Radio Y.

bocadillo-negro_318-8580No es que Y. no sepa hablar español, es que habla un español muy flamenco. El problema, en todo caso, es que nosotros no sabemos entender el español flamenco. Iván en cambio habla un español científico, poético, gráfico, con muchas esdrújulas. Define, en tres o cuatro palabras y de forma precisa, el nudo emocional más grande que puedas imaginar, la solución a un problema importante, el problema mismo, la prueba irrefutable de que Dios no existe o el origen del universo (materia y antimateria incluidas). Por eso, cuando Iván nos ve preocupados por cualquier cosa, nos mira y dice ligeramente, desde sus 7 años: “No os preocupéis más, Y. es feliz, yo la veo feliz”.

Y. nunca usa esdrújulas. Tiene un español flamenco, ceceante, rítmico y con sonoras des que se acentúan cuando quiere imitar hablar a su hermano. Hay un país del que no recuerda nada y que siempre va con ella, en la punta de su lengua y en dos vestidos colgados en su armario que se pone para ir al colegio cuando algún compañero la llama negra con mala leche. Y. habla con interferencias, como una radio loca que intenta sintonizar con algún canal cabal. Y. son muchas locutoras que se suceden unas a otras, frenéticas, grita mucho: “me pica er zobaaaacoooo” “vale, pero no grites, y se dice axila” “pero ezo ez ingléz”.

“¿Por qué te llevaron al centro?” ha soltado así, sin esdrújulas, Iván en la comida. Y. se ha convertido en la radio loca. Quería sintonizar, contarlo todo, pero una locutora bebé ha aparecido. Se ha metido las manos en la boca y las ha pringado con la salsa de los espaguetis que se estaba comiendo. Hablaba pero no se le entendía porque tenía las manos en la boca y los espaguetis bailando de por medio. Iván dijo “no te entiendo”. Después de la locutora bebé, de balbuceos y manos babeadas, ha aparecido la locutora muda. La radio se sintonizaba poco a poco, todos aguardábamos, sin prisas. La locutora muda mueve los labios y hay que aprender a leerlos para entender el mensaje. La primera vez que me habló con la locutora muda fue para decirme “eres güena”. Fue el primer día que pasamos solas, se aburría mucho porque no estaba Iván y empezó a desesperarse, pero se dio cuenta de mi agobio y de todos mis esfuerzos por divertirla y creo que debí darle un poco de pena o algo porque la locutora muda soltó “eres güena”. Y voy yo y entiendo “eres guarra” (es que entonces no entendía el español flamenco mudo). Todo se aclaró.

Una cosa terrible, moviendo los labios. Una cosa que no se puede decir porque duele solo pensarla. Decirla es dolerla de nuevo y al decirla sin decirla se ha mezclado con los espaguetis, la mesa, las servilletas, un sábado cualquiera, la casa. Una cosa horrible se ha mezclado con cosas normales, de todos los días. Una cosa enorme que es solo el pico del iceberg, ha sido contada y escuchada (leída). Sucedieron caricias, promesas de que nunca le volverá a ocurrir y hacerle saber que, a partir de ahora, solo ella manda en su cuerpo.

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3 thoughts on “Radio Y.

  1. Querida Alicia, te digo por facebook desde hace bastante tiempo, adoro la irreverencia con la que te enfrentas a determinadas situaciones que yo las habría dado por imposibles. Pero desde que Y. llegó a vuestras vidas me tienes hipnotizada con los relatos de tu niña. Tengo 28 años, y un momento vital en el que aún son hija a la que están criando más que adulta, pero me has hecho plantearme muy seriamente que en un futuro, donde esté asentada y sea más dueña de mis tiempos y mis dineros (que siempre son importantes), acogeré, seguro.
    Posiblemente me lo niegues, pero la valentía y la generosidad que estáis teniendo es brutal. Muchas gracias por hacernos partícipes a lxs demás a través de estas ventanitas. Un beso muy gordo!

  2. Me enternece imaginar instantes tan bonitos y emotivos como los que cuentas, supongo que la crianza debe ser difícil -sobre todo cuando se dice que lo ideal sería servirse de toda una tribu para tal cometido-, pero de lo que estoy seguro es de que Y. tiene a su lado a un gran apoyo que sembrará su camino en la vida de amor y felicidad, o al menos eso es lo que yo os deseo. Un saludo.

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