Nos parece fatal que una mujer con dificultades económicas alquile su vientre pero no nos parece mal que una clínica de fertilidad (dirigidas casi todas por hombres ricos) comercialice el nacimiento de seres humanos poniendo fotos de bebé de reclamo publicitario como si de muñecos se tratase.
Nos parece fatal que una mujer decida, comercialice y obtenga beneficios de sus capacidades físicas pero nos parece muy normal el maltrato del cuerpo de las mujeres que se llevan a cabo en las clínicas de fertilidad con tratamientos tan agresivos como innecesarios (casi siempre) e inútiles (muchísimas veces) que nos cuestan la salud y un capital que no tenemos.
Nos inflan a hormonas para reducir gastos a las clínicas públicas y privadas evitando «intentos» en lugar de ayudar a las mujeres a concebir de forma respetuosa, con paciencia y tiempo, desde los laboratorios, tratándonos, ahí sí, como a verdaderas vasijas a golpe de Visa pero si en todo ese proceso es la mujer la que cobra, en vez de la que paga, todo nos parece erróneo.
Y por último: controlamos la maternidad subrogada, la adopción, la acogida «por el bien del bebé» y sostenemos unas maternidades/paternidades biológicas agresivas y pederastas sin control alguno.
Así nos va.
A algunos sectores del feminismo les parecen mal las dos cosas pero desde ningún sector del feminismo se reivindica una legislación en contra de la violencia en las clínicas de fertilidad y sí en cuanto a los vientres de alquiler. Es igual que con el matrimonio y la prostitución, cuando ambas cosas se comparan se suele decir:»yo estoy en contra de las dos» pero no he visto jamás abolicionistas del matrimonio a pesar de todas las violencias que vivimos las mujeres casadas (económicas, sexuales, psicológicas, físicas, emocionales, obstétricas…).
Por cada acción que hagáis en contra de los vientres de alquiler, haced una contra la violencia de las clínicas si queréis ser coherentes, si no vamos a pensar que es una cuestión clasista.
Por ejemplo: mucho repartir condones entre las putas y ninguno entre las amas de casa. ¿No son los mismos penes infectados los que los penetran? Pues eso, más abolicionistas del matrimonio en la puerta de los colegios quiero ver y menos «las dos cosas me parecen mal».



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