Paralelas

Llevaba los ojos enrojecidos y un sombrero a lo Sinatra. Se tambaleaba y me dijeron que incluso dio varias cabezadas en el sillón. Es un chico joven y bastante guapo. Está ganando pasta porque conoce a casi todos los propietarios de los locales de moda de la ciudad, a los proxenetas y a los mafiosos (en Marrakech una misma persona puede y suele ejercer las tres profesiones al mismo tiempo). La noche mueve mucho dinero aquí y a él le gusta que pase por sus manos. A veces va a parar a sus bolsillos en forma de salario exagerado o propinas robadas a los/as camareros/as o a los/as músicos/as. Cuentan muchas cosas de él. Hablan de coca, de robos, de sus amistades podridas, de lo contento que está su jefe porque le llena el local todas las noches con gente que paga sin problemas por el champán. Me contaron que se va de putas y después de follárselas no les paga y las amenaza con llamar a la policía si no salen por patas rapidito de la habitación del hotel de lujo donde se encuentren. Llevaba los ojos enrojecidos, como siempre a las 9 de la noche, basta que caiga el sol, no hace falta esperar más. He venido a hacerte una propuesta de trabajo, Alicia, tenemos que hablar. Disimulo las nauseas y pienso en F.
F tiene cita con el oculista esta semana. Quizás haya que operarla. Parece una muñeca rota, con su parche en el ojo, sus gafas de cristales gruesos y la boquita sin sonrisa, desordenada y sin esmalte. Mañana voy a llamar al señor O para ver si me deja acompañarlos a la cita con el médico. Quiero montarme en el coche en el asiento de atrás, ponerle el cinturón de seguridad, tomarle de la mano y mirarla de cerca. Quiero verla para estar segura de que no es un espejismo.

Todos miran ambas cosas como si fueran independientes, como si de dos realidades paralelas, que caminan juntas sin unirse jamás, se tratase. Pero yo no puedo dejar de ver una botella de champán por cada niño descalzo, un sombrero de Sinatra por cada mujer golpeada, un monarca por cientos de miles de súbditos, un occidente inerte por un Marruecos.

Nochebuena

Hoy día 24 diciembre 2009, día de Nochebuena para los cristianos, Alá me ha hecho un regalo de Navidad, el mejor que he recibido en toda mi vida: me ha regalado una esperanza, una oportunidad. No te ilusiones y sobre todo no le cojas cariño. Hay que ponerle cinturón de seguridad al corazón ¿He sabido hacerlo alguna vez? ¿Podré aprender hoy? ¿Cómo no soñar con un final feliz?
F tiene una edad indefinida, un nombre de pila y un pasado triste. Yo tengo un sueño y tanto amor guardado para ella que mi problema será dosificarlo en el caso de que el quizás llegue a buen término. He pensado que un día podríamos leer juntas Momo, de Michael Ende, porque recuerdo que Momo tampoco tenía apellido ni edad, pero tenía esperanza. F está ahora dormida en una de esas camas del orfanato D.T. Los dormitorios son grandes y en cada uno hay alrededor de 20 camas. Ella estará allí, acurrucada, pensando en algo imposible de adivinar para mí, ahuyentando quién sabe qué pesadilla, disfrutando de quién sabe qué sueño. F no sabe nada de nuestra visita al procurador, de la esperanza que se ha abierto para su futuro y para el nuestro, no sabe que por fin hoy tuvimos el primer sí. Acabamos de empezar un lento proceso burocrático que no garantiza nada, que no debe darnos expectativas, que no debe ser una razón para tomarle cariño a la niña y todo eso… se le podrían poner todos los preservativos del mundo al corazón pero ésta es la vida que vivo yo y está llena de lágrimas y de esperanza.
Lo que quería contaros es que quizás dentro de unos meses vuelva a ser madre. Cruzad los dedos por F y por nosotros y quien crea que Alá existe, que le rece un padre nuestro por que todo salga bien y… ¡Dadme la enhorabuena, leñe, que estoy viviendo las Navidades más bonitas de toda mi vida!

El sexo, otro mundo masculino

A mí me gusta el sexo. Supongo que ni más ni menos que a cualquier persona. Me gusta y ya, tampoco vamos a montar una feria. Por otro lado soy feminista de convicción y acción y por todo ello os digo una cosa: ando francamente preocupada por la salud sexual de nuestra sociedad.

¿Cuántas veces las mujeres tenemos que escuchar decir eso de: …bah, venga ya, a las tías no os gusta el porno? No me gusta esa frase, no me gusta tampoco el tonillo con la que la suelen decir porque es un tonillo que viene a significar aquello de todo lo que no se ajuste a la sexualidad masculina es frígido, ñoño y demasiado romántico para ser divertido. La cuestión es: cómo va a gustarme el porno si cada vez que me siento a ver una película las mujeres son calificadas de zorras, guarras, putas… si en internet los títulos de las webs de sexo suelen ser cosas como petardas, salidas, puritanas, babosas y un largo etc. de adjetivos peyorativos punto com. Cómo voy a consumir porno si las historias tratan de mujeres ansiosas de cumplir los deseos masculinos cual esclavas entregadas a sus amos, si la sola parte del cuerpo de los hombres que aparece en las fotos suele ser el pene, si la historia acaba siempre con la eyaculación masculina, si no se respetan los tiempos de excitación reales de las mujeres. Cómo me va a gustar el porno si está hecho para disgustarme y para disgustar a cualquier mujer. Quiero consumir porno y no puedo porque prácticamente todo está dirigido a hombres.
La vida sexual de nuestra sociedad va regulín. La desigualdad aflora por todos sitios. Los piropos que recibe una mujer por las calles de ciudades tan retrógradas en el arte de la seducción como (por poner un ejemplo y sin que nadie se me ofenda) Marrakech, Madrid o Sevilla, hacen siempre referencia a valores de inferioridad y suelen tener matices tremendamente paternalistas… de los groseros ni hablo. Petite gazelle, me llamaron ayer por Gueliz a pesar de que mi estatura (1,75 m.) hacía parecer Torrebruno al cutre-don-juan. Niña, es en cambio el término favorito para los patéticos, vulgares y poco originales piropeadores españoles. Quisiera yo medir mi madurez mental con la de cualquiera de ellos.
También el mundo sexual pertenece a los hombres, como el laboral, el político, el comercial, el nocturno… ellos han impuesto un ritmo, un mercado, unas pautas a seguir y esto me cabrea. Durante mucho tiempo intenté ir adelante con la idea de que no ofende quien quiere sino quien puede pero hoy ya estoy cansada de gastar energía en ignorar agresiones verbales, gráficas e incluso físicas. La dignidad la podemos llevar muy dentro de nosotras pero es justo también poder llevarla fuera y no tener que andar camuflándola con indiferencia.

La Marrakech que no os cuento

Nunca os hablo de la belleza de Marrakech, de sus jardines frondosos, de sus exquisitas comidas, de sus restaurantes elegantes, de las ryads de ensueño. Marrakech es también eso, aunque yo no lo cuente, aunque no quiera hablar de ello. No quiero contar cosas como que una comida en un buen restaurante, con espectáculo de música tradicional incluido, viene a costar lo mismo que una pizza en un italiano de segunda en Europa. Tampoco me gusta deciros que quien no puede disfrutar del golf en Francia o España lo hace aquí, en un maravilloso paraje, bajo en tibio sol del norte de África y la sombra de palmeras centenarias. No quiero contaros que por 15 euros un jovencito te come la polla en Jma Fan para poder pagarse unos estudios, cada vez más caros, que son el único medio para llegar algún día a trabajar por 400 € mensuales, 10 horas diarias (condiciones laborales de ensueño para muchos licenciados). No quiero hablaros de los hoteles, de sus piscinas, del paraíso que es Marrakech… Marrakech es un edén, aunque yo no lo cuente. No quiero que nadie lo sepa, no quiero que se sepa que las putas aquí son baratas y lo hacen sin condón porque no están en condiciones de exigir nada al cliente. No quiero que nadie sepa que en los hoteles de Hivernage no tienes que subir tus maletas porque hay siempre cinco o seis porteros dispuestos a hacerlo por ti a cambio de 200 € mensuales, 12 horas de trabajo diarias, 7 días a la semana. Este blog es el único lugar que frecuento donde Marrakech es de verdad Marrakech y no una postal orientalista, con puertas de madera tallada que se cierran a cal y canto a la verdad. Rkia Abuali, Aminatu Haidar y Zahara Boudkour no existen en Gueliz. Nadie habla de ellas, ni si quiera les suenan sus nombres y sin embargo son ellas, junto a los críos de los orfanatos y las prostitutas de los lugares donde canto, el único Marruecos que yo reconozco.
Mejor que nadie se entere. Que nadie sepa que Alá y Dios se pusieron de acuerdo para hacer de esta ciudad el paraíso en la tierra porque todos los paraísos apoyan sus cimientos en el infierno y si Europa supiese lo que ocurre cada día en Marrakech, los turistas empezarían a venir en masa y el infierno cada vez sería más profundo.

Pero si alguno quiere enterarse de qué es Marrakech, si alguno quiere verle la cara que yo no cuento, he encontrado este documento, muy bien narrado y mal reflexionado, que refleja a la perfección la vida de un europeo en la ciudad ocre.

En el título de esta entrada quería insultar a alguien con una palabra malsonante pero es de mala educación así que pongo esto

Mi jefe me mira siempre de soslayo, con media sonrisa. No es una sonrisa picarona porque no tiene doble sentido (tiene un cerebro de esos de canal único, bastante aburrido por cierto). Me mira de soslayo, digo, y cuando le hablo de cosas del curro, cosas con su importancia y su seriedad, se sonríe más y me dice que vengo muy guapa o que qué vestido más bonito. No me suele contestar a lo que le pregunto y no me pregunta nada. Sólo me mira de soslayo y me dice que soy la imagen perfecta para el sitio que regenta.
Mi compañero de trabajo es muy feo. Mucho. El otro día trabajamos para un evento privado. A la gente no le gustaba el jazz. No entiendo por qué me llaman para cantar en sitios donde la gente no quiere oír jazz. Era todo un murmullo, algunas risotadas y cero respeto e interés por nosotros/as, los/as artistas, llamémonos así. En esos momentos siempre me acuerdo de mi amiga Montse que es prostituta y habla a menudo de la definición de dignidad laboral. Qué razón tienes, querida. Como os decía el público no se callaba pero a un cierto punto me pillé el inalámbrico y fui mesa por mesa cantando por Weill que te cagas de bien (modestia aparte). A medida que entraba en calor me paseaba con mis pieles sintéticas rosas, mis zapatos con moña y mi peinado años veinte, cual diva de cabaret putañero. Me he currado mucho el personaje. Homenajeaba yo a las chicas del barrio donde me hallaba, Hivernage, barrio las putas de Marrakech, barrio también de los hoteles de 5 estrellas, barrio además donde se concentran más virus del sida por metro cuadrado (debido al intercambio de fluidos sin látex que se ejerce encima de mi cabeza y de las de los clientes, mientras canto por Weill, en las plantas de arriba de los hoteles y restaurantes). Mi compañero es muy feo, como os decía. Yo en cambio esa noche parecía la reina de kitsch y de las putas, con mis pieles rosas, mi voz penetrante (porque Weill me deja siempre sin aliento) y mi homenaje interno a las chicas sacrificadas del Marruecos de Zapatero y Mohamed. Yo estaba radiante, que todo hay que decirlo, coño, la gente se callaba en cuanto me veía pasar y algunos llegaron a aguantar hasta 20 segundos sin hablar. Mi compañero (el feo) me dijo que no me creyera que era por cómo cantaba, que la gente me miraba porque yo era muy guapa, pero nada más. Le di las gracias por el piropo porque era lo que él esperaba.
Ahora sin metáfora, ni ironía, ni nada por el estilo… así, a palo seco: mi jefe y mi compañero de trabajo son dos machistas.

Vanitas

Siempre he escrito. En cuanto me enteré de cómo funcionaba el mecanismo éste de unir letras, palabras, frases me enganché de un modo completamente natural al estúpido ejercicio de contar cosas, reales o ficticias. Ese fue el principio de una cadena de actividades completamente inútiles que, con los años, fui aprendiendo a realizar con mayor o menor destreza. Así hoy, a mis 34, canto, bailo, escribo poesía, bordo a punto de cruz, fabrico marionetas, construyo instrumentos musicales con material de reciclaje, dibujo a lápiz etc., etc. No puedo en cambio realizar actividades ni objetos que se cobren o vendan caros. A saber: todas lo demás que no he nombrado y que aparecen en los periódicos como ofertas de «trabajo normal”. Y es que esto de escribir un blog no tiene ningún sentido, común se entiende. Sentido personal claro, ahí estoy todas las mañanas viendo quién me leyó y de dónde y cuándo. Ah, vanitas. Porque me ha dado siempre gustillo todo aquello que generan las actividades antes mencionadas (punto de cruz, etc.). Por un lado el aplauso al que me acostumbró mi abuela, reclamaciones a ella. Por otro, eso de quedarte mirando un trapo con hilos atravesados, por ejemplo. Lo miras un rato y piensas ¡Qué bien me ha salido! Y lo guardas en un cajón. Después, al rato, te acuerdas y te da gustito pensar que esos hilos y ese trapo están ahí, en el cajón, tan bien ensartados y combinados, ni un nudo por detrás, sin trampas, muchas horas de curro. No lo puedes vender ¿Quién lo compraría pudiéndolo hacer? El punto de cruz es para hacerlo, no para comprarlo. Hasta que un día abres otro cajón y encuentras otro trapo, amarillento él, con las iniciales de tu abuela que hizo exactamente el mismo acto inútil que tú hace 20 años y de pronto la cosa toma un valor. Creo.

Ayer estuve cantando en un sitio de Hivernage. Lo pasé mal todo el día pensando que tenía que ir allí por la noche. Al llegar una de las organizadoras se acercó a mí ¿Eres Alicia Murillo, verdad? Tenía muchas ganas de conocerte, he leído tu blog… tremenda. Y así, ego alimentado y blog sacado del cajón, cual pañuelo bordado con unas AM en bellas cursivas en hilo rojo, algodón + nylon nº 137, se me alegró la noche.

Es lo que hay

En las últimas semanas mi relación de amor odio por Marruecos se hace cada vez más intensa. A veces paseo por Bab Ghmat, entre las gentes más humildes de la ciudad, niños/as descalzos/as, vendedores ambulantes de fruta, allí donde los turistas no llegan, entre el bullicio de sus calles, con las miradas de los/as transeúntes cada vez más habituadas a mi presencia. En esos instantes mi alma respira un aire nuevo que he reconocido como el único aire puro que se adapta a mi existencia sin contaminaciones. Me pregunto entonces qué será de mi vida lejos de ese bullicio, del caos de esta ciudad mágica y maldita. No puedo imaginarme más que inmensamente triste si me visualizo montada en un avión alejándome de este lugar.
Analizo mi blog, visito otros por internet y de pronto me doy cuenta de que David y yo somos dos casos extraños en la red. Debido a su trabajo, los artículos de mi marido aparecen en primera línea de los motores de búsqueda al introducir palabras clave de la ciudad donde vivo. Lo mismo ocurre con A través del espejo de Alicia. Esto, muy lejos de alegrarme, me preocupa porque me doy cuenta de que en este país nadie tiene el más mínimo interés en comunicar al mundo lo que está ocurriendo, ni marroquíes ni neocolonizadores. Es inaudito que las webs de dos desgraciados como nosotros, con un proyecto solidario completamente doméstico, que da mal a penas para pagarle el aparato de los dientes a una chiquilla un mes y comprar pañales y biberones para el orfanato de Issil al siguiente, sea el protagonista en Google.
Me doy cuenta de cómo me miran el resto de los europeos que conozco. Me consideran extremista y me instan, con ironía, cinismo y sin mirarme a los ojos y hablarme claro, a dejar de hacer y decir lo que hago y digo. A todos ellos les anuncio: no voy a moderar mis acciones, no me voy a hacer cómoda de escuchar, discreta de ver, moderada en el vestir, comedida en el andar. Mi paseo seguirá siendo carrera agotadora hacia la dirección que el corazón me dicte. No cedo ni negocio a la sonrisa de la especulación. No dejaré de exceder los límites. Todo esto me hace irreverente, bocazas, molesta, inoportuna, prepotente y honesta.
Es lo que hay, nací en Triana, porque yo lo valgo.

El valor de la palabra

El pasado viernes tuve el honor y la suerte de poder participar en unas jornadas organizadas en Marrakech por el Foum Marroquí por la Verdad y la Justicia (FMVJ). Allí tuve la oportunidad de conocer a expresos políticos marroquíes que fueron encarcelados en tiempos de Hassan II a causa de publicaciones poéticas y periodísticas consideradas de peligro para la estabilidad nacional. En las prisiones muchos/as perdieron la vida, otros/as fueron asesinados/as en plena calle por el simple hecho de manifestarse en defensa de la libertad de expresión. Los/as sobrevivientes hoy celebran estar en este mundo aún con las cicatrices físicas y psicológicas de las torturas sufridas en las celdas.
Estreché sus manos, escuché sus historias, me alimenté de sus sonrisas. ¡Y qué sonrisas! ¡Qué valor procurado al minuto de cada existencia! ¡Cuántas ganas de seguir luchando y dando todo el por culo que sea necesario! Sus rostros eran mapas de dolor y amor. Nunca vi miradas como esas. Las madres de los desaparecidos, vestidas con turbantes bereberes, surgían radiantes en las fotografías de la exposición, tatuadas de henna, melladas, arrugadas y gesticulando en imágenes en las que estaban, por fin, ante un micrófono.
Eso fue ayer. Hoy en cambio he ido a mi lugar de trabajo y, entre sillas de diseño y olor a ambientador caro y hortera, mi jefe me ha dicho (juro, cito textualmente) ya sé que te di mi palabra de honor, pero estamos hablando de negocios… ¿Cómo? ¿Que te hable como un ser humano? ¿Qué diferencia hay entre un ser humano y una empresa?

No es verdad que las cosas son relativas, no es cierto que todos somos un poco buenos y malos. Las cosas son bien simples: no todo el mundo es capaz de apretar la mano y ser consecuente con ese gesto. Hay gente amoral y gente con pundonor. Tan sencillo como eso.