¿Qué es sororidad?


Al final de este post os dejo unos enlaces a artículos que han escrito tres compañeras estos días y que me han fascinado por su valentía y su incorrección política. Creo que algo se está moviendo dentro del feminismo y de la lucha de las mujeres en general. Estamos de verdad hartas del mal rollo, de la falta de compañerismo, de tener que pasar la prueba del feministómetro por parte de las feministas de pedigrí, de pata negra ¿Qué clase de lucha social es una llena de estereotipos? ¿Hacia dónde pensamos que vamos a llegar si nos vamos poniendo zancadillas unas a otras? ¿Qué clase de feminismo es ese que no incluye contradicciones y pensamiento plural? ¿Nos estamos creyendo esa idea tan patriarcal que dice que la verdad es una y atiende solo a la razón? ¿De verdad cada vez que una aporte una nueva estrategia o una nueva visión va a ser tachada de lesbófoba o machista? Mujeres, somos plurales y no pasa nada.
Prostitución sí o no. Lactancia materna sí o no.  Hijab sí o no… qué aburrimiento, señoras. Yo me apeo en la próxima. Estamos jugando el juego de los hombres, nos están dividiendo en aburridos binomios. La vida de las mujeres no es una cuestión de opinión, es una cuestión de decisión y las decisiones son tantas como señoras hay en esta tierra. Y a la que le dé vértigo tantas opciones que deje de volcar su miedo en las compañeras.
¿El acoso cibernético entre mujeres? ¿Estamos volviéndonos locas? señoras que publican datos privados de compañeras de colectivo en la red, que se mofan de sus características físicas, que hace capturas de pantallas de los que las otras escriben con no imagino qué fin, que se insultan, que hacen personal lo político, en lugar de hacer político lo personal que era de lo que se trataba…
Pero algo se mueve, ya somos muchas las que estamos cansadas de estos dogmas y últimamente veo cada vez más trabajos dedicados a apaliar esta desunión. Espero que os gusten los enlaces. Por cierto, no es que esté zen, más bien estoy hasta el coño…

Y no se trata de huir del conflicto, se trata de trabajar las diferencias políticas desde la valentía y la honestidad y dejar de un lado los egos. 
Sobre el feministómetro:
Sobre el feministómetro y la falta de compañerismo:
Sobre la falta de sororidad:
Sobre la ridiculez de pelearnos entre nosotras:

Pelos políticos


Me gusta ir con las viejas, feminidades incorrectas, para todxs. Me gustan las viejas y sus frases incorrectas “pobrecitos los hombres, son tontos, las mujeres somos las que mandamos”. Me encantan los bigotes de las viejas, feminidades reventadas, ya no se quitan más pelos, porque sí. O porque no. No hay motivos, no se dan cuenta que los tienen o no les importa, nunca hablan de bigotes las viejas. Las jóvenes sí. Y las feministas también, de cualquier edad. Pero las viejas sin más, de bigotes no hablan.
Me gusta ir con las madres del otro día, feminidades incorrectas, para todxs. Me gustan unas madres que conocí el otro día y sus frases incorrectas “como una madre no hay nada en este mundo, por mi hijxs soy capaz de cualquier cosa”. Me encantan los sobacos de las madres que conocí el otro día, feminidades reventadas, no se quitan más pelos porque no tienen tiempo, porque no lo creen importante, porque sí. O porque no. No hay motivos, no se dan cuenta de que los tienen o no les importa, nunca hablan de los sobacos las madres que conocí el otro día. Hay otras madres que sí. Y las feministas también. Pero las madres del otro día no hablaban de sobacos.
Me gusta ir con jóvenes borrachas, feminidades incorrectas, para todxs. Me gustan sus frases incorrectas “a mí no me gusta leer, me aburro”. Me encantan sus estados de lujuria en colaboración con los hombres, feminidades reventadas, ya no guardan ni su himen ni su corrección porque no es divertido, porque no lo creen importante, porque sí. O porque no. No hay motivos, no se dan cuenta de que los tienen o no les importa, nunca hablan del himen las borrachas. Las sobrias sí. Y las feministas también, borrachas o sobrias. Pero las borrachas sin más, del himen no hablan.
Politizar un acto de forma consciente no es la única vía para luchar contra la injusticia. De hecho, si me apuráis, la vía más directa a la libertad es el ejercicio de la misma. El feminismo se nos está derritiendo como un caramelo pegajoso bajo el abrasante sol de la teoría. Y cuando veo a mujeres que no conocen a Beauvoir o a Despentes y que, aún así, demuestran ejercer su libertad con la naturalidad de quien la lleva en las venas, una sensación de fascinación y adrenalina me invade. Y me da igual que el patriarcado las haya estigmatizado como incultas, inconscientes, garrulas, alienadas e incapaces. Para mí son nuestras viejas y nuestras madres y nuestras vecinas borrachas, que no leen porque no les sale del coño, el ejemplo vivo de nuestra historia y la mayoría de ellas tiene mucho que enseñarme.
El feminismo se lleva en el corazón. Feminismo es libertad, sororidad, pluralidad. Feminismo no es dogma. Feminismo no es estereotipo. Feminismo es, básicamente, elegir y dejar elegir.
Debemos estar todas juntas, todas las mujeres. No hace falta ser iguales, ni si quiera tenemos que ser amigas. Basta que estemos juntas, en contacto y colaborando y que tengamos claro que quien nos asesina no es otra mujer. Lo personal es político pero lo político no tiene porqué ser personal. Y al final, todo es político, hasta el bigote de mi abuela. Y la borrachera de mi vecina.

P.D.: Por todo ello, adoro proyectos como estos http://www.cenicientas.es/ 

¡MUJERES!

Sigo viajando por estas naciones que forman España. Estoy escoñaita. Conciertos y talleres se me solapan, no doy para más y, ahora, a la una de la mañana, en lugar de dormir, aquí me tenéis, ejerciendo de bloguera.

Pero es que quería deciros una cosa importante y la tenía que comunicar con urgencia. Resulta que por azares del destino me encuentro actualmente en una situación muy privilegiada. El taller está viajando por ciudades, colectivos, barrios y realidades muy diferentes en estos últimos meses. Gracias a esto he tenido el lujo de compartir espacio, tiempo e intimidad con mujeres de todo tipo. La semana pasada estaba en la provincia de Cádiz con las mujeres del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadorxs), algunas de estas señoras vivían en pequeños pueblos, muchas de ellas estaban en el entorno de la agricultura, se declaraban comunistas, otras anarquistas (pero no de cresta, anarquistas las otras, de recogida de uva). También he impartido el taller para anarquistas de cresta. Y para madres y para abuelas y para trabajadoras sexuales y para asociaciones de mujeres y para feministas declaradas, para las de la igualdad, para las de la diferencia y el largo etc. de toda la vida. Me faltan muchos colectivos aún, muchos… muchas mujeres, porque cada mujer es inclasificable. Y esto vengo a deciros con urgencia, porque es urgente de verdad: no hay colectivos. O sí los hay, pero da igual. Lo que quiero deciros no es eso… es que es muy urgente que os lo comunique porque me vengo enterando estos días y es tan grave y tan importante y este taller me ha puesto en una posición tan particular, pudiendo entrar en un piso donde curran trabajadoras sexuales y convivir unos días allí y ver salir y entrar a los clientes y al día siguiente estar con abuelas que se me duermen en las dinámicas y que abren la boca y sueltan algo que se me clava en el estómago de cómo está cargado de sabiduría y las madres con sus niñxs que vienen y lxs cuidamos entre todas y no os vayáis a creer que me he vuelto gilipollas y que os estoy contando una peli de Walt Disney, que en realidad lo que hacen las mujeres en mi taller es hostiarse vivas… pero… que es muy urgente que os cuente esto.

Todas decimos lo mismo y esa es la buena noticia. La mala es que cada una lo está diciendo reafirmándose en su posición y, de verdad, esta es la urgencia: no perdamos más tiempo mujeres, que estamos todas diciendo las mismas cosas. Es escalofriante pero es así. Que una puta suelte la misma frase que una jornalera, que una madre ama de casa diga lo mismo, palabra por palabra, que una transfeminsta… yo no sé a vosotras, a mí esto me abre un mundo. Igual lo sabíais todas y yo me estoy enterando ahora, todo es posible. La verdad es que suelo estar bastante en la parra, pero podríais haber avisado también ¿no?

¿Qué coño estamos haciendo?

¿Queréis que os dé mi opinión? Estamos haciendo las gilipollas. Eso es lo que estamos haciendo. Las feministas más, si me lo permitís. Bueno, no, igual que todas. Estamos haciendo todas las gilipollas. Eso, eso era esa cosa tan urgente que quería deciros, joder, que no me salía. La noticia es que llevamos todos estos milenios de patriarcado haciendo el capullo.

Y también quería transmitiros dos cosas más. Son dos frases de dos mujeres sabias de las muchas que han asistido a mi taller:

PRIMERA FRASE (En respuesta a mi pregunta “¿Cómo creéis que un hombre habría reaccionado a este ejercicio?”):
 “Un hombre no lo aguanta ni 30 segundos”
M., anciana cuidadora de su madre aún más anciana.

SEGUNDA FRASE: “El día que las putas y las esposas se sienten a hablar se acabará el patriarcado”.
S., trabajadora sexual.


Como veis era muy urgente.

San Fermín, San Quintín y la revolución del santoral

Este es un mundo difícil para las mujeres y, quién sabe, seré complicada, pero a veces me da por pensar que es por eso por lo que me gusta ser mujer, por el reto que significa cada día vivir con dos tetas y un coño a cuestas. Fíjate tú qué tontería ¿no? Si la mayoría del tiempo llevamos todo eso tapado… y sin embargo el mero hecho de poseer semejantes atributos te condiciona la vida de forma brutal. Y no digo “brutal” porque esté de moda (¡Es guay!¡Qué fuerte!¡A tope!…) no, no, digo brutal porque te hostian viva en tu casa, te despiden del trabajo, te condiciona la nueva contratación, te matan. Por tener tetas y coño. Hay que ver lo que son las cosas. Pero al mismo tiempo, todo este asunto de ser mujer viene siendo algo así como un desafío constante, que cansa a veces, no te digo que no, pero que yo vivo en los últimos años como la oportunidad de hacer algo revolucionario a cada momento. Porque, por ejemplo, tal y como decía hace unos días en este blog, no tiene el mismo impacto social un hombre rapado que una mujer. No, perdona que te lo diga, querido varón, pero tu coger la maquinilla y quedarte pelón es algo bastante vulgar, es un ponerte fresquito, yo en cambio reviendo mi imagen laboral, en mi entorno familiar creo el caos y ayudo a lxs vecinxs a terminar de decidir que no es buena idea que yo me ocupe de la presidencia de la comunidad, aunque el año que viene me toque. Y así con todo ¿o es que es lo mismo, querido varón, que cuelgues tus fotos de la playa en Facebook  a que las cuelgue yo? ¿Cómo va a ser igual, si en el momento en que un pezón femenino asoma en las redes todo son denuncias, bloqueos de cuentas, pajas, críticas y enhorabuenas por la valentía?
Las mujeres, por el simple hecho de ser mujeres, la liamos parda casi con tan solo respirar. Es lo que tiene tanta represión patriarcal, que al haberse pasado de rosca nos han dado un poder implacable. Y esto me recuerda a la revolución anti-racista de Rosa Park: planta su coño en un asiento de blancxs de un autobús y desata la de San Quintín. Represión igual a poder, el/la reprimidx es siempre el virus del sistema. Y esta sociedad tiene el 50% de su población cometiendo actos virales a cada momento, ya sea de forma consciente o inconsciente.
Como en la fiesta d San Fermín. Asco me dan por machistas y especistas esas fiestas. El maltrato de los toros es el eje central de la barbarie a la que llaman celebración y, entre borrachera y desmadre taurina los mozos violan y acosan a las mujeres a su antojo, reportera incluida. Cómo me recuerda todo eso a las violaciones que cada año se ejecutan en el Rocío, a los caballos muertos en el camino, al tener que aguantar borrachos en la Feria de Abril… es la España cañí, lástima que la corrupción y esta mierda nos una a todas las naciones que la forman.
Pero qué queréis que os diga, no puedo dejar de darme cuenta de que San Fermín es una nueva oportunidad de las mujeres de realizar actos de rebeldía que revientan el sistema y las reglas, y pa muestra un botón (véanse las fotos). Buscando un poco en la red me he dado cuenta de que las fotografías de las mujeres en esta celebración aparecen en dos tipos de publicaciones: las que denuncian las agresiones sexuales y las que dan material a machirulos pajilleros. Pero no he encontrado ni un solo artículo que hable de la alegría de las mujeres, de la diversión, del desenfreno y la borrachera a la que se lanzan  en un contexto donde son absoluta minoría y donde, nuevamente, querido varón, tu existencia queda reducida a vulgaridad y la nuestra, la de las poseedoras de coño, queda ensalzada en un acto tan sencillo como extraordinario gracias a la mierda de represión que este sistema quiso imponernos y que, año tras año, va reventando solo.
Es terrible que violen a mujeres en las fiestas locales, pero también es terrible que no sepamos darnos cuenta del acto heroico y rompedor que es el que una mujer se levante la camiseta dentro de una masa de machirulos y disfrute de que la toquen por propia elección. Es una mierda que en muchas de esas ocasiones las mujeres no puedan parar a los hombres cuando ya no les apetece ser tocadas, pero también es penoso que haya gente que siga deslegitimizando la libertad femenina desacreditando a estas señoras con el típico “no son conscientes de donde se han metido”; “se trata de extranjeras despistadas”; ”en las fotos se ríen pero en realidad querrían llorar, es que les da vergüenza”; ”están borrachas, mañana se van a arrepentir mucho”, etc.
El paternalismo en forma de liberación. No gracias, no me liberes de ese modo que me suena a lo de “critiquemos y persigamos el hijab que las musulmanas están anuladas y obligadas por sus maridos a llevarlo”, “prohibamos la prostitución que, aunque las putas digan que están ahí porque quieren, es porque tienen el cerebro anulado de tanta vejación”.
Harta me tiene esta visión de la mujer-niña que no es otra cosa que miedo al poder femenino (¡miedo, a veces, al propio poder!).
Y que no me hablen de segregación, el discurso de que las mujeres debemos buscar espacios seguros para tocarnos ¿Perdona?¿Debemos? Cada cual se dejará tocar en el espacio que crea conveniente que para eso es su cuerpo y, además, encuentro que la segregación es un medio pero no puede ser el fin ¿Otra vez las mujeres en el espacio reducido, en el espacio íntimo y para ellos la plaza pública, el sol y todo el sitio que quieran? Pues no sé yo…

Ivanadas: El culo y el adiós


Hazme una foto del culo ¿De tu culo?¿Para qué? Para mirarla cuando esté triste y así me río. Se la hago, la vemos y nos reímos.

Esta noche hemos dormido juntos. Nuestra última noche juntos. A la mañana siguiente yo salía de gira. Me desperté media hora antes que él y me quedé mirándolo todo el rato. Entonces respiró hondo y abrió sus ojos redondos, negros. Me vio y se abalanzó al cuello. Jo, mami, hoy nos tenemos que despedir. Nos abrazamos aún más fuerte y guardamos silencio un rato. De pronto se acuerda y me dice con urgencia: ¡El culo, el culo, mamá, enséñame la foto del culo, deprisa!

Desde la serenidad


Nunca fui serena. Siempre fui una loca, histérica, extremista y todas esas cosas, ya sabéis. Nunca me molestó serlo, pero la vida te modifica y yo hoy siento un cambio. Ha pasado ya más de un año desde que se estrenó El Cazador Cazado y, en este intenso periodo  de activismo feminista, mi vida, mis circunstancias y mi persona han sufrido cambios brutales. Este post va a ser largo, lo aviso, porque necesito soltar algunas cosas importantes y porque estoy menstruando y no tengo ninguna prisa. Va a ser un post largo y desordenado. Es lo que hay.
No ha sido un año fácil, como digo, al contrario, he debido enfrentarme a cosas muy fuertes y me he sentido a veces estúpida por la inocencia con la que me expuse de forma completamente gratuita a agresiones y malos rollos. Pero a cambio he aprendido mucho.
No quiero vivir enfadada, esa es una de las conclusiones más importantes a las que he llegado y también a la de que es posible vivir feliz y llevar adelante un activismo agresivo y que erosione los vicios más corruptos de la sociedad.
En este último año y pico he aprendido a enfrentarme al agresor, a anularlo y a seguir luego mi paseo tranquila, dejando atrás lo ocurrido. Hace tan solo unos meses me temblaba la mano al grabar con mi móvil o volvía a casa llorando, llena de indignación. Pero el tiempo pasa y la técnica mental de autodefensa se va perfeccionado, en parte mucho gracias a los talleres y al contacto con otras mujeres, estupendas, valientes, sabias, a las que tanto debo, de las que tanto aprendo día a día. Mis cazadoras…
Otro dolor grande al que tuve que hacer frente fue al de la mitificación a la que a menudo las personas más activas y conocidas en la red nos enfrentamos por parte de las propias compañeras. Lo he llevado mal, muy mal. No me gusta que me carguen de expectativas ajenas a cambio de reconocimiento social, de apoyar al “mito feminista”. No me interesa ser líder ni gurú de nadie porque es un juego demasiado parecido al fascismo. La lideresa sierva, te ensalzo y te venero pero a cambio tú obedeces al movimiento, dejas de pensar por ti misma y lanzas consignas siempre políticamente correctas porque de lo que se trata en el fondo no es de que luchemos contra un sistema corrupto, sino de que creemos un rebaño en el que nos sintamos protegidas todas las ovejas negras que esta sociedad repudia. Pero ese no es el feminismo que me interesa y me cago en toda la fama y prestigio social con la que la gente pretende a veces sobornarme. Porque al final es solo eso, todo esto no es más que un soborno en el que no estoy dispuesta a caer. La razón es bien simple, como he dicho antes pretendo ser feliz, es mi objetivo principal, y no sé cómo podría llegar a serlo sin la diversión que me proporciona ir por ahí diciendo lo que me sale del coño.
El miedo. He visto miedo en donde menos pensé que lo vería pero también he conocido a mujeres tan llenas de valor que la palabra admiración tiene hoy un color diferente. Yo, que creé el hastag #somosmanada (y del que estoy tan orgullosa) reivindico hoy el de #soylobaesteparia. Porque ambas cosas son necesarias.
Hay ojos llenos de vida, los he visto. Este domingo, sin ir más lejos, en el taller de Sanlúcar. Hay miradas que conmocionan, por la pelea interna que hacen adivinar, por la honestidad consigo mismas. Con eso me quiero quedar, porque este va a ser el año del buen rollo.