Sálvame Bruce Lee

En el sopor de las siestas sevillanas, mi tía abuela María y mi abuela Herminia pasaban las tardes viendo la televisión y, mientras, se abanicaban dándose golpecitos contra el abundante erguido pecho. Las nalgas quedaban apretadas en el sillón de sky y el pelo permanecía perfecto e intocable, cardado hacia arriba, en un suflé hueco, tieso de laca baratita . Niña, a ver que hay en la otra. Por aquel entonces yo era un mando a distancia. Por ahí, por ahí se fue todo al carajo. Los/as niños/as han pasado de ser un mando a distancia de un televisor que emitía sólo dos canales a poseer un mando a distancia de un televisor que emite 25 canales. Ser y tener, ahí radica la diferencia, por eso anda el mundo como anda, que hemos pasado de Don José a Pepito y no nos hemos dado ni cuenta. Pero a lo que iba. Si en La Segunda había chinos dándose hostias mi tía decía deja, deja, déjalo ahí… y si el chino que endiñaba patadas era Bruce Lee mi tía quedaba embobada frente a la pantalla, los ojos entornados y murmurando ea, tómate por culo. Después miraba a mi abuela, cambiando la expresión por una de sabia y plácida complicidad, y con voz pausada le decía hay que ver, Herminia, lo bien que pega este tío, a lo que mi abuela respondía, verdad, María, verdad…

Bruce Lee es el vengador de las frustraciones más escondidas. Te pones delante de la tele, te imaginas que le está pegando a tu jefe y entonces sólo te entran ganas de decir ea, tómate por culo. Eso es lo que, seguramente, mi tía María experimentaba. Porque ya de adultos uno no puede hacer lo que hacen Iván y sus compañeros de guardería. Esta mañana han interpretado una bella llantina para 25 voces blancas y mocos transparentes. Pobres míos, que mal se lleva lo de empezar el curso cuando tienes 2 años. Aunque aquí la cuestión es que con 34 lo llevas igual de mal pero no puedes llorar ni echarle los brazos a tu jefe. Por eso me voy a ver un video de Bruce Lee, para desahogarme. Ea, tomate por culo.

Confesiones de una emigrante hemafrodita

En la provincia de Alicante. 19 agosto 2009.

Han pasado ya once años desde que decidí que quería echar un vistazo fuera. Viajar era mi complejo, mis ganas, mi pasión, mi timón, mi vida. Cualquier precio, cualquier separación, cualquier trozo de corazón perdido en el camino era bien sacrificado. Y mientras mi pila se convirtió en una especie de caramelo bajo un grifo. Pero no se gasta el asqueroso, si al menos se gastase yo podría por fin parar: oposiciones, maletas en el altillo cubiertas por el polvo y la rutina. Rutina, rutina, rutina repetida, repetida, repetida por días, meses, años. Antesdeayer en Sevilla me encontré con Esther, una década trabajando en el mismo supermercado, pasea todavía por la misma calle que la vio nacer. Se ve que nunca puso su chupa-chus bajo ningún grifo. También tuvo sus desgracias pero ahí la tienes, chupa-chus de la búsqueda intacto y casi feliz.

No puedo parar porque cada país es una esperanza que me regalo neciamente… pero en esta ocasión todo se ha complicado. Marruecos me ha arrancado el corazón de cuajo. Ya, ya, hay gente desgraciada en cualquier parte del mundo, pero África es África.

Mis maletas empiezan a latir, las descaradas nunca encontraron un lugar preciso en el apartamento de Daoudiate y se pasean estorbando por el salón aun sin amueblar. Pero ¿Qué ocurrirá ahora que Marruecos me ha pegado el navajazo en plena cara? Ahora quiero quedarme a faltarle el respeto, a vestirme de hombre, a publicar, a seguir cansándome. Marruecos me mata. Marruecos me puede, Marruecos me ha enamorado como no se debe, con trampas, con posesión, con chiquilladas. He llegado a España planeando mi vuelta y a medida que leo en la prensa europea los artículos sobre Mohamed VI y escribo la próxima función de marionetas en Dar Tiff, me doy cuanta de que esta vez es diferente. El chupa-chus, ahora lo sé, lleva años regenerándose el cabrón, sin avisar, bajo el chorro de agua helada. Los empresarios corruptos, los palos de la pasma y la cara grasienta del rey han hecho de mis ganas un hermafrodita que se reproduce en mi interior sin ayuda y sin permiso. Me queda mucho camino y Marruecos, ya lo he dicho, me mata en vida. Me ha enganchado, ya no podré volver aunque vuelva, ando por ahí mordiendo mi propia cola. Ni con él ni sin él. Ni puedo largarme al abrigo de las ayudas estatales de mamá Europa ni puedo quedarme a convivir con la gentuza que me da empleo aquí.

Señoras y señores, empieza la función, es una obra de teatro nueva en la que se abre el telón y se me ve a mí dando vueltas sobre mi misma. Te partes de risa, es cómica. Porque aquí, en la puerta de mi casa hay niños sin escolarizar, y en el barrio de al lado hay huérfanos que mendigan y en el campo gente que lo está pasando muy mal. Eso me produce una risilla nerviosa y floja ¿De veras nadie lo sabe? ¿Por qué nadie hace nada? Es que si no arreglan todo esto no me voy a poder ir y es mucho trabajo para mí sola.

Arte Factum de mi corazón

Hace ya tantos años que estos niños me acunan y hace también tanto que yo los mimo. Lo nuestro viene a ser una especie de relación de hermandad, porque todo el mundo sabe que la Zanfoña es moña y convivir y trabajar en ella es un arte en sí mismo. Cualquiera no es capaz de estar allí. Hay quién salió por patas a los pocos meses de llegar, hay incluso quién fue expulsado y hay quién entró y dejó por siempre su corazón en una empresa donde la amistad y el trabajo conviven como conviven los ensayos con las cervecitas en el bar de tapas de la esquina, los conciertos con las tocatas del camerino, el deber con el placer a fin de cuentas…

Arte Factum actuó el pasado 3 de julio en el Alcázar de Sevilla y, como siempre, me guardaron mi entrada, como es tradición, nos vimos en el bar de al lado del local, como nos gusta a nosotros, reímos y planeamos un futuro lleno de ideas nuevas… ni paramos ni pararemos nunca. Y por supuesto, nunca nos pararán. Desde el patio de butacas, cuando soy espectadora, o en el escenario, compartiendo tablas, Arte Factum siempre será Arte Factum de mi corazón (igualito que el prenda).

Qué bodorrio

Qué guapa iba mi madre, qué bodorrio, qué fiesta nos pegamos, cuánta alegría, cuánta alegría también de la empañada, cuánta emoción… por cierto, qué guapa iba mi madre…

En el mismo pasillo dónde hace dos días pasaba junto a ella las calurosas siestas sevillanas jugando a las muñecas, hoy aparecía mi hermana vestida de blanco, ramo de rosas rojas en las manos, evocación tras evocación, símbolo tras símbolo… menos mal que está ella para recordarnos al resto de la familia que las tradiciones y los ritos son parte de nuestra historia como la carne que nos hace estar vivos/as. Cómo creció mi pequeña, única entre nosotros, pandilla de hippies sin miedos aparentes. Qué modernos somos todos y cómo ella en cambio copia el ramo de flores idéntico al que llevó mi madre 35 años atrás, como se esfuerza por explicarle al joyero la forma de la alianza de las Murillo, como se viste de riguroso blanco y nos lleva a la iglesia, sin ánimo de dar lecciones a nadie, para que una vez allí, todos podamos abrir los ojos y darnos cuenta: a veces es muy inteligente pararse a celebrar la vida. Si no hubiese sido por ella, cuántas cosas nos habríamos perdido en esta vida familiar de originales que llevamos adelante.

¿He mencionado ya lo guapa que iba mi madre? Y el padrino, con ese chaqué y ese plante, orgulloso con su chica del brazo y su mayor cantando por Villalobos. Que no sé cómo me salió la voz del cuerpo pero allí estuve, concentrada como una tía, lanzando gorgoritos a las bóvedas de Santa Ana, para que a la boda de mi hermana y mi cuñado no le faltase la música de llorar.

Queridos Miguel e Irene, gracias por regalaros… y qué guapa iba mi madre.

Ellos y nosotros

Me siento como la red que incordia y separa a los dos tenistas. Desde fuera debo tener una pinta bastante cómica, de sindicalista pasada de moda, que se pone nerviosa e incluso a veces pierde la compostura (mea culpa). Quisiera frenarme un poco pero no sé cómo hacerlo. No voy ni para adelante ni para atrás. A nadie parece importarle que las cosas estén como estén. Los de arriba dicen cosas como: ellos están ahí porque quieren o bien hay que tener cuidado, al fin y al cabo son inadaptados o bien las cosas siempre han sido así y no hay forma de cambiarlas. Los que están abajo en cambio me sueltan siempre frases del tipo: es que eso está prohibido hacerlo o bien no me encuentro tan mal al fin y al cabo o bien las cosas siempre han sido así y no hay forma de cambiarlas…

Hay dos bandos claros dentro de la población mundial y que nadie me venga con la historia de que soy una categórica de ideas utópicas. Pues claro que lo soy, dos y dos son cuatro y Colón descubrió América (o eso dicen). Así que, estamos nosotros y están ellos y no tengo claro si yo de verdad soy del nosotros o del ellos. Como diría Salinas, que puta alegría vivir en los pronombres.

África me ha dejado muerta. No me ha decepcionado porque no tenía expectativas, es que me ha matado, sólo eso. Arrastro un cansancio encima tan intenso por todo lo de América y lo de Europa que creo que tras la puntilla final africana puedo sólo declararme emocionalmente muerta. Este ritmo no es compatible con todos los años que tengo aún planeado vivir, pero parece que si no te quieres cansar te tienes que subir a un tiovivo, al de ellos o al nuestro y a mí no me gusta viajar haciendo círculos.

No consigo parar esta feria. No consigo vivir en ella.

Con ganas de tablas

Tengo ganas de tablas de las buenas, de esas de madera vieja que crujen bajo mis pies cuando me pongo a bailar mientras me echo mis cantes, de esas que parecen, unas tras otras, trampolines que impulsan mi cuerpecito hacia la luna y luego me lanzan hacia el patio de butacas y me dejan sumergirme entre público para que me bañe en sus miradas y en sus oídos. Ganas de tablas de las de no tener un empresario detrás, dirigiendo los hilos cual titiritero barbudo apestoso de Pinocho, de esas que sujetan los pies de mis amigos que están a mi lado templando cuerdas, vibrando el aire, charlando con la gente que nos mira y nos acompaña. Qué ganitas tengo Alá de mis entrañas, daba a cambio hasta estas vacaciones de agosto, siempre que no tuviese que faltar a la boda de mi hermana, por una girita de esas que yo me pegaba con mis Arte Factum, o con mi Sottomondo, o con mis Pilinguis de la Cuadra. Cuantísimas horas de autobús y avión por esos mundos de dios, cuantas maletas, cuantas risas y cuantos llantos… y cuantas satisfacciones.

Los deseos hay que pedirlos bien, siendo concreta, porque si no a veces se conceden a mitad y joden más que otra cosa, así que ahí va:
“Se busca una gira artísticamente gratificante y sin empresario o con empresario raro, de esos que escuchan. Imprescindible salario alto para toda la compañía, con mis amigos en el reparto y en la que me pueda llevar en la maleta a Iván y a David.”.

¿Pido mucho? Es que ya me va tocando.

Tercer aniversario de A través del espejo de Alicia

Parece que fue ayer cuando, como por juego, empecé este proyecto. He aquí mi primera entrada, una poesía. Poco a poco el blog fue tomando forma, hace menos de un año nos mudamos a blogspot… y quién sabe hasta cuándo.

Lo más curioso es que no me había parado a pensar en el tiempo que llevaba en esto. Ayer vi una entrada en el blog de mi admiradísima Erotomana, que celebra también su cumpleaños como bloguera (ella tiene un añito), y hoy, por curiosidad, fui a ver en qué fecha empecé a escribir encontrándome con la sorpresa de que justo el 27 de julio del 2006 abrí la página en Windows Space Live. Qué casualidad ¿no? A mí me ha parecido de verdad alucinante.

Om Kalthaoum

Ya me pasa muy pocas veces porque vengo resabiada. Han sido demasiadas horas de mi vida dedicada a lo mismo: primero los vinilos del armario de mis padres, después los kilos de CD. Muchas horas, yo es que era muy jartible en mi época de estudiante.

Eres una roñosa, le digo aburrida porque ya somos un matrimonio viejo, estamos aburridas ambas, la una de la otra… pero nos queremos tanto. Yo la quiero más de lo que me creo y aunque a veces le ponga los cuernos, aunque viva aventuras como la de Mighiss… probablemente en el fondo de mi alma sé que ella es el único puerto fiable donde volver.

No estábamos predestinadas la una para la otra, fue un matrimonio arreglado por mi padre que quería que fuera pianista y por mi madre que quería que fuera lista. Decepcioné a los dos pero ahora tengo una profesión que nunca sentí mía y que me ha salvado del hastío con hastío.

Om Kalthaoum es una de esas pocas iluminaciones que la música me deja disfrutar tan de tarde en tarde. Roñosa, dame más éxtasis, no me hagas esperar tanto entre uno y otro momento de arrogancia auditiva.

Om Kalthaoum, me la han regalado hoy. Os la regalo también.

Vamos a relajarnos

Debería yo relajarme un poco. Es que a veces me creo que el mundo tiene arreglo y al final sois vosotros los que la pagáis. Se me pone el blog cabezón y venga poner posts de salvar cosas y personas. Me van haciendo falta unas vacaciones. De aquí me voy tiraita para Sevilla, sus 37º me parecen primavera al lado de estos 55 que sufrimos en Marrakech. Estoy por echar una rebequita en la maleta no sea que con el cambio de clima me resfríe, que Andalucía es muy traicionera en agosto, lo mismo tienes 35 que bajas a 30 y no te das ni cuenta. Por cierto que me está saliendo joroba, no de una mala postura al leer, sino de una mutación a camello que sufre mi cuerpecito serrano. Ahora, eso sí, voy a ir de morenita a la boda de mi hermana… y no he pisado ni una piscina, lo mío es de las calles de Daoudiate, cargando las bolsas de la compra y empujando el carrito. Así sí que tiene mérito estar morena.

Las tormentas de arena se suceden unas a otras desde hace una semana. Hoy he dado el espectáculo en la terraza. Iba yo con un camisón fresquito que me pongo para estar por casa y escucho que el toldo está pegando porrazos contra la reja. Me voy para afuera y valientemente empiezo a luchar contra el viento saharaui que tiene muy mala leche. Yo que parriba y él que nanai, que el toldo para él solito. A una de estas me coge desprevenida y el camisón hasta las cejas. Claro, tuve que soltar el toldo. La alegría habrá sido para mis vecinos musulmanes. Creo que terminarán echándome de este país, si no al tiempo.