Otra tarde en el centro de acogida D.T.

Hoy nos hemos pintado caritas en las palmas de las manos y los dedos eran los pelos. Creo que los/as niños/as son los/as mejores artistas plásticos que existen. Es impresionante la expresividad que han conseguido con estas sencillas marionetas de mano. Nos hemos divertido muchísimo. Una sábana estirada ha hecho las veces de teatrillo de títeres y ellos mismos han inventado el guión. Han demostrado una capacidad enorme para dramatizar cambiando las voces y se han reído un montón que, a fin de cuentas, es mi objetivo principal.
Después de la clase he visto a F. Cada día que voy allí hay una parte de mí que quiere huir rapidito, para no encontrársela. La otra parte sin embargo está deseando abrazarla. Soy muy consciente de las dificultades a las que vamos a enfrentarnos tanto si la adopción va a delante como si no. Ahora nos separa una montaña de documentos, burocracia y más burocracia, mi corazón hacia adelante y mi razón hacia atrás, huyendo por los jardines de D.T. hacia la puerta. ¿Se puede frenar el amor? Tú ya la has adoptado me dice David, y tiene razón. Intento imaginarme el futuro y pienso que caben sólo dos posibilidades: que F. llegue a ser mi hija (su habitación, su ropa en el armario junto a la de Iván…) o que no. Pero F nunca será un recuerdo para mí, una hija que no tuve, ni un aborto, ni un proyecto inacabado. Yo ya la he adoptado, David tiene razón. Si las cosas no salen como deben yo seré entonces una especie de madre platónica y F mi hija en las ideas, para siempre.
Me ha dado por rezar… a estas alturas, lo que es la vida. To se pega, que dicen en mi tierra. Y es que cuando me voy a dormir y me paro a pensar en todo lo que hago durante el día para intentar que mi vida lleve el rumbo que me gustaría, entonces me acuerdo de Lennon: La vida es lo que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo planes. Pero es que, Johnny, hay cosas que no puedo, bajo ningún concepto, dejárselas al azar, por eso últimamente le doy la vara a Alá.
Nunca he deseado nada con más fuerza.
He hablado con Mme. T., si la niña necesita cualquier cosa hágamelo saber, claro que necesita, todas necesitan, hacen falta zapatos y bragas con urgencia. Pero yo no puedo llevar un par de zapatos a F porque no tengo dinero para comprar 50 pares más para sus compañeras.
F sonríe y su sonrisa brilla de una manera especial porque es una sonrisa nueva, recién estrenada. Ha sabido que le vamos a traer sus nuevas gafas ¿Son bonitas? Preciosas, ya verás, vas a estar guapísima.
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