Autor: aliciamurilloruiz
Doña Perfecta
telita para ella. La segunda, impostora, se lanza en cambio al otro lado de cabeza. Luego el espejo se rompe y acaban ambas con la piel cortada en tajos sangrantes, tinta vieja brotando a litros y yo tirada en un sofá mirando el techo y preguntándome, una vez más, en qué me he equivocado. A la larga sale rentable, al menos a medio plazo. Así aprendí a cantar, respiré en tres continentes, me mezclé con sus gentes e incluso viví vidas de otras personas, vidas que el destino se empeñó en esconderme y que yo conseguí encontrar. Aunque, hoy por hoy, no puedo por menos que preguntarme si realmente era yo la que vivía todas esas vidas, me pregunto incluso si alguna vez tuve el valor de vivir si quiera mi propia vida, la única que me pertenece por derecho y deber. Hoy por hoy me he dado cuenta del engaño, me he hecho trampas a mí misma. Sin dramas ¿eh? hay cosas peores. Será el niño, que me ha hecho responsable, pero ya no puedo seguir así. Ahora voy a vivir en preescolar, empezaré por hacer palotes en una cartilla nueva y sin borrones, algo sencillito, con mis padres cerquita y en un país con seguridad social, derecho al voto y aparente igualdad. Cuando ya sepa hacer eso, me vuelvo a complicar si me apetece, pero eso sí, a partir de ahora, aquí mando yo.Concierto conmemorativo del XV aniversario de Arte Factum en Sevilla
Datos del concierto: ARTEFACTUM: XV ANIVERSARIO
Fecha: Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 21:00
Lugar: TEATRO LOPE DE VEGA, AVDA Mª LUISA S/N Sevilla Tel. 954590867
Venta de entradas: http://www.generaltickets.com/
Información más detallada: http://www.teatrolopedevega.org/index.php/events/view/119


Bárbara Sánchez, gracias por visitarnos
Con ella las conversaciones fluyen y los silencios se respetan con rigurosa armonía. Al oírla, su dolor es el tuyo propio y su relato te corta la respiración. Al mirarla, sabes que quien tienes delante es especial, no porque lo sea al compararla con los demás, sino precisamente porque brilla por sí sola, porque Bárbara es única ¿Sabéis qué quiero decir? ¿Conocéis a alguien que haya hecho de su vida una metáfora tan intensa que no puedas por menos que acariciar su llanto y su risa de nítida que te parece la explicación de su vacío?
Bárbara Sánchez, como siempre, ha sido un inmenso placer tenerte en casa estos días, tu presencia es siempre una inspiración.
Google traidor o de cómo me volví prudente
Me recuerdo despeinada, desnuda y enajenada en una cama en Edimburgo diciéndole a un desconocido yo no me voy a casar nunca pero, de hacerlo, lo haría contigo. Recuero, meses más tarde, una china en chándal diciéndonos, como en un conjuro, abracadabra pata de cabra, por el poder que me otorgan los EEUU de América yo os declaro marido y mujer. Y a mí me pareció que aquel rito de chufla de repente cobraba una pizca de mágico y se me saltó una lágrima que ahogué pensando ni de coña lloro, a ver si éste se va a pensar por un momento que yo no soy una feminista anticonformista convencida, completamente en contra del matrimonio en cuanto que lo considero una institución castrante y burguesa…
Me recuerdo así, hoy. Al otro lado del espejo me veo siendo la misma sin serlo. Qué estúpidos/as solemos vernos en el pasado, con cuánta soberbia nos miramos en el presente como mejores sin darnos cuenta de que es sólo una cuestión de tiempo volver a ser otros/as, más sabios, haciendo de los/as que somos hoy unos/as nuevos/as necios/as. Yo no había vivido nunca en una dictadura y volvía del cabaret de Broadway cabreada porque las drags no me habían dejado ponerme una foto de Bush en el culo en el número de la muñeca mecánica. Hoy en cambio no escribo en mi blog el nombre de quién manda en el país donde vivo porque Google es un traidor y no quiero que la censura encuentre este lugar dónde me callo más que cuento y a pesar de todo, con lo poco que cuento, ya me la juego, y lo peor, hago que Iván se la juegue.
Uno, dos y tres, yo me calmaré, todos lo veréis
Los niñatos de abajo se han puesto a jugar otra vez con la dichosa pelotita en la plazoleta. No sé cuantas veces se lo he dicho ya, ahí no se juega, que hay niños pequeños… pues nada, me han pegado un señor balonazo en la pierna derecha… y encima, cuando les he preguntado amablemente que de qué iban y les he animado a practicar tan noble deporte en el salón de la casa de sus respetables progenitores, se han descojonado en mi cara, que yo no sé dónde está llegando esta juventud. Cuando yo tenía su edad, en lugar de andar por ahí dando por saco con balones y faltando al respeto a los mayores, me dedicaba a cosas mucho más interesantes como a descubrir el sexo con mis compañeros de pubertad, protestar por la destrucción del Amazona o pelearme con mi padre. Me han dado tal golpe que me he quedado con la pierna hecha un puré. Por cierto que Iván, aunque pueda parecer mentira, hoy no ha hecho historias y se ha tomado todito el puré de calabaza. Últimamente anda rarillo, llora siempre de noche y de día desobedece y dice mamá. Lo que quiero decir es que sólo dice mamá. Lo dice de una manera insistente, cabezona, exasperante e infinita. No es mamá, es más bien algo así como ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma-ma… Con la ilusión que yo tenía de que aprendiera a decir la dichosa palabrita de dios. ¿Se callará un día? ¿No tiene un padre que lo adora? ¿Qué tal pa-pa-pa-pa-pa…? Pues no, mamamamamamamama… O sus variantes mamá aquí, mamá aquí, mamá aquí, mamá aquí y también en italiano mammamammamamma… quién me mandaría a mí a enseñarle idiomas que ni tienen salida ni nada… los niñatos de abajo me han tocado las narices con la pelotita, no sé cuantas veces les he dicho que no es sitio para jugar. Y David con las retahílas y los 30º C en pleno octubre (juro, es cierto). Pero David con las retahílas es que de verdad que no, es que es mucha tela, qué pesaito se pone dios mío de mi alma ¿No queréis un marido listo? Lo regalo. Eso me pasa por pedante, que siempre me han puesto los tíos leídos y esos, con el tiempo, terminan teniendo razón y después a ver qué haces con un marido al que tienes que darle la razón. Porque vive con la razón y conmigo, en casa somos cuatro: Iván el fatiga, David, su razón y servidora pegándose un post-it en la puerta pa que no se me olvide reírme.
¡Qué bueno!
Tu imagen
Esta tarde pensé en mis treinta y cuatro años contigo. Pensé entonces en el resto de mi vida, quizás más de treinta y cuatro años, sin ti. Un día hablaré con alguien que no te conoció y tendré que decir que hace veinte o treinta años que ya no estás. Serás entonces, para quien escucha, un espejismo, mientras que dentro de mí tu presencia aparecerá nítida, certera, tibia y precisa.
Esta mañana pensé en tu impacto en mi vida y en el impacto de Iván en mi vida. Pensé también en el impacto de Iván en tu vida, de cómo su foto fue lo único que te hizo sonreír en el hospital, de cómo los últimos meses sólo hablabas de él. Pensé que por más que yo le explique cuando sea mayor, tú serás para él sólo un nombre, una historia. Pensé en cómo vuestras vidas se cruzaron a través de la mía, cómo ambas están íntimamente unidas y cómo en cambio seréis ya para siempre sólo dos extraños.
Yo volvía de cada viaje (hoteles, océanos, meses, giras…) y sabía que al abrir la puerta te encontraría sentada, al final del largo pasillo, como siempre. Una vez te encontré de pie, el entusiasmo te hizo esperarme detrás de la puerta, yo traía a Iván en los brazos ¿A qué es bonito, abuela? Ahora, en mis retornos, encuentro sólo tu butaca vacía.
Me he dado cuenta de que a medida que pasan los días se aleja la posibilidad de hablar de ti de manera inmediata. Tengo en casa una fiambrera que aun no te he devuelto, pasarán los meses y se mezclará con las demás. Hace ya mucho que no hablamos por teléfono. Primero intenté inútilmente entender. Después me sumergí en la aparente normalidad de lo cotidiano, se trataba sólo de vivir sin ti. Hoy, en cambio, no estás. Pero hay algo que me hace feliz en este llanto que, últimamente, me sale al encuentro cuando menos e lo espero, como si de un atracador se tratase, esperando detrás de cualquier esquina, con su navaja y su intención. Es un llanto mío que me hace estar tranquila, me acuna, me acaricia como lo hacías tú, sin dar soluciones a nada. Creo que al llorarte te siento más cercana y me doy cuenta de que no me inventé nada y de que seguirás queriéndome y seguirás queriendo a Iván mientras yo siga acunándome en el llanto por tu muerte, por tu vida.
Como volar en bicicleta
Manda el aire hacia la barriga, la boca bien abierta, no bloquees la mandíbula… y yo: no puedo pensar en tres cosas a la vez. Y ella: te aguantas y te concentras, es normal que te líes, ya te saldrá todo mecánico un día de estos, cuando menos te lo esperes. En realidad siguen apareciendo los errores y son tan tontos como los del primer día, es sólo que ahora no me hace falta nadie delante para reconocerlos y, además, aparecen menos frecuentemente. Cantar es como ir en bicicleta, por muy bien que lo hagas te puedes caer en cualquier momento, porque el camino está lleno de piedras. Es sólo que ahora, cuando canto, la voz hace
que se pare la cuenta atrás. Ahora sí es diferente, es cierto, sale todo de manera mecánica, la mandíbula relajada, la boca bien abierta, el diafragma flexible pero implacable, ahora sí que sí, ya no hay otro modo más que ese, cantar sin técnica es lo que hoy me sería imposible. En un lado del espejo estoy cantando algo de eso que me compran y que me gusta (Ellington, por decir algo). Mi voz sale con la ilusión de siempre pero encuentra sólo oídos franceses con un alto nivel de alcohol circulando por el tímpano. Es ahí donde me vuelvo pija y soy incapaz de reírme de mí misma. Es ahí cuando me vuelvo peligrosa y los quiero matar a todos, o al menos cuando quiero que les pasen cosas malas. En seguida me arrepiento pero por algunos momentos su debilidad se me hace vulgaridad. Criaturas, qué culpa tendrán ellos. En el otro lado del espejo estoy cantando algo de eso que no me compran y que me gusta, cualquier cosa (Caccini, por decir algo). Suelo estar sola o bien acompañada, mi voz sale con ilusión y con mucho swing y yo de tanto pedalear termino como el niño de E.T.: porque cantar es como montar en bicicleta en una película americana de los 80, cuando menos te lo esperas sales volando.






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