La soprano


Ella fue la reina de pasar por el aro. Nunca conocí a nadie que lo hiciese de modo tan magistral. Mi heroína. Su mundo de siempre se deshizo de la noche a la mañana: su novio, sus compañerxs de trabajo, casi la totalidad de su familia. Lxs vecinxs no, porque la madre nunca contó nada. En el barrio no lo saben, aunque siempre sospecharon. Perdió todo y fue su elección y yo la admiraba tanto, la respetaba tanto por haberlo hecho. Venía a veces a casa a tomar un café (dos veces al año máximo, las riendas eran cortas) y se desahogaba: siempre estoy sola pero ya me he acostumbrado, es el precio que he decidido pagar. A cambio un teatro en pie. En casa un señor que podía ser su padre y las riendas cortas. En la calle las palabras de siempre, los adjetivos de siempre, esos que ya no nos duelen, casi nunca. No quiero ponerme medallas pero jamás permití (ni permitiré nunca) que delante de mí nadie prendiera fuego a su aro y siempre me sentiré orgullosa de su decisión valiente y de que me tuviese de confidente. Solo yo sé.
Era la araña de la red hasta que aquello tan pegajoso dejó de ser su hogar, su reino, y se convirtió en una mentira viscosa… que decidió creer.
Hoy se levanta cada mañana, se mira al espejo y se jura que todo ha sido un sueño, una mala pesadilla: “Nada ocurrió  de verdad, nunca hubo aro, nunca hubo elección, nunca negocié con este señor. Eso es lo que dicen en el barrio, pero eso no es verdad, yo soy una señora que no va a ponerse un aro en el anular pero porque no quiere, no porque no puede. Todo está bien. Todo no, la confidente, hay que aniquilarla, que no me mire a los ojos, que no me diga que pasé por el aro ¿Quién se ha creído que es? ¿Cómo se atreve a ofenderme así, a manchar los valores cristianos? Yo soy una señora”.

No, no lo eres. Las señoras no existen y, si existieran, tú no serías una de ellas, créeme. Pasaste por el aro, todxs lo saben, yo lo sé y tú, tú también lo sabes. Y estoy muy orgullosa de ti por haberlo hecho. Solo yo me enorgullezco de quien realmente eres. Todo lo demás que te rodea no es más  que un teatro mágico lleno de aplausos, un mundo viscoso y soledad.
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One thought on “La soprano

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