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Apoyo al Mes de Danza
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En fin, qué voy a contaros que no sepáis, los músicos de jazz americanos de hoy día son blancos, universitarios y ya no se drogan. Las improvisaciones están cortadas todas por el mismo patrón pero cuando alguien como Eric se pone a marcar todos saben seguir el juego, porque, a pesar de todo, donde hay técnica hay alegría.
Aquí os dejo su web http://www.ericverlinde.com/ . Y un video http://es.youtube.com/watch?v=vvzbm-bnU7Q donde por cierto está también José Martinez en la batería… cosa fina mi José. Ay, qué tiempos aquellos…
Feliz 2009. Qué felicidad, sí. Otra vez la bola de espejitos que da vueltas, las luces de colores y sobre todo la máquina de humo en marcha, por supuesto, para que no se vea nada. Mi música no es más que un narcótico, debo dejarlos semiinconscientes para que puedan bailar, fumar, beber y sobre todo gastar. El humo lo tapa todo y mi voz adormece la poca conciencia que les pueda quedar aun alerta.
Todo es vulgar en una fiesta en la Palmeraie pero en realidad soy yo la que está fuera de lugar, yo soy la única hipócrita, la única que está ahí por el dinero. Todos los demás creen firmemente que el mundo es como es y no hay nada que se pueda hacer. Incluso hay muchos que ni si quiera saben cómo es el mundo. Están ciegos o equivocados pero al menos son coherentes con lo que sienten. Soy yo la sola energúmena que se planta delante de ellos a cantar canciones vulgares, en un espectáculo vulgar, con una sonrisa vulgar mientras en el barrio de al lado la gente se arrastra en el suelo para dormir al lado de una candela. Tengo que dejarlo. Porque yo no he venido a Marrakech a esto y me lo repito demasiado a menudo, cada noche, en cada canción y hay veces que odio al público y eso no pude ser.
S y yo somos tan diferentes que las pocas veces que podemos pasear juntas por la calle me da la impresión de ir formando una pareja cómica. Los Martes y Trece de la Menara. Ella con sus velos y sus carnes abundantes, a la moda de Marrakech y yo canija y larga, enfundada en mis vaqueros estrechos y con tacones altos (¿Quién sufre más en esos momentos?).
No podemos estar solo/as, las mujeres y los hombres somos animales sociales. Eso me decían en la escuela. Bueno, no, en la escuela me decían que sólo los hombres son animales sociales. Las mujeres no debemos ser ni animales ni sociales, no debemos ser nada en absoluto. O eso pretenden algunos. Pero S y yo no queremos estar solas y queremos ser animales que se relacionan y se contaminan. Nos saltamos de un plumazo el Corán y los decálogos democráticos de la igualdad para salir a disfrutar juntas del templado sol de diciembre de esta Navidad descafeinada de Marruecos.
S, querida, S, quisiera poder escribir tu nombre entero. Quizás algún día me des permiso, cuando tu nombre vuelva a ser tuyo, como cuando eras niña y no te poseía nadie. Ningún hombre era entonces dueño de tu cuerpo, nadie lo castigaba. Entonces tu mente también era tuya, esa ametralladora de preguntas que es aún hoy día, no se avergonzaba en tu niñez de funcionar, no tenía miedo de pensar. S, por favor, despierta de ese letargo antes de que él te mate.
Menos de 50 € sacamos. Entre el boicot del propietario y el pedazo de espíritu navideño de la peña… me va a llegar para dos o tres latas de leche y un par de bolsas de pañales. Niños, en el 2009 no se caga.
Y es que nada más entrar en la sala me di cuenta del plan. Habían puesto nieve de mentira sobre los manteles negros y al verlo me acordé del chiste de Forges: ¿Esto es nieve o caspa?
Ea, pues ya no tenéis excusa, a escribir posts como locos.
…por cierto: Feliz Navidad.