


(Para ver más fotografías de las revolucionarias egipcias pulsa aquí)
Miro las fotografías de la revolución en Egipto que circulan en la red y no puedo evitar soñar. Con un mundo mejor, con el Marruecos que permaneció en lo más profundo de mi esperanza cuando por las mañanas atravesaba la trastienda de la Medina de Marrakech en busca del orfanato, lejos de los turistas, de los campos de golf y de las piscinas, allí donde la pobreza lo anega todo. Algo se me despertó durante esos trayectos en coche, mirando por la ventanilla descubrí un rincón recóndito en mis vísceras y en mi mente donde me supe por fin viva. No puedes cambiar esa sensación por nada, es sólo que si te descuidas, te mata.
Las fotografías de la revolución en Egipto me hacen cerrar los ojos del consciente y soñar con un Marruecos diferente. Juego a imaginarme que esas personas son mis vecinos/as, mis compañeros/as de trabajo, los habitantes de un Marrakech asustado y dominado en la realidad, pero libre en mi cabeza. No me cuesta casi esfuerzo porque las fotos de Egipto están repletas de las mismas miradas, las mismas pieles, los mismos hijabs, las misma furia, la misma vida que presencié Daoudiate. Cambia sólo la dirección de todo.
Marruecos reposa en un incansable letargo repleto de pesadillas y Mohamed VI no es Mubarak, no lo es por la gracia de Dios.