De la autodefensa y la violencia de la norma

Hay mucho de burgués y capitalista en pensar que lo marginal es lo violento y lo normalizado lo pacífico. En lo marginal no hay violencia, hay autodefensa y esa es una agresividad legítima.

Desde todos los sectores políticos (derecha e izquierda) hacemos lo posible por crear confusión entre la violencia de la norma y la autodefensa de lo oprimido en un intento de:

– Evitar el sentimiento de culpa que nos molesta, nos incomoda.
– Evitar asumir las responsabilidades y las consecuencias porque supondría enfrentarnos a la estructura, perder privilegios.
-Dar una respuesta (poco honesta pero respuesta al fin y al cabo) al sentimiento de vacío e incomprensión que nos invade ante una barbarie.

Autodefenderse (colectiva e individualmente) es un acto de justicia social, ejercer violencia desde la norma un acto de opresión e injusticia. Desgraciadamente, en la historia de la humanidad, tenemos muy pocos ejemplos de lo primero y demasiados de lo segundo y esto es así porque el proceso de canalización de la agresividad requiere de inteligencia emocional, conocimientos y organización y la norma sólo necesita odio y pereza.

No hay nada de autodefensa en matar a personas inocentes y la infancia es siempre inocente. Un acto de autodefensa en el que muere una sola criatura es, o bien un acto de autodefensa fallido o bien un acto de violencia normativa.

Es muy difícil, en algunas ocasiones, darnos cuenta de si estamos ante un acto de autodefensa desde el margen o un acto violento desde la norma. Para mí la resiliencia consiste, precisamente, en aprender a diferenciar estos dos conceptos. Por eso nunca uso reinserción, porque reinsertar a alguien es hacerlo entrar en lo normativo (que es lo violento) mientras que la resiliencia es un proceso en el que la persona aprende a autodefenderse de lo normativo precisamente sintiéndose orgullosa de no pertenecer a ello.

Por otro lado, cuando alguien nos agrede, desgraciadamente, en lugar de defendernos solemos desencadenar la violencia de la norma que nos beneficia en lugar de la legítima autodefensa desde donde nos oprimen. Esto se hace porque, el proceso de canalización de la ira requiere de capacidad de reflexión, honestidad y valentía, características de las que muy pocos seres humanos pueden hacer gala. Por ejemplo: un obrero que es tiranizado por el dueño de una fábrica no se atreve a enfrentarse a su patrón y canaliza entonces su ira hacia su esposa, propinándole palizas diarias en casa.

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