Os prometo que me ha pasado esto

Hoy en una tienda una señora se acerca a Y*** y le empieza a tocar el pelo:

-Uy, qué bonito, qué ricitos más pequeños ¿Es tu hija?

-Sí, es mi hija-respondo sin entender muy bien si estábamos hablando de lo mismo.

-¿Y esta otra niña? ¿También es tu hija?- dice refiriéndose a Iván (siempre lo confunden con una niña por la forma de peinarse y vestirse).

-Sí, también.

-Entonces el papá…

-…

-Qué gracioso, una niña se parece al papá y otra a la mamá.

Gente que las caza al vuelo.

Motivaciones de Y***

DSC_0031Durante la clase de música Y*** ha estado pendiente de las explicaciones que he dado a los pianistas, al percusionista y también a los ukelelistas. Tensa las piernas, pone los pies de puntillas, saca la lengua e intenta colocar los dedos en el mástil pero cuando ya los ha puesto el resto de la orquesta ha cambiado de acorde hace rato. Se frustra, las lágrimas brotan y me mira. Se encuentra con mi mirada dura, esa mirada de maestra exigente que le repite hasta la saciedad: «Y***, lo estás haciendo fatal, no te estás divirtiendo» «Mami, es que no me salen los acordes» «A la porra con los acordes, ya sabes, no tienes que tocar perfectamente, tienes que divertirte». Así que se ancla en do, el único acorde que le sale bien, y espera que el ciclo do-fa-sol pase por el único sitio que conoce, como un reloj parado que da la hora exacta solo una vez al día. Después se calla y espera y mientras va viendo como el percusionista marca tres (un-dos-tres-un-dos-tres…) y como los pianistas cambian de un acorde a otro sin problemas.

Acaba la clase, cada uno recoge sus cosas y decimos: «Todos a casa». Y a ella siempre le encanta decir: «Yo no me voy porque vivo aquí» (Y***, Iván y yo damos la clase en pantuflas).

Cuando todos se han ido ella estudia una hora más. En el teclado toca los acordes de «La Bamba» de cabo a rabo e incluso improvisando ritmos. Se apodera de las baquetas y hace ritmos en el tambor de dos, tres y cuatro tiempos perfectos y divirtiéndose. El ukelele duerme envidioso en su funda.

Geografía

Yo- Esta tarde nos vamos al cine a ver una de dibujos.
Iván- ¿Y la película es en inglés?
Yo- No, no, en español ¿Por qué iba a ser en inglés?
Y****-Po podía cé en inglé, no ve que hay musha gente que vive en Shina, en Málaga y en to ezo zitio…

Llegaron los Reyes Magos

10888595_10153005013854785_70870417109850263_n

– ¿Y qué cuentas tú, Iván? ¿te han gustado tus regalos?

-Yo estoy muy contento con mi tablet… ¿Dónde has visto tú una tablet para un niño de 7 años que tenga «winfi», mamá?

-En ningún lado. Estoy impresionada.

-…¿Qué es «Winfi», mami?

Se lo explico. Llega la otra por detrás…

-Pressiosssa la cabargata, mamá, me ha encantado porque había muchos baltasares y baltasaras.

Naturalezas vivas

IMG_0159-Nadie dibuja las raíces de los árboles pero los árboles tienen raíces, dice Y***. Yo a partir de ahora las voy a dibujar siempre ¿Ves, mamí?.

-Me encanta tu árbol, Y****.

Fue como si de pronto se hubiese dado cuenta de lo de las raíces, como si hubiese tenido una revelación, y en el mantel de papel del restaurante dibujó un árbol con raíces bien afianzadas y fuertes. Hicieron, entre los dos, una verdadera obra de arte. Fue una pena que Iván derramara el vaso de agua. Siempre derrama cosas en las mesas: zumos, agua, Acuarius… y los demás nos ponemos nerviosos y nos enfadamos porque se lo decimos mil veces: cuidado Iván, no vayas a tirar algo. Y al final… nada, lo vuelve a hacer.

Pero es que Iván tiene un pequeño “problemilla” con las manos. En realidad lo que pasa es que no tiene manos, tiene dinosaurios: la mano derecha es poseída frecuentemente por el alma de un T-Rex y la izquierda por la de un Triceratops y, bueno, todos sabemos que las relaciones entre ambas especies nunca fueron precisamente… diplomáticas. Así que Iván va andando por la calle mientras sus manos se pelean entre sí en sangrientas batallas prehistóricas que requieren toda su atención. A veces, cuando la cosa se pone seria se acerca mucho las manos a la cara y se pone bizco y la gente se cree que la mente de Iván va lenta o está estropeada o algo así. En realidad parece ser que el “problema” es que la mente le va muy rápido. O que el mundo va lento, claro. En cualquier caso este mundo se le queda corto, yermo, sobrio, aburrido… así que su mente viaja y las manos también. Y detrás viajan los vasos de Acuarius en los bares. IMG_0160

Fuimos a ver un espectáculo precioso en el Alcázar de Córdoba. Los chorros de las fuentes se teñían de colores y bailaban al son de una música medieval.

-Yo sé cómo se hace, dijo Y***, hay un señor abriendo y cerrando un grifo.

-Que no, dijo Iván, cada chorro está conectado a los demás por un cable rojo, ya me he fijado yo al llegar. Es el cable rojo lo que hace que funcione todo, no hay ningún grifo.

Después seguimos dibujando (esta vez en cuadernos, no en el mantel, para evitar tsunamis prehistóricos de Acuarius). Había un jardín y una flor. Mira mamí (dice Y***) ¿ves? Aquí hay un ratón que se está comiendo a la flor, por eso un señor ha venido y la ha metido en la maceta. Después la ha llevado a este jardín tan bonito donde estás tú, que la estás regando para que la flor se ponga contenta. Ahora la flor ya está contenta. El dibujo se titula “Las plantas y el jardín de Alicia”.

Lo afro no era afro

marsella-600-3
Fotograma de la película «Marsella» de Belén Macías.

Al verla con las trenzas, se puso muy contenta y quiso saber si la había peinado «una blanca o una negra». Le dijo que papá iba a ir a hacerse un análisis de sangre y así iban dejar que Y*** lo conociese. Al despedirse, cogió las manos de mi niña y juntas rezaron una oración preciosa para que Dios la protegiera, porque está muy preocupada de que no le hablemos nunca de Dios y de que la eduquemos como a una blanca… y es verdad. Yo no estaba, claro, me lo ha contado la trabajadora social. En realidad tiene razón en todo. Yo no sé peinarla y al final se la tuve que llevar a una señora de Senegal que vende bolsos en la calle, cerca de casa, para que le hiciera las trenzas. La señora nos riñó mucho a David y a mí. Lo del pelo a lo afro no es afro, es americano, por lo visto. Yo no lo sabía. Lo del pelo a lo afro es como no cuidar de la niña. Nos riñó y nos dijo que nos iba a traer un líquido, que si hacía falta lo pagaba ella, pero que el pelo así no podía llevarlo, que había que alisarlo, que dónde iba la niña con el pelo así…

Fue lo primero que Y*** me dijo al conocerme: “Tengo una pregunta ¿Quién me va a peinar?” Yo no sé peinarla pero voy a aprender. Si su madre estuviera aquí podríamos peinarla juntas y así yo aprendía. Es raro esto porque siento que si ella no está no voy a saber qué hacer con Y***. Es muy difícil que eso pase pero yo se lo voy a pedir al Dios de las niñas negras, al que ellas me digan. No voy a poder hacerlo bien si ella no está, sueño con poder mirarla y que me mire. Ella tampoco puede hacerlo sin mí, sin nosotrxs.

Yo soy la madre de las espinacas. Ella es la madre de los donuts. Yo soy la madre que se enfada normal. Ella es la madre que se enfada mucho. Yo soy la madre que cuida. Ella es la madre que debe ser cuidada. Yo soy la madre de todos los días. Ella es la madre de una vez al mes. Yo la de ir al cole. Ella la de rezar con las manos cogidas. Yo la madre de las dudas, ella la de las respuestas.

Hoy se me puso la boca grande mientras estábamos sentadxs, a la hora de comer:

-¿Por qué se te ha puesto la boca grande, mamá?

-Porque estaba pensando en ti, mi vida.

-Me gusta cuando ríes con tu boca grande.

Teologías con Cola Cao

cc14

-Mamá ¿Qué es catequesis?

-Es un cole de religión al que van los niños y las niñas de las familias católicas antes de hacer la comunión.

-Ah, pues yo no voy a ir, que seguro que cuentan mentiras- Iván el científico dixit.

-Pues me parece muy bien.

-¿Y qué pasa si Y****. quiere ir?

-Pues si quiere ir, irá.

-Y****. ¿Tú eres católica?

-No.

-Pero ¿Crees en Dios?

-Sí.

-Anda, mamá…-me dice, como quien me está comunicando un problemón enorme, del rollo: ¿Y ahora qué hacemos con esta papeleta?- Bueno, Y****., pues que sepas que yo no creo en Dios, yo creo en los dinosaurios.

– Ah, pues entonces yo creo en laz princezaz. ¿Tu creez en Dioz, Alicia?

-Yo no, yo creo en las diosas.

-¿En laz diozaaaaaz? Ah, puez yo también.

– De todas maneras, Y****., yo creo que si resulta que Dios es solo uno, seguro que es negra, mujer y lesbiana.

-¿Lezbiana? ¿Ezo qué ez?

-Son las mujeres que aman a otras mujeres.

-Puez en ezo creo yo entoncez.

Radio Y.

bocadillo-negro_318-8580No es que Y. no sepa hablar español, es que habla un español muy flamenco. El problema, en todo caso, es que nosotros no sabemos entender el español flamenco. Iván en cambio habla un español científico, poético, gráfico, con muchas esdrújulas. Define, en tres o cuatro palabras y de forma precisa, el nudo emocional más grande que puedas imaginar, la solución a un problema importante, el problema mismo, la prueba irrefutable de que Dios no existe o el origen del universo (materia y antimateria incluidas). Por eso, cuando Iván nos ve preocupados por cualquier cosa, nos mira y dice ligeramente, desde sus 7 años: “No os preocupéis más, Y. es feliz, yo la veo feliz”.

Y. nunca usa esdrújulas. Tiene un español flamenco, ceceante, rítmico y con sonoras des que se acentúan cuando quiere imitar hablar a su hermano. Hay un país del que no recuerda nada y que siempre va con ella, en la punta de su lengua y en dos vestidos colgados en su armario que se pone para ir al colegio cuando algún compañero la llama negra con mala leche. Y. habla con interferencias, como una radio loca que intenta sintonizar con algún canal cabal. Y. son muchas locutoras que se suceden unas a otras, frenéticas, grita mucho: “me pica er zobaaaacoooo” “vale, pero no grites, y se dice axila” “pero ezo ez ingléz”.

“¿Por qué te llevaron al centro?” ha soltado así, sin esdrújulas, Iván en la comida. Y. se ha convertido en la radio loca. Quería sintonizar, contarlo todo, pero una locutora bebé ha aparecido. Se ha metido las manos en la boca y las ha pringado con la salsa de los espaguetis que se estaba comiendo. Hablaba pero no se le entendía porque tenía las manos en la boca y los espaguetis bailando de por medio. Iván dijo “no te entiendo”. Después de la locutora bebé, de balbuceos y manos babeadas, ha aparecido la locutora muda. La radio se sintonizaba poco a poco, todos aguardábamos, sin prisas. La locutora muda mueve los labios y hay que aprender a leerlos para entender el mensaje. La primera vez que me habló con la locutora muda fue para decirme “eres güena”. Fue el primer día que pasamos solas, se aburría mucho porque no estaba Iván y empezó a desesperarse, pero se dio cuenta de mi agobio y de todos mis esfuerzos por divertirla y creo que debí darle un poco de pena o algo porque la locutora muda soltó “eres güena». Y voy yo y entiendo “eres guarra” (es que entonces no entendía el español flamenco mudo). Todo se aclaró.

Una cosa terrible, moviendo los labios. Una cosa que no se puede decir porque duele solo pensarla. Decirla es dolerla de nuevo y al decirla sin decirla se ha mezclado con los espaguetis, la mesa, las servilletas, un sábado cualquiera, la casa. Una cosa horrible se ha mezclado con cosas normales, de todos los días. Una cosa enorme que es solo el pico del iceberg, ha sido contada y escuchada (leída). Sucedieron caricias, promesas de que nunca le volverá a ocurrir y hacerle saber que, a partir de ahora, solo ella manda en su cuerpo.

Cromatismos

Ha sido su primer día de clase en un colegio nuevo. Estrena todo: ropa, zapatos, casa, hermano, abuelos… No estrena ni papá y ni mamá, porque eso son palabras mayores. Todavía nos tiene sin estrenar. A lo mejor nunca nos estrena, puede que decida dejarnos siempre envueltos en papel de regalo, este que nos han puesto en la institución: “Un papá y una mamá, toma, te los regalamos, pequeña Y****., son para ti, no te hemos preguntado si los quieres, solo te los damos”. Y nos ha mirado, ha fruncido el ceño y después ha sonreído.

Al colegio sí le ha quitado el papel de regalo porque dice que allí se aprenden muchas cosas, pero al salir, venía disgustada. En clase todo el mundo le preguntaba: cómotellamascómotellamascómotellamas… y eso no le ha gustado. Va por la calle y ve un perro grande, se esconde detrás de mí, porque aunque tengo el papel de regalo puesto, soy un escudo de bastante calidad. En cualquier caso, el escudo bueno, el bueno de verdad, ese lo lleva a cuestas siempre. Un cuerpo duro, fuerte, ágil, rápido, sabio, antiguo, con una coraza enorme.

Ha salido disgustada del colegio porque todo el mundo le ha preguntado a la vez cómo se llama y porque un niño ha dicho: “¡Es negra!” refiriéndose a ella. Negra. Llegó la palabra. En el primer día de un colegio al que acababa de quitarle el papel de regalo. Negra.

-Me han dicho negra y a mí no me gusta que me digan negra, porque yo no zoy negra, zoy marrón.

-No te preocupes, Y****.-le ha dicho su hermano, ya estrenado y jugado- que a mí me dicen blanco y soy de color carne.

Después hemos leído a Victoria Santa Cruz, y la hemos visto recitar gritando: “Negra, negra, negra…” como solo una negra puede gritar negra. Sus ojos hipnotizados clavados en la pantalla y el hermano estrenado impresionado ante el poema, el ritmo y la negritud. Entonces, ha decidido: “Vale, yo zoy negra”. Así que, pequeños racistas de patios de colegios estrenados, allá va mi pequeña… y es negra.