Vuelta a empezar

Como los castillos de bloques de Iván, como los polvorones en Navidad, como la libertad de S o de F, como ese adiós repentino e incomprensible: se me desvanece Marruecos. En estas semanas me agarro a lo que encuentro para mantener a flote un sueño que no tiene ninguna posibilidad de salir adelante. Es un aborto, estoy expulsando una utopía.
Escribo a entidades privadas porque las públicas no quisieron saber nada ni de los huérfanos con olor pescadito, ni de mis marionetas. Me agarro a un clavo ardiendo pero en realidad yo lo sé, vosotros los sabéis, todos somos conscientes de que mi estancia aquí tiene los días contados.
Me estoy estafando en cualquier modo, tanto si me quedo como si me voy.
Lo siento, hoy estoy tostón, es lo que hay, se me está yendo todo al carajo justo ahora que las cosas parecían arreglarse. Pero nunca debes fiarte de las circunstancias si tus pies están pisando tierra africana porque aquí no existe más que el hoy.
Ya hemos estado aquí antes me dice David no tengas miedo. Y supongo que tiene razón, es sólo que hoy me he levantado tostón y con la lágrima fácil. Miro a mi pequeña familia organizando una mudanza de un país en la miseria a un país en crisis. Contaremos con la ayuda de mamá Estado… pero no puedo soportar haber perdido esta batalla que estaba perdida desde un principio ¿Cómo pude pensar ni por un momento en ganarla? Y aun así me ofende la llamada de teléfono del empresario que me ofrece cantar para sus mierdas de clientes con silicona. La silicona deberían metérsela en el culo a quien la solicitara en los pómulos en un país donde hay niños que huelen a pescado, que no tienen acceso a un filete, a libros ni a marionetas. Los puros que se fuman mientras yo canto a Kander me asfixian porque me los estoy fumando con ellos. Pero no encontré otro modo de quedarme aquí.
Han ganado ellos, me largo. Aun sabiendo que Marruecos me ha tatuado para siempre en la epidermis del corazón. Me ha hecho un tatuaje doloroso, no es un tatuaje de henna, de esos para los turistas de Jma Fna, no, Marruecos me grabó a fuego lento nunca te irás de aquí, aunque te vayas. Y así será.

Enlaces de prensa sobre el concierto del 18/11/2009 con Arte Factum

Ahí van algunos de los enlaces que se han publicado en prensa sobre el último concierto de Arte Factum:
Todavía estoy en una nube, mi vida es una montaña rusa. De Sevilla, con mis amigos del alma en un teatro como el Lope de Vega (flamenco, mágico y sevillano donde los haya) a Marrakech y al jazz: calor, chilabas, orfanatos, la espera de que las cosas mejoren, la nada, la vida. No es que yo sea bipolar, es que esta vida que llevo, entre dos continentes, no hay quien la digiera sin quedarse medio tocada entre viaje y viaje.
El 18 lo pasé realmente bien, había que estar allí, no es posible explicar lo que ocurrió. A los que os lo perdisteis lo único que puedo deciros para consolaros es que dentro de un lustro celebraremos los 20 años. Paciencia y a estar más rápidos la próxima vez con la compra de las entradas.
Gracias una vez más a todos: compañía, público y prensa.

Arte Factum en el Lope de Vega: aunque me esté mal el decirlo

Como siempre, nadie nos quitará nunca todo lo bailado, cantado y tocado anoche, como en tantas otras noches. El teatro repleto (entradas agotadas desde hacía semanas), éxito de público y crítica y muchas ganas de pasarlo bien.
Que feo está que lo diga yo, pero más feo está todavía lo de siempre, que eventos como estos pasen desapercibidos y sigamos peleando solitos/as, sin Junta de Andalucía ni INAEM que nos ladre, ni programadores que nos acunen.
Y salvadas las adversidades (percusionista lesionado en el brazo derecho, cantantes con gripe, bajas febriles entre los instrumentistas…) terminamos la noche brindando y comiendo nuestra tarta de cumpleños en los bares sevillanos. Qué bien lo pasamos (presente de indicativo).
Gracias, gracias, gracias a todos/as los/as que estuvísteis anoche en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, apoyándonos con vuestra fidelidad y vuestro cariño. Somos muy conscientes de que este proyecto cumple ya 15 años porque el público así lo quiso. Vuestros aplausos y todo lo bien que lo pasamos haciendo música juntos/as es la mejor recompensa que podíamos esperar. Seguiremos muchos años más, sin subvenciones, pero con mucha alegría.

Marrakech no sueña

Una píldora de Gueliz por la mañana, después del desayuno, y otra por la noche antes de acostarse. A medio día, un sobrecito de Palmeraie y siempre que le duela la conciencia, un jeringazo de Hivernage. Quedará usted como nuevo/a en pocos días. Y es que Marrakech es una especie de somnífero, una ciudad analgésica, con barrios narcóticos, anestésicos. En Marrakech todos duermen. Unos, bajo el sol, ven pasar las horas, la nada, el hastío, sólo la oración fragmenta el día en partes, altera el tedio. Es el arte de no hacer nada, en parte porque no hay nada que hacer, no hay nada que se pueda hacer por esta ciudad, por este país. Marruecos es así, Inshahlá, Amduhlá y todo está en manos de dios así que para qué molestarnos en intentar cambiar lo que está escrito. Daoudiate somnolienta, con sus mendigos resignados, hambrientos, enfermos, con sus viejos y viejas abandonados a la voluntad del señor y de una seguridad social inexistente, con el pegamento durmiendo las narices de una juventud sin posibilidades. Medina antigua, rota, también tú duermes en la penumbra de un zoco, no donde los comerciantes levantan su telón cada día, más allá digo, en los barrios del norte, donde tus hijos hibernan en el infierno de las fraguas, duermen al arrullo del tintineo de los martillos, ellos marcan el ritmo que Alá dicto, que Europa, desde Hivernage, se esnifa con el beneplácito de un monarca.

En Marrakech se vive muy bien – sedados hablan los otros – todos sonríen- ¿Nunca oyeron los gemidos?- no es como en España– las dos orillas se mecen en el cántico de un oleaje Británico- yo odio ir allí, me deprimen los españoles… aunque claro– aunque claro- es comprensible, allí están las cosas muy mal, no como aquí. Aquí se vive con dos duros, apenas hay que trabajar…

La noche, un espacio masculino

La otra noche me monté en un taxi en el que ya había dos clientes (aquí se comparte todo). Salam maleicum, dije, lo que provocó una carcajada en el conductor, di mejor “bon jour” porque pronuncias muy mal el árabe. Le dije que el francés tampoco era mi lengua materna de manera que con total seguridad pronunciaría igualmente mal el “bon jour”. El tipo siguió riéndose de mí, su tono era de condescendencia, siempre siento que ciertos hombres (no sólo los marroquíes) me hablan como si fuera subnormal, con media sonrisa, como sin quererme tomar en serio. Creo que les bloquea su propia inseguridad. Ese señor no puede soportar que una mujer salga de noche, sola, maquillada y con escote, tome un taxi y lo pague con el dinero que gana trabajando. Es tan sencillo como eso. Su retahíla en árabe no se me escapó, el dariya no es tan difícil al fin y al cabo. No me gustan las mujeres vestidas así, le decía al usuario que iba sentado detrás, a mi lado, prefiero las que llevan una simple chilaba y un hijab. Claro que las prefieres, cabrón, pero los subnormales como tú terminaréis extinguiéndoos y, en cualquier caso, ¿Por qué me pediste que me sentase a tu lado en cuanto nos quedamos solos en el taxi? ¿Por qué me preguntaste si estaba casada? ¿Por qué me decías que era guapa? Quizás los escotes, al fin y al cabo, te gusten más que los hijabs. Estoy cansada de hipócritas puritanos, de que me cobren el doble de la tarifa habitual por ser blanca, de que me insulten y me amenacen si me digno a replicarles. La otra noche uno se bajó del taxi y me persiguió calle abajo insultándome y escupiéndome. Llegué a casa temblando.
Ahora llamo a un chofer de confianza que me viene a recoger y me lleva de puerta a puerta. Me cubro con una gabardina y me quito los pendientes largos antes de salir a la calle. Aquí una cantante es una prostituta y por tanto una mujer sin honor y digna de humillación y faltas de respeto.
Pero lo que más tristeza me produce es darme cuenta de que en mi propio país, España, las faltas de respeto a las mujeres son gemelas a las de aquí. Cada semana muere una media de dos mujeres a manos de sus parejas y el número de las maltratadas es casi imposible de calcular. En ciudades tan auténticas como Sevilla o Madrid se sigue practicando el vejatorio arte del piropo y los señores condescendientes de los que antes hablaba están por todos lados.
Este sigue siendo un mundo de hombres. Las únicas diferencias que encuentro entre Marruecos y España están en las actitudes de las instituciones y en las de las propias mujeres, aquí completamente sometidas y resignadas.

Promesas de la lírica

La única ocasión en la que me presenté a un concurso lírico me dije esta vez será la última. Siempre que he ido a ver La Bohème me he prometido a mí misma no voy a llorar y cada vez que he ido a ver El Barbero de Sevilla me he dicho controlaré las carcajadas, lo haré. Pero hasta hoy sólo he conseguido mantener la primera de las tres promesas. Es muy tenso ir a la ópera conmigo, en serio, no me acompañéis jamás, aunque yo pague la entrada. El caso es que no me sé comportar como se debe. Mozart y Rossini hacen que me tronche y la señora del asiento de al lado, que suele oler a Carolina Herrera y se lee muy bien el programa de mano, se enfada y me mira mal porque por culpa del escándalo que monto ella no puede apreciar el crescendo tan bien llevado por el director de turno o el acorde de séptima de dominante marcado por la trompa. Pero es que yo lo que me imagino es a Mozart escribiendo el crescendo completamente trompa. Él era un músico cebolla, por aquello de las capas de lectura. Lo veo también como el primer cabaretero de la historia, se adelantó unos siglos a la Alemania nazi, lo digo por la temática de sus libretos y el humor caca-culo-pedo-pis.
Por todo ello y porque el precio de las entradas me parece un timo, ya casi no voy a la ópera. Aunque la eche de menos y a pesar de que consagré mis más tiernos años de juventud al estudio cabezón de dicho género. No, ya casi no voy, y no sé si lo hago por una cuestión de honor o por razones puramente prácticas. El caso es que me mantengo (¿me mantienen?) al margen. En Europa incluso también como intérprete y en eso la cuestión es aun más complicada porque cuando canto en cabarets y garitos de mala muerte me dicen que mi voz es más apropiada para teatros y cuando canto en teatros me dicen que soy demasiado jazzera para hacer bien un aria de Rossini y que pruebe suerte en los clubs nocturnos. En EEUU es otro cantar, allí vale todo y las/os intérpretes no tenemos que especializarnos en un solo género. Es una cuestión cultural, la dirección artística de los teatros atiende a tradiciones.

En cualquier caso, si debo decir la mía, estoy muy contenta con mi evolución profesional. Me queda mucho para decir en un escenario lo que quiero decir y cómo lo quiero decir, pero siento que voy por el buen camino. He comprendido que (como bien dijo Susana Moo en este blog el otro día) una vez que un artista termina su obra ésta pasa a ser de toda la humanidad, por eso sé que Mozart no es propiedad privada de los “grandes teatros”.

Ahí os dejo una foto de mi versión de L’Italiana in Algeri, bajo la dirección escénica de Eduardo Khawan, en el 2007, Columbia City Theater, Seattle (EEUU). Qué buenos tiempos aquellos, el número de después era con música de Kurt Weill. Si hago algo así en España los críticos me masacran. Y es que no puede ser que la misma boquita cante a Alfonso X el sabio, se marque un blues por Ellington y quiera encima hacer gorgoritos verdianos. Europa necesita etiquetas, si no se pone nerviosa.

Necesito superpoderes

Ayer visité el orfanato de B. G., zona intensita donde las haya. En ese barrio me siento viva, no puedo evitarlo, me va la marcha. Era mi primer día como profesora de un taller de teatro y música para diez huérfanos de 9 a 11años. No hablo árabe, ellos no hablan francés. Me dijeron que la edad de los niños sería de 4 a 7 y preparé actividades para críos de esa edad (cambia muchísimo, creedme). El suelo estaba tan sucio que era casi imposible hacer los ejercicios de expresión corporal, los críos estaban muy sucios también, olían muy mal (pero muy, muy mal) y se pegaban entre ellos, me pasé el tiempo separándolos hasta que llegó la “intérprete”, otra huérfana (de unos 17 años) que sólo habla árabe. No voy a saber hacerlo, me dije, y quise salir corriendo de allí (os acordáis la sensación del primer día de escuela, cuando suplicabais a vuestras/os madres/padres… no me dejes aquí, me quiero ir a casa… pues poco más o menos así estaba yo). Al final tuve que comportarme como una adulta y quedarme. Qué difícil es ser mayor cuando por dentro se es chica.

Esto va a ser muy complicado, pero ayer conocí a Isabella, una francesa que no vive en Gueliz y que sonríe y aprieta fuerte la mano al presentarse ella misma. Y los niños también sonreían y me dieron besos al despedirnos y se rieron cuando nos revolcamos por el suelo polvoriento, cual croquetas rebozadas en pan rallado, con la música de Satie volando por el aula. Y cuando sonó Wagner un niño dijo que esa canción era la canción de la peli de Batman.

Para leer en voz baja

Así, flojito, para que no se entere nadie, no vaya a ser que la liemos otra vez: las cosas están yendo estupendamente. Marrakech me mata, me sube y me baja, me lleva y me trae… un trajín, como diría mi abuela. Esto, en realidad, no es vida, pero es que en esta ciudad, cuando las cosas van bien, van de verdad bien. Porque las calles de sus barrios andan derrochando un no sé qué que hay que venir a verlo y todo funciona tan mal que no puedes hacer otra cosa que relajarte. Marrakech, querida mía, eres tremenda, si de verdad vuelvo a casa el año que viene voy a llevar tantas cicatrices que voy a resultar irreconocible para mi gente. Pero al menos mi vida aquí es de verdad vida, no es estéril como lo era en España, ni vieja como en Italia, ni estúpida como en los USA. Tremenda Marrakech, eres como un novio adolescente.
Nuestra pequeña sociedad de gestión cultural marcha, no sé por cuánto tiempo y mejor no pensarlo (repito, esto es Marruecos) pero ahora no canto para ricachones borrachos acompañados de tristes y repudiadas jovencitas marroquíes. Antoine y yo nos hemos encontrado en un dúo de jazz que aunque me esté feo el decirlo, tiene tela de swing. Y después están mis niños/as, por un lado los del orfanato y por el otro los/as ricos/as, que también ellos/as son criaturitas del señor. Voy a que me den clases de teatro y música, creo que vamos a sacar todos/as sobresaliente porque son unos/as profesores/as excelentes.
En casa la cosa va también mejor, crisis de principio de curso superada, diarreas colectivas casi sitiadas (ahora es el turno de Iván) y limadas las asperezas correspondientes, henos aquí al pie del cañón esperando (sin prisas) un frío que parece no querer llegar y trasplantando un jazmín para ponerlo en la terraza. Mi padre me visitó este fin de semana. Todo va por su camino, la vida fluye, que no se entere nadie, por dios, no vaya a ser que la liemos otra vez.

A mis lectores

Cabe la posibilidad esa de que lo no conocido sea mejor pero también está aquello de virgencita que me quede como estoy. Ya tuve una experiencia de blog masivo, de esos de muchas respuestas, de polémica y guerra dialéctica, de insultos y cartucho que no te escucho y, la verdad, no me gustó nada de nada. Por un momento incluso llegué a pensar que este rincón se me había ido de las manos, pero afortunadamente las cosas se tranquilizaron y en cuanto empezamos a hablar de cosas sin morbo ni chicha, nos volvimos a quedar tranquilos/as.
En cualquier caso el personal se me ha asustado y eso me da pena. Desde la experiencia aquella los/as lectores/as de siempre, los/as incondicionales, hacéis vuestros comentarios a través de Facebook o incluso con mails privados. Por un lado lo siento porque me doy cuenta de que el blog ha perdido una parte muy bonita, la de la participación interactiva. Por otro lado me gusta respetar vuestra postura y valoro igualmente la compañía que me hacéis desde la distancia, protegidos por el anonimato y el bis a bis.
Además cuento con dos ayudas que hacen que pueda conservar la armonía en este lugar de la red: el bendito control de entradas (y viva la censura) y el contador de visitas que me dice hasta lo que habéis desayunado la mañana antes de visitar mi blog. No hay secretos para Histats. Así supe que hay alguien, en una ciudad de EEUU llamada Montain View, que me es más fiel que una novia antigua; que el gran Alberto me sigue queriendo a pesar de todo; que en Italia no me han olvidado aunque no visito, la que es mi segunda casa, desde hace cerca de 4 años; que Susana Moo y yo compartimos lectores y que nuestros blogs conviven, en una especia de cama redonda latinoamericana, con blogs de Argentina y México y que Montse, una de las mujeres con más coraje que he tenido el placer de leer, ha enriquecido enormemente en cantidad y calidad las visitas de este blog y ya son muchas las prostitutas que, gracias a su espacio, leen A través del espejo de Alicia. Así las visitas de mis suegros y mis familiares de valencia coinciden con las de THC y aquí no pasa nada. Es todo cuanto menos curioso, ver que en el mismo día comenta un señor con la minga al aire, me leen de la iglesia evangélica de Cuenca, entra un travesti de Seattle, mis compañeros de la Sinfónica de Pésaro hacen un descanso de sus 6 horas diarias de estudio abnegado de violín para visitarme y se cruzan sin saberlo con las escorts catalanas (que bellas son, me encantan sus fotos).

Supongo que este es mi mundo, una especie de gazpacho ideológico incomprensible para algunos. No me extraña que me pongan a parir por ahí, sé que no es fácil de entender todo este galimatías. Y es que hay también enlaces chungos, como aquel en el que se leía anti catalanismo en la red y cuando pinchabas aparecía esta web. Tela marinera. Lo que hay que leer. Pero en fin cada uno es cada uno y yo prefiero quedarme con vosotros/as que sois poquitos/as pero de mucha calidad humana y bloguera.

Gracias, gracias, gracias, este blog no sería nada sin vosotros/as.

P.D. : Pax, si no te he nombrado es porque no hace falta ¿No sabes ya que eres el único y verdadero protagonista de mi blog y de mi corazón?