hasta que se escribió desde una universidad.

Lo estamos haciendo mal, en la feminidad no hay nada de malo. Es la masculinidad el problema. Igual que es falso y simplista decir “los gitanos no se integran porque no quieren” es también de necios decir “las mujeres tienen parte de la culpa de que este mundo sea tan machista”. Un gitano no se integra porque el término integración presupone la aceptación de un sistema de payos, es decir, un sistema de mierda porque es el sistema del opresor. “La cultura gitana es muy machista y muy retrograda”, sí, puede ser, pero resulta que eso es precisamente lo que tenemos en común con ellos.  La razón de por qué no se “integran” es porque no quieren dejar de ser lo que son, no quieren convertirse en blancos opresores de mierda y yo les aplaudo por ello. Y de la misma manera yo no tengo ganas de dejar de ser mujer y de convertirme en hombre porque un ser humano complaciente no es un ser malo, el ser malo es el que vive aprovechándose de la complacencia ajena.

Las mujeres no perpetuamos el machismo, las mujeres resistimos negociando como podemos con un mundo hecho a la medida del macho. Y de igual manera lo hacen el resto de identidades periféricas. El rol de mujer es reconocido, existe en las reglas del juego, pero hay además todo el amplio abanico de personas que se sitúan en identidades no binarias que tampoco participan de la construcción del machismo, por mucho que quieran hacérnoslo creer. Ni si quiera las butchs o un hombre tansexual. El macho es Esperanza Aguirre no la camionera que te sirve copas en Chueca, no nos equivoquemos. Y es que podemos adoptar la masculinidad para subvertirla. Para mí un hombre trans es al feminismo como una abogada nigeriana que lucha por los derechos de los inmigrantes en el sistema judicial europeo, es alguien infiltrado en el bando enemigo. El otro día leía en Facebook el estado de un hombre trans que decía algo así como que no tenía ningún interés es identificarse con la masculinidad cis. Bingo, pensé, esa es la clave de todo.

El Chocolate de la risa

Chocolate-image-chocolate-36212107-1920-1061-¿Por qué está to la enzalada roja?

-Porque lleva remolacha, ten cuidado no te manches.

-Pues si mancha tanto debería llamarse “remomancha”… – dice Iván – Ya he terminado, mamá… por cierto ¿Sabes que al comer chocolate el cerebro genera una sustancia que te hace más feliz?- ciencia y chocolate… de repente siento que algo trama…

-Ah ¿Sí?- le respondo- cuántas cosas sabes, hijo.

-Sí… ¿Podemos comer chocolate?

Voilà.

-Vale.

-Qué bien, vamos a ponernos contentos Y***.

Van a la cocina. Se lo comen y escucho:

-¿Tú no notas nada?

-No.

-Pues yo sí, estoy como… más feliz… lo pone en mi libro, en serio ¿Estás segura de que no notas nada?

-No, de verdad.

-Qué raro.

Leona

leona-y-su-cachorro-700x5251Ayer le fallé a Y***.  No lo digo desde la culpabilidad, ni desde el drama, lo digo desde la lucidez y estoy feliz por haberme dado cuenta. Ayer ocurrió que su familia biológica dio una muestra de por qué no pueden ser sus cuidadores y yo, en lugar de mantenerme firme y protegerla, hice lo que llevo haciendo desde que la peque llegó a casa: empatizar con su madre y su padre en lugar de empatizar con ella. Pero ya basta.

Esquivaré los golpes, mami– me dice con tan solo 7 años recién cumplidos. No, mi vida, no vas a esquivar más golpes, al menos los que yo pueda parar.

Perdóname Y***, es todo tan difícil y nuevo para mí. No me abruma la responsabilidad, es solo torpeza e inexperiencia.

Mamá V*** sencillamente no sabe cuidarte y por alguna razón o por muchas nadie de tu sangre ha sabido, ha podido o ha querido asumir el deber de hacerlo. Esto es algo que tengo que grabármelo a fuego en esta mente testaruda mía. Tengo que entenderlo de una vez por todas: no saben cuidarte, no pueden hacerlo, por eso yo estoy en tu vida y ha llegado el momento de asumir por fin este papel.

 

Feminismo en EL País Semanal

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Andrea Momoitio, subdirectora de Pikara, retratada por Cristina López

El País Semanal del domingo pasado estuvo dedicado a las mujeres y en él aparecieron varios reportajes sobre  activistas feministas y proyectos similares. En este enlace os dejo la edición digital del espacio en el que se hablaba de Pikara y de mi trabajo y en este tenéis la edición en papel en PDF.

Divertido ver como se trata el tema de los derechos y libertades de las mujeres y encontrarte, en cada imagen de publicidad, una señora muy canija y con cara de estar pasando mucha hambre. En fin… publicaciones machas. No todas las revistas van a ser como Pikara.

Las infiltradas feministas y autoras del reportaje han sido las compañeras María R. Sahuquillo y Cristina López.

La mujeres no podemos

Iglesias-economico-realista-PP-PSOE_EDIIMA20141127_0846_13No, we can’t. No podemos elegir entre el binomio izquierda-derecha, no podemos, no debemos volver a hacernos esto a nosotras mismas. Es una violencia histórica, antigua… tan antigua como el hombre. No hay vía hacia el feminismo desde ninguna de las dos posiciones políticas y esto es algo que el feminismo debe entender de una vez por todas.  El discurso izquierda/derecha es reduccionista e invisibiliza la lucha de las mujeres. Hay que acabar con él y partir del feminismo como herramienta de lucha básica. Las reglas las ponemos nosotras o no se juega. Todo lo demás es hacerles la cama a ellos. Basta leer un poco de historia para darse cuenta, no hay revolución de izquierdas que no haya sido una estafa para las mujeres… y lo peor de todo es que muchas feministas están volviendo a caer en esa mierda.

Tengo claro que lo mejor que hay en Podemos son sus mujeres y, más concretamente, sus feministas. Y al mismo tiempo tengo claro que el trabajo de esas feministas está siendo obviado y ninguneado por la cúpula de un partido machista como el que más. La foto de Pablo Iglesias con los dos patriarcas economistas detrás lo dice todo. Y las propuestas de igualdad que han hecho dicen aún más si cabe.

1385745_10152844868164785_5413528506690847576_nFeminismo radical de base con transversalidades de clase, raza, diversidad funcional, ecología, etc. Esa es la única vía. Cuando hago estos planteamientos, las mentes resumen, adaptan para poder entender y sueltan:

ARGUMENTO  1:“¡Qué fascista es lo que acabas de decir!”. Porque si no es blanco, claro, es negro. No comprenden que no me dé la gana elegir entre las dos caras de un binomio patriarcal.

ARGUMENTO 2: “¿Y se te ocurre algo mejor? ¿Por qué no aportas ideas en vez de criticar a las que luchamos contra el capital?”. Claro que se me ocurren ideas, de hecho estoy llena de ideas, propuestas, planes que expongo en este blog, en conferencias, en talleres… dedico mi vida a luchar contra el capitalismo. Y también contra su aliado, el patriarcado,  pero el de derechas y el de izquierdas.

ARGUMENTO 3: “Muchas de las herramientas que usas en tus planteamientos son de izquierdas” claro, porque reciclo, me inspiro, aprendo y, finalmente critico y elaboro mi propio pensamiento. Pero que haya elementos reciclables en la izquierda no lo hace una corriente respetuosa con las mujeres y su lucha.

Da pena ver como las mujeres, las propias mujeres, etiquetan, enmascaran y colorean la violencia y las demostraciones públicas machirulas en nombre de la lucha antifascista. Un ejemplo de esto que hablo es el fútbol, por eso me cago en el ese deporte,  me cago en él como instrumento de violencia machista de masas, como justificación de usurpación de espacios públicos por la masculinidad, como enmascaramiento de violencias patriarcales y como uso de ideologías políticas que esconden  agresiones machistas en toda regla.

Los colectivos de izquierdas están llenitos de machirulos deseando medirse las pollas con los fachas ¿Qué hacemos, mujeres, les pasamos el metro o nos liamos a cortárselas a unos y a otros? Estos “camaradas con complejo de Jonh Wein”  no me representan, no son héroes, ni compañeros. Estos tíos no quedan para pegarse con los fascistas porque crean en un mundo mejor, quedan para demostrar que son más machos. De hecho entre sus insultos favoritos están “maricón” y “puta” y quien no se lo crea que se vaya a un estadio un domingo y espere fuera.

Todos los sistemas comunistas han sido ejemplos de un machismo estructural brutal y es importante darnos cuenta de que ese machismo parte precisamente de los planteamientos teóricos que obvian el análisis de género e incluso lo niegan. Hace poco leí  a Gisela Zita Pérez Danczi, en Facebook algo así como: “Meterse en un grupo comunista o anarquista para introducir en él el feminismo es lo mismo que meterse en el Ku Klus Klan para intentar meter el respeto a los negros: una contradicción”. Creo que todo este post puede resumirse en esa frase.

El feminismo debe dejar de ser condescendiente con la izquierda porque ese ha sido el cáncer de la lucha de las mujeres: el aportar nuestras energías a los intereses de estos “camaradas” que tenían y tienen objetivos patriarcales como los que más.

Yo estoy, sencillamente, del lado de las mujeres. A menudo, cuando suelto cosas del tipo “las mujeres somos menos violentas que los hombres” o “las  mujeres follamos mejor que los hombres” siempre hay alguien que me viene con…

ARGUMENTO 4: “¿Y entonces las mujeres trans?”… ¿Pero qué mierda de pregunta es esa? Las mujeres trans son mujeres y punto. Es como si alguien me preguntara ¿Y entonces las mujeres rubias?”. La masculinidad es una performance, es un rol que asumimos o no según se nos facilita, obliga o elegimos, dependiendo del caso. Y hacer performance de la masculinidad es hacer performance del elemento que asume el poder y la violencia en el patriarcado.

Que ponga verde a Podemos y no significa que no me pueda ir vinos con sus feministas, porque nosotras lo valemos y estamos por encima de enfrentamientos machos. María del Río es una de las muchísmas feministas potentes que luchan porque la voz de las mujeres se abra paso en las nuevas opciones políticas.
Que ponga verde a Podemos y no significa que no pueda irme de vinos con sus feministas. Nosotras estamos por encima de enfrentamientos machos. María del Río es una de las muchísimas feministas potentes que luchan porque la voz de las mujeres se abra paso en las nuevas opciones políticas.

El caso de los hombres trans, es para mí, en cambio, un asunto diferente porque ahí sí hay subversión: es la asunción del poder a través de un cuerpo que había sido predestinado para la sumisión, pero es el único caso en el que acepto la masculinidad como aliada del feminismo.

Por todo ello mi lucha está del lado de las mujeres y punto, me da igual que sean mujeres trans, rubias o bizcas. Por supuesto que no obvio la crítica a  las teorías de los feminismos blancos y de clase alta, pero como transversalidad y sin obviar que el terrorismo machista afecta a todas, si bien a través de vías diferentes y nunca por igual.

La base de mi lucha es y será siempre la unión entre mujeres y mi enemigo cualquier ser humano que asuma la performance de la masculinidad como instrumento de poder y no como subversión.

Cirugía, libertad y venganza

Sara Carbonero. Foto de http://www.televisionando.es/
Sara Carbonero. Foto de http://www.televisionando.es/

Vaya por delante que hace siete años, en un hospital gringo, me rajaron el vientre de lado a lado y me sacaron a mi hijo. Mientras me cosían se acabó la anestesia. Y esto es solo el resumen de lo que fue el peor día de mi vida. De hecho, las violencias sufridas durante esos días de hospital, así como sus consecuencias emocionales y físicas, fueron numerosas. Algunas de estas consecuencias ya han sido restauradas y superadas, otras no sanarán nunca. Digo esto lo primero porque para mí es fundamental la posición desde la que se habla y no quiero que nadie venga a decirme: esto lo dices porque no sabes lo que se puede llegar a sufrir en un paritorio. Yo lo sé, yo fui torturada en un paritorio y lo hicieron todo “por mi bien”. Así que si algo de este artículo te ofende, o no estás de acuerdo en alguna cosa que escribo, usa cualquier argumentación para rebatirme menos la de “no sabes de lo que estás hablando” porque resulta que sí lo sé. Si eres hombre, simplemente, no opines, que como este es mi blog, no te voy a publicar el comentario. Bueno, a lo mejor sí, ya veré por lo que me da (normalmente funciona que me hagas la pelota).

Dicho esto quiero volver a la misma pregunta que hago siempre: “¿Por qué cuando una mujer es discriminada por una razón da por sentado que no es posible que esta sociedad discrimine a otra por la razón contraria? Es más ¿Por qué creemos en los contrarios? ¿Por qué seguimos pensando en los binomios patriarcales como en figuras descriptivas de la realidad? Como si hubiese solo una realidad… o peor aún si cabe, dos realidades encontradas.

A mí me rajaron. Yo vomitaba, me desmayaba y me despertaba para seguir vomitando mientras un grupo de señorxs metían sus manos en mis vísceras para sacar a mi pequeño. Tardé años en superar aquello. Durante un año no pude acercarme a una ventana con mi hijo en brazos porque pensaba que yo misma iba a arrojarlo al vacío (parí en un rascacielos). Sé de lo que hablo cuando digo las palabras “violencia obstétrica” pero eso no me hace caer en la estupidez de pensar que la mujer que decide, por las razones que le salga a ella del coño, programar una cesárea, es tonta o mala o no sabe lo que hace o la están engañando o es víctima de una sociedad que la oprime o la presiona. Dejemos que cada mujer haga con su vida lo que le dé la gana ¿es tan difícil de entender? Yo no comprendo cómo es posible que no nos demos cuenta de la diferencia que hay entre estas dos opciones (toma binomio):

OPCIÓN 1- Desentendámonos de las violencias patriarcales y llamemos “libre decisión de las mujeres” a la “imposibilidad de elegir”.

OPCIÓN 2- Luchemos cada día porque las mujeres tengan un mayor acceso a la información sobre cualquier proceso sanitario, político, social, etc. y porque las opciones sean cada vez más. Una vez hecho esto respetemos siempre la libre decisión de las mujeres y no las tratemos nunca con paternalismo diciendo “ha tomado una decisión diferente a la mía porque no estaba bien informada”.

Por alucinante que nos pueda parecer las personas somos diferentes unas a otras, tenemos vivencias distintas, proyectos distintos, ideas distintas, valores distintos, formas de amar distintas y todo ello, entre otras cosas, influye en los procesos hormonales, por ejemplo. Decir que una mujer que programa su cesárea es una irresponsable, está desinformada o es una mala madre, es lo mismo que decir que una persona que ha decidido transformar su cuerpo para realizar una transición de hombre a mujer o viceversa, está siendo sometidx a presiones patriarcales que  nos imponen el binomio de género hombre /mujer.

Cada vez que una famosa programa su cesárea y se realiza una liposucción llega la horda de biomadres ofendidas pensando en la pobre criatura que no ha tenido la oportunidad de nacer por la vagina, que verá dificultada su lactancia y que blablablá. Ay, omá, yo desespero. Menos mal que las shakiras de turno ni se enteran de estas críticas, es lo que tiene estar “por encima”. Pero querida biomadre, quizás esas mujeres, gracias a esas liposucciones, van a ganar una pasta gansa con la que van a pagar a gente que harán todas esas cosas que a ti y a mí nos impide pasar más tiempo con nuestros hijos (limpiar el cuarto de baño, cocinar o pasar 8 horas diarias delante de un ordenador). También puede que con esa pasta les paguen colegios estupendos (quien sabe, lo mismo de esos de enseñanza libre, con mucho césped y margaritas). O puede que, simplemente, pasan de sus hijxs, pero a lo mejor tú que no te la has hecho una cesárea programada, tampoco eres un ejemplo de nada. Así que dejemos de criticarnos entre nosotras, el enemigo es otro.

No entiendo el purismo naturalista, el esencialismo de creernos seres perfectos corrompidos por la sociedad, como si no fuese natural ser sociales. Cómo si fuese posible no estar influidos por la sociedad. No hay nadie puro, eso es mentira, porque si hay algo real en nuestra esencia es que somos seres sociales.  Somos biológicamente sociales y socialmente biológicos. Somos naturalmente artificiales y artificialmente naturales. La ciencia es otro terreno a poner a nuestro servicio. Para mí el empoderamiento no está en condenar una cesárea, sino en difundir información sobre sus consecuencias y dejar elegir sin juzgar a nuestras congéneres.

Y esto mismo es aplicable, por ejemplo, a la cirugía estética, a los tacones altos, al matrimonio por dinero o a la depilación o a cualquier elemento que sea utilizado como violencia machista. Creo que debemos luchar para que las mujeres podamos tener el mayor número de opciones, pero esa lucha no debe acabar en “cómo es posible que elijas eso, pudiendo escoger lo otro”.

Por otro lado me pregunto si esta historia del “mayor número de opciones” no es una idea un pelín capitalista.