En el País de las Maravillas

Dentro de mí, donde nadie me sabe y todo sabe a lo que yo quiera. Encerradita. No me queda otra, creo que no soy yo la que elije venir a este lugar. Ya vuelvo, sólo un ratito, no es nada grave. Si os apetece, ahí os dejo a Aziza Mustapha, por si andáis como yo. Serán cosas de primaveras o de inviernos largos.

Feliz día de la mujer a todos/as

Manifestación feminista en Turquía

Lamento muchas cosas. Lamento de veras que muchos hombres entiendan el Día Internacional de la Mujer como un Día Internacional Contra el Hombre. Siento mucho que aún haya quien crea que feminismo es el término antagónico de machismo. Me pone triste y me cabrea, escuchar decir eso de las mujeres del primer mundo ya lo tenéis todo conseguido porque considero tal afirmación insultante, sexista, xenófoba y, sobre todo, falsa. Lamento que haya quien piense que el Ministerio de la Igualdad es un ministerio creado para discriminar al hombre. Creo que es una pena que haya quien crea que los problemas de las mujeres en España no son urgentes y pueden esperar. Siento mucho ver que poquísimos hombres han sabido celebrar este día como se debe: con alegría, camaradería y reflexión.

Pero también celebro. Celebro la complicidad entre las mujeres y celebro que haya hombres capaces de apreciarla, admirarla y compartirla. Me gustan los hombres tiernos, me gustan los hombres rudos, me gustas las mujeres valientes, me gustan las mujeres con miedo. Porque me gusta y celebro que cada cual, independientemente de su sexo, pueda ser uno/a mismo/a. Celebro el Día de la Mujer porque soy mujer y porque soy feminista y me gustaría hacerlo con todos/as aquellos/as que cada día del año dirigen sus esfuerzos a que desaparezcan las injusticias entre los géneros. Hoy celebramos todos los logros y también los esfuerzos de todos/as aquellos/as que creen en la igualdad entre hombres y mujeres.

Fotografías de Varuna Mateo para el Día de la mujer

Con motivo de la celebración del Día internacional de la mujer, se celebrará en Valencia una exposición colectiva de fotografías. En ella participará mi amiga y gran fotógrafa, Varuna Mateo.
Os dejo parte del reportaje que realizamos la semana pasada. Algunas de estas fotografías son el trabajo que dicha artista aportará al evento.
Ha sido un placer ser retratada por ti, Varu, te doy las gracias por haberme dado la oportunidad de participar y te invito a que dejes los datos de la exposición (fechas, lugar, etc…).
Un abrazo a todos/as.

Los pies de H

Le perdimos la pista al pequeño H en la comisaría de Jma Fna, el funcionario dijo que nos había enviado Alá y que a la mañana siguiente lo llevarían al juzgado de menores a las 10 de la mañana, si quieren saber en qué centro ingresará pásense por allí. Y allá que fuimos pero nadie más fue. Ni H, ni el funcionario, ni el juez asignado.
Yo me pego mis llantinas. De hecho el día de la comisaría me dieron dos o tres. No me sale costra así que desahogo y ya. Los demás no desahogaban y me consolaban pero al final eso es peor, creo yo, porque ahí que estaba Varuna mandándonos mails desde España estos últimos días, contándonos de su insomnio y desesperada de preocupación. En realidad tampoco nosotros se puede decir que hayamos dormido como bebés, pero lo bueno de los berrinches es que, aunque te dejan borracha, son una especie de dinamo. Seguimos visitando el juzgado, preguntando por los despachos, a los bedeles, a las señoras de centralita… en Marruecos siempre queda la grandiosa esperanza de la generosidad del desconocido. Como último recurso deslizamos una nota por debajo de la puerta del despacho de juez en cuestión, por favor, póngase en contacto conmigo. Recibí su llamada a las pocas horas y nos dio cita para el día después, pero no nos hizo falta acudir. (Suspiro). El caso es que ayer por la tarde iba camino de la guardería, a recoger a Iván, y me encontré con H que se comía un bocadillo de caballa sentado en el suelo. Busqué un traductor espontáneo: primero un señor elegante que, tras examinar de arriba abajo al pobre H, determina que está muy ocupado y que no puede ayudarme; segundo, claro que sí señora, dígame qué quiere que le diga. Voy a aprender dariya aunque sólo sea por dejar de parecerme a los franceses ricos y a su puta madre. Y no será que a estas alturas de mi vida me voy a volver clasista y xenófoba. Dice el traductor que H estuvo tres días en un centro de menores a 60 km. de Marrakech yo la conozco a usted de la cafetería, la he visto a veces allí, el chico se ha escapado del centro, se vino haciendo autostop, dice que no quiere estar allí, que prefiere la calle, es triste la historia ¿Está usted casada? No se preocupe no va a dormir en la calle, va a casa de su abuela. H, qué desastre ¿Por qué te has escapado? Ya se lo he dicho, prefiere la calle, la señora dice que si necesitas algo, dice que sí, que unos zapatos.

Se cambia canción por masaje en los pies

Billie Holiday cuenta que, cuando iba de gira, la orquesta tenía que llevar a una cantante blanca para sustituirla porque en algunos clubs no le permitían la entrada. Aquí en Marrakech no hay segregación racial a nivel legal porque parte del capital está en cuentas a nombres de marroquíes, pero nunca vi a un camarero blanco y los artistas europeos estamos mucho mejor pagados/as que los magrebíes y los negros. En general la original posición social de los músicos de jazz durante la primera mitad del s. XX en EEUU se repite hoy en África: al lado del poder, esclavos del poder.
Una vez alguien me dijo que los/as músicos/as estamos siempre sentados en la misma mesa que los más poderosos recibiendo el trato de los criados. Y es una gran verdad. Después de 20 años dedicada a este mundillo aún me encuentro en situaciones como las de hoy: un cliente que me ofrece dar un concierto a cambio de alojamiento y cena en un hotel de lujo. Debe pensar que las cantantes somos como esclavas, trabajamos por comida y techo. Y no importa cuál sea mi CV, ni mis méritos profesionales, hay una máxima que no cambiará jamás: mientras más pasta y/o más prestigio tiene un cliente, peor tratará al artista.
Sin embargo puedo y debo decir mucho en contra de mi gremio. El dinero nos pasa por delante de las narices, nos acaricia el hocico y desaparece en los bolsillos de los/as empresarios/as. Eso pone muy nerviosos/as a muchos/as de mis compañeros/as que se vuelven pelotas, viscosos/as lameculos sin dignidad capaces de cualquier cosa por un contrato o, incluso, una mísera propina. No sabemos lo que significa la unión profesional y cada cual piensa exclusivamente en sus propios intereses.
Tengo un amigo guitarrista que cuando habla con las clientas sonríe como aquel teleñeco de los 80 y dice “madame” cada vez que termina una frase, aunque la mujer esté tambaleándose y haga muchas horas que haya dejado bien claro que no es una “madame”. He visto a otros/as perder la dignidad en cenas con políticos mendigando giras o dejarse el tabique nasal compartiendo noches locas con mafiosos. Y después está la cama, moneda de cambio valiosísima para ellos, los directores de las óperas, y ellas, sopranos soñadoras… por todo ello, a veces, me encanta estar en paro o ganarme la vida escribiendo artículos de Historia.

Casi todo

Me peinabas con la cola de caballo, me hacías un bizcocho, me disfrazabas de paje, me acompañabas al colegio, me preparabas la merienda, me contabas un cuento, dormíamos juntas, tu hermana- dijiste– ha nacido esta noche, me enseñabas las fotos de cuando vivías en África, me contabas las cosas de cuando papá era chico, me compraste unas telas rosas para que jugara con las primas, nunca te enfadabas, me dejaste de herencia la lágrima fácil y la dirección cardiaca, me serviste de ejemplo, nunca me juzgabas, te echo de menos, soy lo que soy porque tú fuiste, no conocerás a Lara, siempre estarás en mi corazón, cada niño que aprende algo en mi clase eres tú que no aprendiste en un convento de monjas a las que no les guardaste rencor, no podías escuchar las telenovelas porque yo estudiaba piano, Fátima eres tú, te echo de menos ¿lo he mencionado?, eras posesiva, eras egoísta, eras insegura, sólo sufrías por amor, sólo eras feliz por amor y este aire de primavera norteafricana ha hecho abrir ya los azahares. Los azahares eran nuestros. Hoy he puesto tu nombre en Google, para ver qué salía, creo que esperaba encontrar una web donde aparecieran tus datos personales, los actuales digo, la dirección y el teléfono donde poder localizarte, hoy día publican páginas para casi todo. Casi todo. La otra noche te imaginé en un lugar lejanísimo donde habías llegado a ser lo mejor de ti, ojalá estés bien.

Las tatuadoras de Jma Fna

Cada lágrima, cada sonrisa, cada esperanza, deja su rastro en forma de línea o monte, todo está escrito en las manos. Ellas son un mapa de nuestro pasado y una hipótesis de nuestro futuro. Las tatuadoras de la plaza Jma Fna lo saben, porque son mujeres mágicas que trabajan de noche en aquel lugar que no es otra cosa que el epicentro mismo de un agujero negro, una acumulación de materia y energía que absorbe para siempre el corazón de los transeúntes que la pasean, siempre que la posean, claro está. Quiero retratarte con las manos y los pies tatuados de henna, me dijo ayer mi amiga y fotógrafa Varuna Mateo, así que allá que nos fuimos, a la plaza más hermosa del mundo, a encontrarnos con las verdaderas y únicas magas del lugar: las tatuadoras. Son las cármenes de Marrakech, las cigarreras de la Medina, porque ellas se ganan su buen dinero, dicen palabrotas y no tienen que rendirle cuentas a nadie ¿Qué las cubren los velos? Sí, igual que a nosotras, las liberadas europeas, nos depilan el coño con cera hirviendo. Quien esté libre de pecado que arroje la primera prepotencia.
Después de acordar el precio (tú serás de Daoudiate pero yo nací en Triana) pagamos, a cinco veces menos de la cifra inicial, cuatro tatuajes, pies y manos. De repente me convertí en una inválida. Hay que esperar media hora marroquí (70 min. europeos) a que la henna se seque, estaba físicamente atrapada entre los tambores y los perfumes de aquel lugar del que no pienso hablaros porque si no has visto Jma Fna ¿Para qué voy a contártelo? Y si ya lo has visto ¿Para qué voy a contártelo?. La conversación empezó a fluir en cuatro o cinco idiomas que se mezclaban con descaro y sin ánimo alguno de respetar a la Real Academia, por machista y retrógrada, y porque lo que queríamos era saber las unas de las otras, no, ella no se hace el tatuaje, las mujeres en España no respondemos ante los maridos, respondemos ante los jefes y ésta tiene que ir a trabajar el lunes, así que no se tatúa. Pero al final hasta Varuna salió dibujada porque la noche de ayer fue nuestra. En menos de diez minutos se corrió la voz de que había una extranjera que sabía leer las manos y de repente nos vimos rodeadas de una decena de mujeres que esperaban su turno para que yo les dijese lo que iba a ser de sus vidas. El mundo al revés, nadie entendía nada, los hombres se quedaban mirando el cuadro: la guiri tatuada como una bereber leyendo palmas en medio de la plaza. De guasa les pedía dinero y les disparaba las mismas cifras astronómicas que ellas me habían intentado colar antes. Unas carcajadas y algunas lágrimas, ay, A, pero ¿Qué vida has llevado tú hasta hoy? ¿Cuánto dolor me cuentan estas manos? Y tú Z, no te preocupes, que te vas a poner buena, sí, J, él te llamará pronto, vas a ser muy afortunada en el amor, ja, ja, ja, otro descojone, ¿A esta que le va a salir novio? Pero si no tiene dientes…lo siento yo me remito a lo que está escrito.

Y estaba escrito que allí había mucha fuerza, pulgares enormes característicos de las grandes personalidades, de gente dueña de sus vidas y hasta tres emes llegué a encontrar (en 10 años de quiromante aficionada habré visto un total de cuatro o cinco). La eme de magnifica sólo las poseen los/as que cuentan con capacidades extraordinarias, genios, héroes y heroínas…
Al final, todo eran achuchones y besos, insistían en tatuarnos gratis pero ya no teníamos dónde… por ahora… las mujeres, sólo tenemos dos manos.

Burocracia existencial

La ventanilla de turno siempre está rodeada por una montaña de personas que agitan sus documentos al aire y llaman la atención del funcionario que sea gritando mucho. Se empujan porque aquí el tocar a alguien no es malo. Es una cosa que a los europeos nos cuesta mucho entender. Desde pequeña me dijeron que había que guardar el orden, esperar la cola y apartarme decorosamente de las personas para no invadir su intimidad. Pero en África no saben qué es la intimidad, aquí todo es de todos porque hay muy poco de cada cosa. Por eso, cuando fui a pedir el certificado de residencia y me dijeron que tenía que ponerme a agitar mi pasaporte enfrente de la ventanilla esa hasta que el funcionario en cuestión decidiera que me tocaba a mí, pensé ¿Cómo voy a explicarles a estas personas que yo estoy incapacitada educacionalmente para hacer una cosa así?.
Ayer acabamos en la comisaría de Jma Fna. Fuimos a dar parte del abandono del pequeño H, un chaval que nos encontramos mendigando comida por la calle. Le pregunté si quería venirse a DT, para estudiar y jugar al futbol, allí vas a estar muy bien, ya lo verás… dijo que sí pero el procedimiento legal nos obliga a llevar a los menores que deambulan por las calles a la comisaría central. Allí pasan la primera noche y después son trasladados a los juzgados donde se les asigna un centro de acogida. Y es así, te metes en el taxi con el chico, llegas a la plaza, pasas la puerta, preguntas por el responsable de menores y te despides del niño. Le dices todo irá bien, voy a ir a verte y lo mismo hasta soy tu maestra. Pero H va y dice que no, que él se creía que se iba a venir con nosotros a casa. Al final lo convencemos. Creo que está limpio, quiero decir que no esnifa cola, eso creo, eso lleva ganado. Ahí te quedas H, te he traído a la comisaría de Jma Fna, la pequeña Guantánamo la llaman. El señor K me dice que muchas gracias, que ha sido Alá quien nos envía, no se preocupe por él, lo trataré como a mi propio hijo y es eso precisamente lo que no me deja dormir porque aquí los padres muelen a sus hijos a palos, por su bien.

En el desierto

De vuelta en Marruecos, tras una especie de vacaciones en España. Me adormento allí, me olvido, encuentro de nuevo el placer de vivir, redescubro mi cuerpo, pienso en el teatro, sueño cosas… y apenas el avión aterriza de nuevo en Marrakech otra vez las historias que ni siquiera me atrevo a contar por miedo a saturaros ¿Qué pasaría si realmente escribiera todo lo que veo aquí? Supongo que la gente lee blogs para informarse o para divertirse o para pasar el rato o quizás para crearse una opinión. Hace unos días un lector me dijo no te entiendo, acaso no es la felicidad la finalidad de la vida. No puedo venir aquí a vomitaros toda la mierda de una sola vez, sería contraproducente, debo dosificárosla, por el bien de mi salud, por la resistencia de este blog y la constancia de sus cuarenta lectores diarios, por vuestro bienestar, por el mío, porque la información salga por fin, aunque sea poco a poco, de esta ciudad sitiada.
Yoani Sánchez no está sola. En Cuba son muchos los blogueros/as que se han unido para contar como están las cosas. En cambio aquí en Marruecos nadie habla, nadie canta, nadie sueña. Soy la primera en Google y eso es ciertamente triste. En realidad no soy la primera en los motores de búsqueda, soy sólo la única.
Ahora un mapa de fin de semana: un niño con el rostro marcado por las cicatrices de un incendio sonríe y vende clínex en la Av. Mohamed VI; en un semáforo dos adolescente me piden los yogures que llevo en la bolsa de plástico de Marjane; en la Medina una cría en harapos se agacha a recoger las palomitas de maíz esparcidas por el suelo (algún turista las dejó caer distraídamente, para ella son un tesoro); mis niños dibujan las puertas del orfanato; hacen falta zapatos; aún no he comprendido bien si lo que esnifan los críos por la calle es gasolina o cola…
Ya estoy en casa.