Binomios


La mujer fucsia fue discriminada por ser rosa. La mujer turquesa fue discriminada por ser azul.

Hoy es un precioso día de sol. La mujer X (equis con mayúsculas porque todo el mundo la admira) presenta su nuevo libro en la FNAC. La gente hace cola para que se lo firme. Va sobre el dolor y la represión que las mujeres rosadas sufren a diario y pide que el mundo no se obceque en convertirnos a todas en azules.

La mujer fucsia se leyó el libro y lloró de emoción porque se sintió muy identificada.

La mujer turquesa también se leyó el libro y lloró mucho, pero de rabia, porque se sintió aún más discriminada: “¿Es que no es suficiente ya la persecución que las azules sufrimos en esta sociedad – decía entre suspiros mientras se golpeaba el pecho – para que encima las propias  congéneres  se unan al acoso?”. Muchas mujeres de diferentes tonos de azul se unieron a la protesta de la mujer turquesa, incluso alguna morada y muchas verde agua. Fue inútil que la mujer X (equis con mayúsculas porque era muy famosa) explicara una y otra vez que no había pretendido ofender a nadie, pero que la gente tenía que entender que no era comparable la exclusión que sufrían las rosadas ante la casi inexistente discriminación, si es que puede llamarse así, de las azules.
Las azules quedaron ofendidísimas, muy indignadas y heridas. Suspiraban todo el rato. Las rosadas también se ofendieron con la actitud de las azules, mucho, pero pensaron que, al menos esa vez, habían ganado.
El señor que editó el libro se forró.

FIN

Seamos pro-cosas


Dice Beatriz Gimeno en un artículo publicado recientemente en Pikara, que no existe en el feminismo un discurso anti-maternal. Me sorprende mucho esta declaración porque a esta autora (con la que  podré o no estar acuerdo a menudo) hay que reconocerle el hecho de que se ha leído, como decimos en mi tierra, lo más grande. Por eso me extraña que no se acuerde los extensos discursos que Simone de Beauvoir hace ya en El Segundo Sexo acerca de este tema (“De los dos rostros antiguos de la maternidad, el hombre solo quiere hoy conocer el sonriente” y un largo etc.). Me extraña también que se olvide de todos los del Feminismo de la Igualdad, que incitaban a las mujeres a compartir las labores de cuidados de los hijos con los hombres para que pudieran salir a la calle a realizar trabajos remunerados, alegando que era lo que más nos convenía, la única fórmula de verdadera igualdad. De hecho, aún hoy día hay quien sostiene esa barbaridad, por desgracia, desde algunas corrientes de la Economía Feminista. Discursos anti-maternales en el feminismo teórico y práctico los han habido desde siempre y también hoy día existen. El discurso práctico pasa en la actualidad, por ejemplo, por poner una asamblea a las 8 y media de la noche un día entresemana, hora en la que las criaturas están ya cenando y acostándose, impidiendo así a las madres poder asistir a dicha asamblea. Pasa por no habilitar los espacios donde estas asambleas se celebran de manera que nuestros/as hijos/as puedan, no solo acudir, sino también participar en la creación del feminismo. Pasa por no aceptar el cambio de una actividad programada porque el bebé de una compañera tiene fiebre y necesita de sus cuidados. Pasa por decirte que dejes el/la niño/a con tu pareja, aunque sepan que no es lo que tú deseas, y alegando que entonces ya no eres tan feminista (los discursos de la igualdad de los 40… qué aburrimiento). Yo he vivido y vivo a diario todas esas situaciones discriminatorias dentro del feminismo que vienen a crear y remarcar un discurso anti-maternal así que, por favor, que nadie venga a decirme que no existen, porque están ahí tanto en el plano teórico como en el práctico.

¿No te gustan los biberones? No los uses.
¿No te gusta dar la teta? No la des.
¿No te gusta la prostitución? No te prostituyas.
¿No te gusta el hijab? No te lo pongas.
¿No te gustan los tacones? Ve en chanclas. 
¿No quieres parir en hospital? Da a luz en tu casa.
¿No quieres parir en tu casa? Da a luz en el hospital, en la orilla de un río o en lo alto de un pino, donde te salga del coño (nunca mejor dicho).
¿No quieres ser madre? Aborta (si te dejan).

Pero no te hagas anti-biberones, anti-lactancia materna, anti-prostitución, anti-hijab, anti-tacones, anti-parto en hospital, anti-parto encima de un pino, anti-abortista… o anti-maternidad.

Si quieres ser anti-algo ¿Qué tal ser anti-Gallardón? Así serías anti-anti- aborto y dos signos negativos dan positivo. Seamos anti-patriarcado, anti-machismo, anti-represores, anti-banqueros. Pero no nos convirtamos en anti-libres opciones de nuestras congéneres. El enemigo es otro.

Los biberones, la lactancia materna, el hijab, los tacones, la maternidad, etc. sin duda han sido imposiciones del patriarcado en uno u otro momento de nuestra historia y aún hoy lo siguen siendo en según qué situaciones. Pero lo que nos debe molestar no son los hechos impuestos sino la imposición en sí ¿tan difícil es de entender? La generación de mi abuela luchó mucho por poder viajar en moto usando pantalón y yendo con las piernas abiertas ¿Significa eso que yo ahora tengo que ir en moto a todos lados y que debo hacerme anti-autobús?

Además, creo que es fundamental que nos cuidemos unas a otras y el lenguaje es una forma de hacerlo. Si nos declaramos, tal y como propone Gimeno en sus artículos, “en contra de la lactancia materna” o “anti-madre” estamos declarándonos en contra de la libre elección que muchas mujeres han tomado y podemos herirlas. Usemos el lenguaje con cuidado y digamos cosas como “soy anti-maternidad romántica” o bien “soy anti-maternidad impuesta” o “anti-maternidad judeocristiana” pero no “anti-maternidad”. Me parece que ese uso del lenguaje obedece a una  provocación absurda que no nos lleva más que a la división. De hecho la propia  Gimeno reconoce en su artículo titulado “Estoy en contra de la lactancia materna” que pretende provocar a las lectoras con dicho título. Yo creo que más que una provocación es una frase que hiere a compañeras, nada más, y de hecho no hay más que ver la que se ha generado en las redes. 
Si queremos ser provocadoras digamos cosas como que la maternidad en este país es un sistema legal de esclavitud y que las madres y cuidadoras queremos cotizar y cobrar porque nuestro esfuerzo constituye, por ejemplo en Andalucía,  mucho más del 30% del PIB. Eso es maternidad subversiva, no decir que somos anti-opciones libres de las demás mujeres. 

En cualquier caso a mí me entristece sobremanera ver que las mujeres, a raíz de la simple lectura de un artículo, saquen sus garras y empleen toda su saña unas contra otras, en lugar de enfocar esa energía tan potente con quien realmente nos oprime.

Muchas estamos ya cansadas de estas divisiones tan simplonas: putas/santas, lactancia materna/biberón, parto en casa/parto en hospital, top-less/hijab… Cómo me aburren estos binomios, sin matices, ni colores, ni medias tintas, tan propios, por otro lado, del patriarcado. 

Y si me apuras ¿Qué tal si en lugar de declararnos anti-cosas no nos declaramos pro-cosas? 

Ivanadas: mientras cenamos


-Mamá ¿Tú eres de izquierdas o de derechas?
-De izquierdas.
-¿De izquierdas?… ¿En serio?… no pensaba que tú… pero ¿Eso entonces eso de qué depende?
-No sé, hijo, depende de cosas como tus sentimientos, tus ideas, es cuestión de con qué te identificas más.
-Ah, pues yo soy de derechas.
Casi me da un soponcio. Respiro hondo y me repito eso de aceptar a lxs hijxs como son y tal…
-¿Ah, sí? De derechas ¿Eh?… ¿Y eso… cariño?
-Sí, sí, de derechas del todo, mamá: para escribir, para comer… todo con la derecha.
-Ah, bueno, te refieres a eso – qué alivio.
-Claro, mamá, a qué me voy a referir… uff… mami, me duele aquí, en el sobaco de la pierna – y se toca detrás de la rodilla.
-Eso es por haber estado tanto tiempo agachado jugando a los playmobiles.
-Pues eso va a ser.
-Te voy a echar de menos.
-Yo también a ti, mamá, pero ¿Sabes qué creo? Que en realidad está muy bien que de vez en cuando te vayas de viaje, así hacemos planes diferentes. Me gusta mucho estar contigo pero también me gusta que cantes y hagas cosas bonitas.
-Pues tienes razón y son solo  cinco días.
-Sí, y además me vas a traer un regalo ¿no? vamos digo yo…

Ivanadas: llega el/la hermanitx


Sale del cole corriendo como un rayo hacia nosotrxs:
-¿Qué han dicho?
David y yo guardamos unos segundos de silencio, para mantener la tensión de la sorpresa y luego, tal y como lo habíamos ensayado minutos antes, decimos a coro:
-Han dicho… ¡Que sí!
-¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!
Nos vamos a un restaurante para celebrarlo y mientras comemos le explicamos:
-Cuando llegue a casa no puedes llamarle hermano o hermana, tienes que esperar a que decida él o ella qué quiere que seamos en su vida. De hecho a lo mejor no nos llama papá ni mamá.
-Mamá, no te preocupes más por eso, me llamará Iván y yo… pues por su nombre.
Sonrío aliviada:
-¡Qué sabio eres!
-¿Por qué?
-Porque lo sabes todo.
-No te creas, tengo que ponerme a estudiar sobre Egipto, ese tema lo llevo regular.