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The Love Boat, by Juanka Bron
EL ayuntamiento de San Salvador multa a los acosadores callejeros
La columnista del Diario Información, Mar Esquembre, me envía esta noticia que me llena de gozo y ganas de continuar. Gracias mar!
http://www.elsalvador.com/noticias/edicionesanteriores/septiembre23/VIDA/
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Vídeo 9º: La visita de María Llopis
Una semana cualquiera afrontando la vida con mis hermanas
Ayer a las 3 de la mañana volvía a casa pensando en lo sola que no estoy. Con La Yola me parto la caja. Se nos acerca un tipo de unos treinta y tantos y nos empieza a hablar. No lo conocíamos, enseguida asume el rol de conversador e intenta llenar todos los putos silencias del monólogo en el que se convirtió la situación. Vamos, lo de siempre. Sabe que somos de las Setas Feministas, se pone a hablar de feminismo ¿Por qué? ¿Por qué un hombre se hace eso a sí mismo? ¿Por qué alguien acapara la atención de un grupo de personas que no conoce de manera tan sutil como agresiva? ¿Por qué no se va aunque le hemos despedido amablemente? ¿Por qué habla del tema en cuestión sin tener ni puta idea, usando lugares comunes, esos lugares tan ofensivos? ¿Por qué un tipo, un sábado por la noche, se planta en medio de un grupo de feministas, la mitad de ellas bolleras, e intenta seducirlas sin dejarlas hablar y ofendiendo su causa?
Lo de la crisis de la masculinidad lo comprendo. El patriarcado también tiene a los hombres sometidos. Nosotras tenemos una situación peor pero nuestra actitud es de lucha y eso cambia un matiz importante. Ellos ni si quiera son conscientes, en la mayoría de los casos, de en dónde está su problema. Con la Yola me parto la caja, llega un momento en el que los ovarios se le inflan tanto que mira al tío de frente y le suelta: “Yo ahora mismo es que no te sigo. Me estás hablando del Euribor un sábado por la noche, y yo sólo quiero tomarme una copa con mis amigas” Y ni por esas se va.
El otro día un tipo me dijo que gritar consignas proabortistas era como maltratar animales en el escenario de un concierto de rock: algo desagradable que no tiene ningún fin.
También esta semana di con uno que presumía de lo bien que lo hacía todo. Pero lo hacía todo mal. Miento, esta semana me he topado con dos de esos. Ah no, tres, uno de ellos presumía de lo bien que hacía el amor, se me había olvidado. Dijo: “Si a una tía te la follas bien termina meándose encima de gusto”. También la soltó sabiendo que éramos feministas, también lo hizo para ligar. No lo entiendo. Alguien le respondió (creo que fui yo) diciendo: “¿Has contemplado la posibilidad de que tus amantes se meen encima de ti para vengarse de lo mal que follas en lugar de por placer?” No answer. Por mi parte no comment.
El viernes en el trabajo, en un proyecto que dirijo, un señor no lograba entender que era yo quien dirigía. Terminamos el proyecto y él siguió sin enterarse. Pensó en todo el rato que él era quien mandaba.
Pero qué sola no estoy y qué diferente es el mundo ahora, qué libertad, que sororidad, que alegría. Con ellas el mundo se para y durante las horas que estamos juntas todo encaja.
Vídeo 1º
Mi profe de Mates lo sabe
Taller de teatro. El director dice que redactemos un texto sobre nuestras preferencias sexuales. Al terminar el taller nos pide que se lo mandemos por mail ya escrito a ordenador porque no entiende bien nuestras letras. Hasta ahí todo normal. Pasan los días. Paso el texto a ordenador. En él cuento muchas guarradas, ya me conocéis. Le doy a enviar y… tachán… por error se lo mando a mi profesor de Matemáticas de la facultad.
Pensando en las barbaridades que había en el texto se me ocurren dos posibilidades: o que me denuncie por acoso sexual o que me apruebe con sobresaliente.
Ay maita de mi alma… lo que no me pase a mí.
Dardos
Llevo todo el día pensando en lo de ayer. No lo he encajado bien, eso está claro. Me jode un poco que este blog se haya convertido en lo que se ha convertido a pesar de que soy la única responsable de ello, pero es que ya me da como rubor venir a contar aquí ciertas cosas. A lo que iba, ayer me robaron y me pegaron. Estábamos pasando una noche de Feria estupenda, salimos algunas mujeres de las Setas Feministas. También venía David (pero como una mujer más porque en el grupo no se aceptan hombres). No cuento lo que pasó porque lo he contado ya mil veces. El caso es que terminé sin el bolso y con una hostia en la nariz. Quiero comprarme un móvil del mismo modelo para ver si así puedo hacer como que todo aquello no pasó. No quiero acordarme de lo de anoche nunca más, quiero olvidarlo, no quiero aprender nada de ello, quiero simplemente que no haya pasado. Pero no creo que eso vaya a poder ser. Sólo me apetece abrazar a Iván, no quiero hablar con nadie ni mirar a nadie ni tener contacto con nadie. No sé por qué lo he encajado tan mal, es sólo un puto móvil y no llevaba nada más de valor porque al salir de casa sabía que iba a ser una de esas noches en las que puede ocurrir perfectamente que te quiten el bolso. Lo sabía y por eso dejé las tarjetas de crédito y el DNI en casa. Estaba preparada, conozco esta ciudad, pero aún así esta es mi segunda noche de insomnio. Lloro todo el rato. Necesito el taller de autodefensa como el comer. Me siento vulnerable y sólo tengo ganas de abrazar a Iván y de partirle la cara a cualquier otra persona que no sea Iván. No sé donde están lxs buenxs y donde lxs malxs y me jode mucho tener que ir por la vida agarrada a un bolso sin poder bailar a gusto por miedo a que me lo quiten o teniendo que andar firmando contratos por miedo a que la gente vaya a faltar a su palabra.
La Seguridad Social, otro espacio masculino
El otro día leí en el periódico la siguiente noticia: el cuidado de los/as hijos/as será contributivo por un máximo de dos años. Y lo decían así, tipo gran logro sindical. Esto me ha hecho pensar en mi madre que decidió dejar de trabajar fuera de casa cuando mi hermana y yo nacimos para poder cuidarnos. Es un caso como cualquier otro, una historia más de un ama de casa española a la que la Seguridad Social estafa. La cuestión es muy sencilla: el cuidado de los/as hijos/as, tradicionalmente asignado a las mujeres, no viene considerado un empleo. Eso significa, entre otras cosas, que no es una actividad contributiva (a partir de ahora lo será tan sólo un poquito) por lo que una señora que dedica su vida o parte de ella a hacer crecer a sus hijos/as se encuentra con diez o quince años menos de cotización que su marido. Los varones, en cambio, que normalmente hacen un trabajo de esos “de verdad”, además de obtener un sueldo y reconocimiento social, van sumando puntos para poder disfrutar de una pensión el día de mañana. Las mujeres por tanto nos vemos afectadas de manera más directa y negativa por este nuevo diseño de jubilación que el PSOE ha propuesto.
No sé si existe un modelo contributivo más justo en algún país de esos de por ahí arriba, sólo sé que el español da pena verlo. Supongo que la gente se llevaría las manos a la cabeza si en el parlamento alguien propusiera que las cotizaciones no fuesen personales sino familiares. En fin… yo lo único que digo es eso, que la Seguridad Social es otro espacio masculino.






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