Dios, si me rezas, te perdono

Con el tiempo, me he ido convirtiendo en un pulpo, en un ser emocionalmente deformado, con múltiples brazos, cada uno de ellos agarrado a una parte del mundo diferente. Me he empeñado en estirarme como un chicle gigante, resignada ya a la idea de que el núcleo de mi cuerpo, donde reside el corazón latiente (sangrante), nunca se multiplicará. Te echaré de menos suena siempre extraño en la boca de quién me despide en la puerta del aeropuerto, cada vez es diferente, nunca me resulta predecible, a pesar de lo cotidiano. Y es que al ser yo la que se aleja, soy yo la que más echa de menos.

Iván hoy es un puerto pero me doy cuenta de que algún día tendré que inventarme el mayor de mis brazos para acariciarlo en las noches en las que ya no duerma a mi lado. Cuánta vida le espera, cuántos amores, cuántas temperaturas diferentes, cuántos brazos que lo agarrarán fuerte. Su mundo es hoy literal y limpio, nuevo y tranquilo. Mi abuela en cambio se aleja y el brazo que un día le construí resulta tan corto como inútil para aliviar su sufrimiento. Esto me agota. No me resigno. Y odio que el acariciarle la frente no sirva absolutamente de nada.

La vida es una verdadera imbecilidad. No sé a quien se le ocurriría todo este circo. Pero la llenamos de petardos y fuegos artificiales cada 19 de marzo y de azahares cada abril y de películas bellísimas cada noche de miércoles… todo por inventárnosla placentera. Pero en realidad es rarita, y mucho. Aún así quiero tener, al menos, tres hijos más, todos con David. Se ve que en el fondo no debo estar tan cabreada con dios.

Reflexiones matutinas sobre la elegancia, tras una noche de insomnio después de un problema laboral en la sala de fiestas donde trabajo

Es de verdad elegante. Elige sus vestidos con buen gusto, su peinado es sencillo pero chic, bien pensado y bien sentido. Se ven pocas mujeres así, soy hija de pintor, valoro y reconozco las cosas que han sido estudiadas con criterio antes de exponerse. Además siempre habla en un tono suave, con una sonrisa calma y sin gesticular por eso parece que tiene razón diga lo que diga. Pero no la tiene y lo peor es que ella cree que sí. Habla de su marido con mucha admiración y respeto. Además a veces parece que le resulta desagradable hablar de cosas tan vulgares como el dinero. Cuando me planto delante y le esputo las cuatro verdades que le tengo que soltar casi semanalmente sobre su respetable esposo, sobre el dinero que nos debe a toda la plantilla de artistas, sobre las condiciones de inseguridad en los camerinos (calefactor de gas, ausencia de extintores y salida de seguridad incluidos) y sobre la falta de contratos y de vergüenza no siempre puedo estar a su altura en cuanto a las formas se refiere. Mi dialéctica la acorrala, eso sí, incluso en francés, y es entonces cuando me dice eso de: Ah, no sé, eso no es de mi competencia, debes hablar con el responsable del asunto. También dice cosas como: La mujer de la limpieza duerme en los sillones del restaurante y trabaja sin contrato por 200 € al mes porque quiere, al fin y al cabo le estamos haciendo un favor, no necesitamos de sus servicios.

Pero ayer se alteró, cuando me negué a salir a cantar si no me pagaban lo que me debían. Le dije que se calmara, que me hablase con educación y ella respondió respirando (suspirando) que no debía preocuparme, que ella era una persona muy educada. Señora, le dije, brazos en jarra y con el regusto de trianera cañí saliéndome por los poros, jugar con el dinero de las familias de sus empleados no es una señal de mucha educación. Al fin y al cabo mi elegancia reside en otras cosas, yo soy más de boa de plumas, ella de traje de chaqueta blanco.

Esta mujer me despista porque cree en lo que dice. Mira a los ojos y defiende su postura con tanta clase y convencimiento que a veces me da pena estar viéndola desde la otra orilla. Me gustaría poder ser amiga suya, me gusta la gente valiente. Pero vive en la Palmeraie que es la isla de los ricos, allí no llega la verdad. Y yo no tuve el valor de incluir en la lista de injusticias que le enumeré anoche aquel caso de acoso a la chica de marketing a la que su marido le pagó 3000 € para que no lo denunciase. Es sólo una mujer enamorada, rica, ciega. Y elegante.

Cosas del azar

Cuando todo va como la seda me pongo nerviosa. Y es que los años me han enseñado que por más que lo parezca mi vida no me pertenece, o al menos la tengo en propiedad compartida al 50% con eso que llaman azar, por eso no me extrañaría nada que de pronto todo diese un giro de 180º y me encontrase, nuevamente, patas arriba.

Tomo aire, cierro los ojos y me digo disfrútalo mientras dure: unos proyectos profesionales preciosos (de los de quedarse un ratito despierta por la noche para soñarlos y diseñarlos), algún que otro bolo con mi banda de jazz, el curro en la sala de fiesta bajo control (que expresión embustera donde las haya) y Marruecos que cada día es más mi casa. Le estoy pillando en truco a este país y eso es lo que realmente no termino de creerme. Me está calando dentro y me está modificando y mientras yo también dejo mi huella en él. Y os prometo que Marruecos es tela marinera, no hablamos de Bélgica ni Suecia ni nada por el estilo, aquí la vida es vida o muerte.

… e Iván ya empieza a hablar, en cinco idiomas. Criatura ¿Un día me odiará por ello? Y también empieza a cantar. Lo balanceo en su columpio mientras le lanzo melodías cortas que él repite con un oído tan extraordinariamente fino que parece que lleva todas las papeletas de hacerle la competencia al de su tía Irene, la cual puede presumir de por vida de proezas tales como la de aprenderse un concierto sinfónico de memoria habiéndolo escuchado una sola vez cuando contaba con sólo 10 añitos. Dios da pan a quienes se dedican a la venta de productos farmacéuticos. La menda nació con una oreja enfrente de la otra y sólo tras muchos años de estudio hoy puede cantar afinada. Cosas del azar.