Enlace a entrevista

Os dejo el enlace a la entrevista que me hicieron hace unos días como integrante de la Comisión de Feminismos del 15 M en Sevilla, Setas Feministas, con motivo de la celebración del día de la Radio Feminista.
Gracias a la periodista Rocío Muñoz y a Periodismo Humano por darnos voz, al menos ese día. Es una pena, eso sí, que los medios se acuerden de la igualdad solo en los días señalados.
http://periodismohumano.com/mujer/la-crisis-esta-afectando-muchisimo-mas-a-las-mujeres.html

Cabezas desenroscables y mujeres bicéfalas

No me puedo quitar la cabeza, pero yo lo prefiero. Y hay frases que no me las puedo quitar de la cabeza. No me puedo quitar frases.

Mi cabeza la llevo todo el día puesta y a veces toda la noche y otras veces voy recogiendo cabezas huérfanas y me las pongo, por eso una vez escuché la frase el feminismo está destruyendo tu vida. Las frases. Qué frases.

Esa la escuché yo y tú habrás oído también, con tu cabeza, esa de no lo quiero pensar. Dicha por una mujer la cosa me parece escalofriante.

Son mujeres capaces de desenroscarse las cabezas a la altura del cuello. Dicen ser más felices que yo.

Un libro de historia del feminismo me hace llorar porque soy una puta fanática, extremista, histérica y una radical insoportable por la mayoría de la gente de esa que prefiere no pensarlo. El feminismo es morir cada día, es la horizontalidad del tiempo versus una verticalidad infinita, constante, única, implacable, viscosa, lenta. Exponerse, ser una misma, desnudarse. Hubo una, Annie Sprinkle, que enseñó el coño abriéndoselo con unos fórceps y dando una linterna a los/as espectadores. Desde la inmensidad iluminada se vería el cuello del útero unido a su cabeza, imposible desenroscar ese cuello tan pensante. Gracias Annie.

Annie Sprinkle enseñando el interior de su órgano genital

usando unos forceps y una linterna.

Tantra vs pechos depilados

Quiero postporno intravenoso y quiero que Erika Lust no sea la única posibilidad. Quiero porno igualitario de fácil y rápido acceso, gratuito, como el que pueden obtener los hombres con tan sólo teclear la palabra “mujer” en Google. El panorama está bastante mustio y mi clítoris ya no necesita más amor, de ese tengo toneladas, ahora quiero carne, muy fresca, objetualizada, divinizada, desespiritualizada. Y ya sé lo que me vais a decir, que hay mucho sexo gratis esperando a las mujeres en la calle. Pero eso no es del todo verdad y además la calidad ofertada me ha hecho reticente y algo holgazana.

Tras mucho buscar encontré esto: www.tantramasajessevilla.com . A veces las mujeres necesitamos descontextualizar las cosas para empezar de cero y estar en armonía con nuestros deseos sin tener que dar cuentas a las represiones que arrastramos. Mi admirada June Fernández hace una disertación estupenda sobre el tema en este artículo. Ella dice que deberíamos dejarnos de tantas tonterías y tantas velitas y pedir lo que realmente queremos. Pero la verdad es que el Tantra es una vía de liberación y visto que tenemos tan pocas ¿Por qué no utilizarlo? Al fin y al cabo ¿Es que tenemos que saltarnos varios milenios de represión misógina en un abrir y cerrar de ojos? ¿Tampoco en nuestro proceso de liberación sexual van a respetarse nuestras necesidades, nuestros tiempos? El Tantra viene de otra cultura, es borrón y cuenta nueva, empezar desde el principio. Hay masajistas hombres y mujeres y los/as clientes también son hombres y mujeres, no nos sentimos excluidas a priori y podemos llegar a él de forma fácil. Además es mucho más barato que los gigolós horteras de pecho depilado que prometen «protegernos» (¿De qué? ¿De sus pollas radioactivas?) y “hacernos pasar una velada romántica” olvidándose de preguntarse qué es lo que realmente deseamos las mujeres más allá de lo preestablecido y cobrándonos una pasta gansa para jugar a que sigamos siendo sus nenas. Para eso, efectivamente, no necesito pagar. Lo que yo quiero es que me adoren y me divinicen, que traten mi cuerpo como si el de una máquina de generar orgasmos se tratase. No quiero que me protejan, quiero correrme.

Señores gigolós, son ustedes muy caros y mi sueldo de española media no me permite acceder a sus servicios. Las tías ganamos mucho menos que los puteros, por eso no podemos ser puteras. Al menos por ahora. Además me toca las narices que las agencias oferten sólo mujeres menores de 28 y en cambio el límite para los hombres roce los 40.

Por todo ello me voy a dar un masaje tantra. Ya os contaré.

Concierto de Alicia Murillo Trío

Alicia Murillo, voz y flauta travesera.

José del Valle, guitarra.

Álvaro Garrido, percusión.

Domingo 30 octubre a las 22h.

Festival de las Naciones, Prado de San Sebastián (Sevilla).

Podríamos hablar de la copla, la ópera y el flamenco pero este recital en trío es mucho más que todo eso. La voz elegante y canalla de Alicia Murillo y la valentía y el saber hacer de sus músicos hacen que este proyecto musical no pueda atenerse a clasificaciones ni etiquetas.

Músicas de José del Valle, El Chipi de Algeciras, Morricone, Joao Gilberto, etc. además de standars jazz y latin jazz.

Mira mi cuerpo

Mira mi cuerpo, es redondo y húmedo. Míralo de frente, es amplio, acogedor y tierno, mira este rincón, hueso y piel. Mira mi cuerpo. Mira como se transforma con el tiempo, mira todas las huellas que dejaron a su paso las alegrías, las penas, los amores y el dolor. Míralo, sin tocarlo a menos que yo asienta con mi sonrisa y date cuenta de hasta dónde alcanza su belleza y su poder. Escucha su olor, inúndate de todo aquello que soy yo. Porque nadie lo cubrirá nunca más. Caminaré descalza por el asfalto y no podrás hacer nada. Ya no hay vuelta atrás. Mira mi cuerpo y simplemente, abandónate a la idea de que este cuerpo es el cuerpo de un mundo que comienza, un mundo exorcizado, abatido, un mundo que renace, un mundo bello, el mundo más bello caminando a través de mis piernas, desprendiendo olor a través de mi sudor, el sudor más bello, el sudor de la piel que heredé destrozada y he sabido zurcir. Mírame, mira mi belleza, mira el límite hasta el cual mi culo hace reventar tus ojos, mírame de frente y embelésate con todo lo que me esputaste como un insulto y que siempre deseaste como un perro hambriento. Míralo y toma conciencia de que todo se acabó, de que ya no hay putas malogradas porque nuestros coños hoy están a la venta a un precio que no terminarás de pagar nunca. Míralo y ríndete. Y cuídalo como se cuida al ídolo, a la ama.

El cachas

Salíamos del cine, sonreíamos. Caminábamos charlando animadamente, cruzábamos por un paso de cebra. Éramos dos viandantes normales, de esos que no causan problemas en un domingo tranquilo de un de octubre soleado.

Era un puto paso de cebra y ese vehículo, además de estar mal aparcado, dio marcha atrás inesperadamente y casi nos atropella. Avisé al conductor con un par de golpes leves pero sonoros en la parte trasera de su coche. La tarde era soleada, habíamos dejado al niño con mi padre y estábamos contentos de haber ido al cine. El coche era muy hortera, igual que el tipo que lo conducía, igual que su novia, igual que su cerebro.

Pasó seguro más horas en el gimnasio que en la biblioteca. Mens sana in corpore sano, chaval, que no te enteras. De qué te sirve ese coche tan brillante y tan negro, para qué todos esos músculos y sobre todo, nene ¿Es que no piensas? ¿Para qué coño te depilas el pecho? De nada sirve todo aquello si dentro no eres más que un pávido.

A pesar de nuestra sonrisa dominguera y de un ten cuidadito que casi nos atropellas, el capullo va y nos suelta vale pero poquitos golpes en el coche ¿Eh?

David, Alicia, Alicia, David… tanto monta, nosotros sí que sí… (¿Dónde vas tetitas infladas? Pobre, no sabía que había dado con el esperpento hecho humanismo) y ahí mi David y yo exigiéndole una disculpa como si a un conductor subnormal le pudieses exigir un libro de reclamaciones. Esperpento y humanismo hasta que nos tocan las narices, yo un poco más, eso sí, que David está más leído y evolucionado, pero igual hacemos un equipo de puta madre.

Del coche se bajaron músculos y más músculos y un gilipollas los sostenía sobre el esqueleto de un cobarde que asomaba avergonzado de no atreverse con una mujer y un canijo. Y su chati que va y me pide disculpas ¿Eres su madre? – Le dije – ¿O es que conducías tú, acaso? Pero en realidad la pregunta clave era ¿Qué puede ver una mujer en un saco de mierda semejante?

Se puso chulo, le alcé la voz y le lancé toda la rabia que, por fin, he conseguido hacer salir. Ya no hago más yoga, decidido, esto es mucho mejor.

El de las tetas infladas a base de esteroides nos pidió disculpas. Sus ojos desprendían miedo, los míos rabia.

Chicas, en serio, están acojonados, no dejéis que el miedo os bloquee nunca más.

La agresión educada


Todas las mujeres somos víctimas a diario de un tipo de agresión camuflada de opinión respetable. Este tipo de agresiones parte a menudo de personas que no se creen machistas e incluso se autodenominan feministas (porque mola mucho y es muy guay decir eso de yo creo en la igualdad). Suelen basarse en la negación de hechos fácilmente comprobables con una simple visita a Google (referentes, por ejemplo, a la discriminación laboral, al índice de maltrato, a la colaboración de los hombres en las tareas domésticas, etc.). Te sueltan, por ejemplo: “No es verdad que las mujeres estén discriminadas en tal o cual sector” y se lo dicen a una, que, pongamos el caso, ha sido despedida precisamente en ese sector al quedarse embarazada.

La cuestión es que negar el Holocausto tiene cárcel en muchos países y hacer apología del terrorismo también pero negar las discriminaciones a las mujeres ni si quiera puede considerarse un insulto. Es decir, a mí un señor me viene a decir que cuando me despidieron por quedarme embarazada fue por casualidad y que cuando mi puesto se lo dieron a un hombre también y, encima, no se me permite ni ser irónica al responderle, por ejemplo: “No entremos en el tema porque soy feminista y cuando hablo con personas que me dicen esas tonterías me pongo muy fea, muy histérica y me salen muchos pelos en las piernas y los sabacos”. Es entonces cuando nos llaman maleducadas, porque aquí la cuestión es que no se alce nunca la voz ni se nombren partes del cuerpo que huelan mal, aunque el de delante te esté llamando embustera. Es el malentendido respeto mutuo que, parece ser, es algo así como el cristiano poner la otra mejilla.

A mí, la verdad, cada vez me divierte más ver la carita del muchacho en cuestión cuando suelto una de mis burradas. La Ziga llama directamente gilipollas a quien entra en su blog con ánimos de insultar educadamente. Yo, cuando sea mayor, quiero ser como ella.

Las palabras tienen una erosión social enorme y hay cosas que no deberían decirse simplemente porque son falsas y el faltar a la verdad es una agresión en sí.

He observado el acojone que genera la actitud borde de nosotras las transfeministas. El macho es cobarde, ignorante y tiene poca actitud de lucha, por eso no aprende. Es muy efectivo soltarles las zigadas, así se callan y se niegan a seguir discutiendo contigo con lo cual ganas dos cosas: evitas que siga diciendo chorradas y dejas de tener que hablar con un capullo.