No me llames camarada

Compañero, no me digas que espere, hoy estoy oscura, dentro de dos semanas te lo aguanto, hoy no me lo digas. Gamonal se parte la boca, los dientes, todo. Compañero, no me llames camarada, no lo somos. Si no pasaste por un subidón hormonal, no sabes de lo que estoy hablando. Es cuando un olor que percibiste en la mañana vuelve y una y otra vez durante el día, es cuando puedes adivinar cosas, es cuando estás rodeada de sombras, cuando quemarías, verbo intransitivo. Es cuando te das cuenta de que no hay solución a nada o cuando esa intuición es tan fuerte que el tiempo juega en tu contra, porque el tiempo no es recto ni curvo, es presente, puro presente.
No vamos a abortar, nos lo van impedir, porque somos tan necias que no conseguimos entender que las putas, las madres, las santas, las maestras, las viudas, las ministras, las amigas, las cínicas, las torpes, las ricas, las viajeras, las sonrientes, las guapas, las repudiadas, las cojas, las negras, las bolleras, las demacradas, las cansadas, las rectas, las premenstruales, las amorosas, las desnudas, las tercas, las inmigrantes, las modernas, las atracadoras de banco, las millonarias, las desobedientes, las que saben hacer felaciones…
…las solidarias, las que se arrancaron la nariz, las pelirrojas, las que juegan al bingo, las gordas, las jubiladas, las gitanas, las jefas, las rojas, yo misma… y tantas otras, formamos una sola clase social: la clase social que no aborta, la que cobra menos, la que renuncia a cosas, la que se adapta al mundo, la que es perseguida por las calles, la que es acosada sexualmente, la clase social que es asesinada por la otra clase social.
Nos lo creímos, nos dividieron. Nos lo creímos. Y en esta semana negra del mes es cuando lo veo claro: nunca estaremos unidas, nunca jamás, nunca más, ganaron ellos. Nunca habrá un Gamonal abortista porque no somos un barrio obrero, no nos une nada, no nos une un sueldo, no nos une un color de piel, ni un equipo de fútbol, ni una ideología política, no nos une nada, ni si quiera un coño. Solo nos une la imposibilidad de vivir en un mundo a nuestra medida.
Compañera, no me llames camarada, hoy estoy oscura. Tú y yo no somos camaradas y, mucho menos, hermanas.
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