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Rebajas en mi tiendita online
Hemorragia

Los ataques de ira en las criaturas desamparadas son como hemorragias: sirven para expulsar todas las emociones enfermas, igual que la sangre emana de una herida abierta. El problema es que la hemorragia puede no parar nunca y ante la posibilidad de verla desangrada tenemos el impulso de taponar, pero eso es contraproducente. Las emociones contaminadas, como la sangre, no pueden quedarse dentro. La dificultad mayor de una acogida reside en asumir el riesgo de ver un día a tu criatura desangrada de emociones. Así que, cuando ya has hecho todo lo que te tocaba como cuidadora, queda lo más difícil: esperar sin intervenir presenciando un proceso desgarrador que debe gestionar el/la menor en una soledad inevitable y necesaria.
Limosnas emocionales

Nuestra sociedad tiene aún un problema con la compasión y la caridad cristiana. Lo vemos, por ejemplo, en los presidentes del gobierno que «elegimos». Siempre dan algo de penilla. Las personas seguras de sí mismas bien posicionadas y afianzadas en sus ideales no son leídas como coherentes sino como personas «poco humanas», frías, tercas y engreídas, personas a las que hay que temer, de las que hay que escapar. Hace falta llorar para que tu interlocutor empiece a tener en cuenta lo que estás diciendo. Sólo conseguimos empatizar y escuchar desde la idea judeocristiana de ayuda, íntimamente relacionada con la verticalidad.
Para mí esto es un problema grave. No es que me importe mostrar mi vulnerabilidad, pero tampoco tengo necesidad de ello en cada momento del día. No me gusta dar pena ni tener pena de nadie porque eso interfiere con la búsqueda de un código ético que me satisfaga.
A menudo siento que mi llanto empaña la relación sincera con los demás. A menudo siento que mi fortaleza empaña la relación sincera con los demás.
Nunca me ha conmovido el llanto de una persona adulta per sé. Me conmueven las situaciones de injusticia que puedan provocarlo, pero ver llorar a alguien no es para mí un motivo de escucha mayor, ni de abrazo mayor. Sólo me interesa lo político, las lágrimas bien podrían ser de cocodrilo o puro narcisismo destilado.
Gracias, gracias, gracias

Queridas mecenas,
Una vez más, gracias al esfuerzo colectivo, se hace realidad uno de mis proyectos profesionales.
Hemos triplicado las expectativas y por tanto la segunda parte de Comando Je (de güenorras) sale adelante con el subtítulo: “El robo de Astarté”.
Os mantendré informadas periódicamente de las novedades que vayan surgiendo.
Un abrazo a todas y gracias de corazón.
Alicia
Últimas horas de la campaña de Verkami
Pues está la cosa la mar de emocionante. Quedan poco más de 24 h. para que acabe el plazo del Verkami y estamos a menos de 200 € del tercer objetivo ¿Me ayudáis a difundir? http://www.verkami.com/projects/15628-apoya-la-2%C2%AA-parte-de-comando-je-de-guenorras-el-robo-de-astarte

El divorcio heterosexual
Dentro de la realidad de las parejas heterosexuales, el divorcio no es una varita mágica que libera a las mujeres. De hecho, el divorcio es un instrumento más que el patriarcado ha resignificado para hacernos ver que las cosas cambian sin cambiar. Como la píldora, esa pastillita “para controlar la natalidad” que al final resultó servir para que ellos pudieran correrse dentro sin condón y que tantas crisis de ansiedad, ETS y cánceres de útero nos ha generado a nosotras. O el trabajo remunerado, que en principio era una nueva situación laboral que llevaría a las mujeres a realizarse de forma personal y que en cambio sirvió para que contribuyéramos con un sueldo en casa y encima trabajáramos el doble que antes. Y así podría seguir adelante con mil ejemplos.
El divorcio no es la solución porque:
1. RAZONES DE SEGURIDAD: En la mayoría de los casos las mujeres siguen sufriendo maltrato machista después de llevarlo a cabo, de hecho muchas veces empeora. El que el maltratador viva en otra casa no le impide seguir ejerciendo violencia ni física, ni psicológica, ni económica, ni de ningún otro tipo. Es más, la mayor parte de las mujeres que mueren por violencia machistas estaban separadas o en trámites de separación. El divorcio, en la teoría, es un intento de liberación, de escapar del control del maltratador, pero en la práctica no existen instrumentos ni legales ni estructurales que ayuden a las mujeres a completar ese proceso de forma segura por lo que, en un número notable de ocasiones, las circunstancias empeoran para ellas.
2. RAZONES ECONÓMICAS: Este punto es tan amplio que me daría para tres artículos: señores que trabajan en negro para no pasar la pensión de sus hijos, mujeres con cargo de conciencia judeo-cristiano que salen de casa sin exigir nada, con una mano delante y otra detrás, verdaderos divorcios-estafas que los maridos llevan a cabo porque “las cosas de los papeles siempre las ha llevado él” y un largo etcétera.
3. RAZONES DE MALTRATO INFANTIL Y “SOLUCIONES” ADULTOCENTRISTAS:
3.1. Cuando ya no pueden maltratarte a ti directamente, van a maltratar a tus criaturas. Y lo harán de forma sutil y cruel: tras unas vacaciones de quince días con papá habrán perdido tres kilos, volverán los fines de semana de las visitas diciendo que no se han bañado desde el viernes, comerán a base porquerías, serán abandonados frente a la televisión durante horas, serán entregados a terceras personas (abuelas, novias, etc.) que en muchas ocasiones no pueden o no quieren o no tienen por qué asumir la responsabilidad con el mismo interés con el que debería hacerlo su padre.
3.2. Serán víctimas de abusos sexuales porque éstos los cometen, en un porcentaje aplastante, los padres, tíos y abuelos cuando las criaturas escapan a la protección materna o, en general, de las figuras cuidadoras femeninas. Y esto es un hecho indiscutible, hablan las cifras. Los violadores no están acechando en los callejones oscuros, están en las casas y son parte de la familia.
3.3. Su hogar será la mochila. Viajes en trenes y aviones solitas cuando aún no tienen ni 5 años, a veces. Un día en casa de papá, dos con la abuela, esta tarde con mamá, mañana aquí, pasado allí… con sus posteriores trastornos del comer y del sueño que a veces les acompañarán para el resto de sus días. Me pregunto cuándo los jueces de nuestro país empezarán a dar la casa familiar en usufructo a los/as hijos/as de las parejas divorciadas y que sean madres/padres las personas que deban irse a dormir fuera cuando no les toca cuidar. Me pregunto también, si esa medida se llevase adelante, cuántas parejas decidirían seguir juntas “porque en el fondo tampoco estamos tan mal”.
No, definitivamente el divorcio no es la solución y mucho menos un divorcio sin un previo asesoramiento psicológico y jurídico con perspectiva de género. Las mujeres, si no tenemos más remedio que acudir a esa estafa que es el divorcio hoy día, deberíamos llegar a los juzgados armadas hasta los dientes a todos los niveles: bien informadas, fuertes anímicamente, con un fuerte apoyo social y económico… pero por desgracia suele ser al contrario.
No, la solución no es el divorcio, el divorcio es otro brazo del Estado que contribuye a que nos sigan estafando y matando a nosotras y maltratando a nuestras criaturas.
La única solución es el conflicto: es empezar a exigirles.
Porque la píldora no es la solución, hay que exigirles que se hagan la vasectomía o que, directamente, eliminemos de una vez por todas el coito de nuestras prácticas sexuales, que empiecen a follar abandonando la posición masculina y se enteren de lo que nos gusta de verdad, que saquen la loba que llevan dentro, que abandonen el privilegio macho en la cama.
Porque el trabajo asalariado no es la solución, hay que exigirles que limpien el baño y asuman los cuidados y se dejen de paellitas los domingos.
Y porque el divorcio no es la solución hay que exigirles, mediante el conflicto y la acción en grupo, que asuman una posición justa ante nosotras económica, social y sexualmente y en todo lo referente a la crianza. Si el divorcio es una manera de evadir el conflicto, no vamos a llegar a nada. No hay revolución sin conflicto y cada casa es un campo de batalla donde podemos morir sin luchar, morir luchando o vivir venciendo.
Procesos de indignación cotidianos
En el coche buscando aparcamiento. Iván, desde el asiento de atrás, lee en voz alta:
—A-par-ca-mien-to-re-ser-va-do-a-mi-nus-vá-li-dos… Aparcamiento reservado a minusválidos… Minusválidos… minus… válido… minus… ¿Minus? ¡MINUS! ¿MINUS DE MENOS? ¿Menos válido? ¿Qué? ¿Una persona es menos válida por ir en silla de ruedas?
Inicia su proceso de indignación política. La familia ya está acostumbrada pero igual nos encanta volver a presenciarlo:
—¡Qué mala educación! ¡Decirle eso a alguien sólo porque no puede andar! Pues ¿sabéis que os digo? Que el “minus-valido” es el que se inventó la palabra.
El padre muerto de risa, en inglés para que él no se entere:
—Algo debemos estar haciendo bien, tía.
Pasan los días y de vez en cuando se acuerda:
— Muy bien, vale, pues por esa regla de tres Stephen Hawking es un ultra-válido ¿no? Porque es más inteligente que mucha gente que yo conozco.
Siguen pasando los días, la indignación continúa pero ya más asimilada. Se planta en una silla de la cocina:
—¡Oh! Soy un pobre mayusválido en su silla sin ruedas. Ayudadme, que puedo caminar.
Se descojona sólo. Y así.



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