Los pies de H

Le perdimos la pista al pequeño H en la comisaría de Jma Fna, el funcionario dijo que nos había enviado Alá y que a la mañana siguiente lo llevarían al juzgado de menores a las 10 de la mañana, si quieren saber en qué centro ingresará pásense por allí. Y allá que fuimos pero nadie más fue. Ni H, ni el funcionario, ni el juez asignado.
Yo me pego mis llantinas. De hecho el día de la comisaría me dieron dos o tres. No me sale costra así que desahogo y ya. Los demás no desahogaban y me consolaban pero al final eso es peor, creo yo, porque ahí que estaba Varuna mandándonos mails desde España estos últimos días, contándonos de su insomnio y desesperada de preocupación. En realidad tampoco nosotros se puede decir que hayamos dormido como bebés, pero lo bueno de los berrinches es que, aunque te dejan borracha, son una especie de dinamo. Seguimos visitando el juzgado, preguntando por los despachos, a los bedeles, a las señoras de centralita… en Marruecos siempre queda la grandiosa esperanza de la generosidad del desconocido. Como último recurso deslizamos una nota por debajo de la puerta del despacho de juez en cuestión, por favor, póngase en contacto conmigo. Recibí su llamada a las pocas horas y nos dio cita para el día después, pero no nos hizo falta acudir. (Suspiro). El caso es que ayer por la tarde iba camino de la guardería, a recoger a Iván, y me encontré con H que se comía un bocadillo de caballa sentado en el suelo. Busqué un traductor espontáneo: primero un señor elegante que, tras examinar de arriba abajo al pobre H, determina que está muy ocupado y que no puede ayudarme; segundo, claro que sí señora, dígame qué quiere que le diga. Voy a aprender dariya aunque sólo sea por dejar de parecerme a los franceses ricos y a su puta madre. Y no será que a estas alturas de mi vida me voy a volver clasista y xenófoba. Dice el traductor que H estuvo tres días en un centro de menores a 60 km. de Marrakech yo la conozco a usted de la cafetería, la he visto a veces allí, el chico se ha escapado del centro, se vino haciendo autostop, dice que no quiere estar allí, que prefiere la calle, es triste la historia ¿Está usted casada? No se preocupe no va a dormir en la calle, va a casa de su abuela. H, qué desastre ¿Por qué te has escapado? Ya se lo he dicho, prefiere la calle, la señora dice que si necesitas algo, dice que sí, que unos zapatos.
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2 thoughts on “Los pies de H

  1. impotencia y solo impotencia.
    y sí, en los momentos donde no hay esperanza, una llantina es como la explosión final. y seguiremos durmiendo y H conseguirá sus zapatos nuevos..
    gracias Alicia por todo lo que has hecho.

  2. Es lo que hay. Desde un cierto punto de vista lo entiendo, la libertad es preciosa, sobre todo en la adolescencia, pero claro, nosotros podemos ver las consecuencias de la vida que está llevando y él no. No sé hasta que punto es capaz de darse cuenta de hacia donde lo están conduciendo estos actos. Marruecos sin estudios y/o preparación profesional es aún más duro.

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